coinbase activismo social

Coinbase lo tiene claro: el activismo social distrae de ganar dinero. Hace un par de semanas, más de 60 empleados de la firma dejaron la compañía, después de que esta anunciase que no participaría en acciones vinculadas con lo que denomina activismo social. El argumento es que el activismo social distrae de ganar dinero. Son numerosas las reflexiones que concita la noticia y muchas de sus consecuencias están aún por digerir.

Aun cuando el anuncio de la compañía se hiciese a través de un post del blog de su CEO, Brian Armstrong, no deja de ser una posición corporativa. Llamo previamente la atención sobre la convergencia de dos fenómenos que se están produciendo en el marco de la comunicación de las empresas. Por un lado, la prohibición a los empleados de pronunciamientos públicos de la propia opinión e ideología. Incluso cuando se trata de sus cuentas personales en redes sociales. Es lo que ha ocurrido en la BBC. El argumento de Tim Davie, su director general, es que así se preserva la neutralidad de la corporación pública. La prohibición se extiende incluso a sus colaboradores freelance. No hace falta recordar a que se dedica esta empresa: la comunicación.

La comunicación la hacen los CEOs

Por otro lado, el uso de los blogs o incluso las cuentas de redes personales de los máximos directivos de las empresas para comunicar las estrategias empresariales. La comunicación empresarial aparece condensada en las manifestaciones de sus CEOs a través de los canales digitales propios.

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La empresa tiende a aparecer así fuertemente personalizada. Lejos de ser un proyecto colectivo, se convierte en la concreción de un proyecto personal. Lo que antes era característica exclusiva de la cultura emprendedora de Silicon Valley, con la identificación de proyecto empresarial y nombre de fundador, se ha extendido a toda la cultura empresarial. Personalización de la misma, aun cuando se concrete en nombres que están muy lejos de sus puntos fundacionales. A partir de aquí, la empresa se comunica con el mundo, incluidos sus empleados, a través de las redes de comunicación personales de sus directores generales.

El límite ideológico de la RSC

Más allá de la forma de comunicación, el contenido. El mensaje de Armstrong separa claramente lo que es activismo social, de lo que son acciones dentro de la responsabilidad social corporativa (RSC). El activismo social es el límite de la RSC, pues esta tiene como frontera aquello que pueda impregnar ideológicamente a la imagen de la empresa. Como si se pudieran llevar acabo proyectos sociales sin ideología. Es el límite ideológico de la RSC. En el caso de Coinbase, el límite ha sido la campaña Black Lives Matter.

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En un principio, Armstrong escuchó las denuncias de invisibilidad por parte de la empresa de sus empleados de color. Anunción medidas de atención a la diversidad e inclusión. Pero el tono cambió con el paso de las semanas. A partir de entonces, Coinbase reforzó el control sobre las comunicaciones de los empleados. Hasta que llegó el post de referencia, subrayando que la cultura de Coinbase es apolítica y que no está dispuesta a contemplar actividades no relacionadas directamente con el objetivo de ganar dinero.

Una IPO para 2021

Estamos hablando de Coinbase. El exchange más grande de Estados Unidos. Una de las empresas que han legitimado el ecosistema cripto. Un nombre propio que ha hecho ver al mundo económico y financiero que lo cripto es de su mundo, que no es otro mundo. Es en tal estrategia que ha de entenderse el anuncio de Armstrong. Una manifestación dirigida a los oídos de los grandes inversores, que tienden a ser políticamente conservadores. Incluidos los “venture capitalists”. En especial, cuando convergen unas elecciones presidenciales y el rumor de que Coinbase está considerando una IPO para 2021.

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En tal estrategia de limpieza y legitimación del mundo cripto hay que entender el pronunciamiento del CEO de Coinbase en contra del activismo social. Se trata de un paso más desde la implicación social y política del origen del ecosistema cripto hacia las formas de Wall Street o el centenario FT. Un toque en la puerta del cosmopolita, exclusivo y, por supuesto, distinguido mundo de las grandes finanzas globales.

Ecosistema cripto y fuerte implicación social

Quienes nos han narrado la historia de la gestación del ecosistema cripto (Casey, Vigna, Russo), nos han contado escenarios de fuerte implicación social. Ideales anarquistas, comunidades libertarias, comunas hackers, etc. Lo raro era entrar en tal ecosistema manifestando que el único objetivo era hacerse rico. Figuras como la de Joshua Schechter, pionero bitconero en la Bahía de San Francisco, eran la excepción. Expresamente dijo: “No soy un anarquista o libertario. Soy un capitalista” (referido por Paul Vigna y Michael Casey en The Age of Cryptocurrency, p.174). Tal vez muchos otros lo pensaron; pero se lo callaron.

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Los pronunciamientos más habituales iban en clave de “cambio de civilización”, como hace Don Tapscott, cuando se sitúa como testigo del parto de Ethereum por parte de ConsenSys el 30 de julio de 2015. Parecía que venía otra cosa que iba cambiar la sociedad de raíz. Y estas cosas dan mucho miedo al capital, que tiende a ser muy conservador. No obstante, la celebración del segundo aniversario de ese parto ya concentró una alta densidad de ambiciones por hacerse rico en una azotea de Manhattan.

Qué pasó con el discurso de la descentralización?

En su origen, el mundo cripto y blockchain estaba –y, en cierta forma, aún lo está- lleno de pronunciamientos ideológicos. Especialmente condensados en el concepto de descentralización. Aparece como el ariete contra la centralización de los Google, Amazon, Facebook, Microsoft y Appel. Pero Armostrong ha hablado claro: el objetivo de la empresa es ganar dinero. Todo lo demás es distracción. El que no quiera, que se vaya. Incluso ha incentivado la salida de los que se mantienen en la idea de que las criptomonedas es más que dinero. Al menos, sesenta han decidido salir. No son muchos, si se tiene en cuenta que son más de mil el total de empleados de la empresa. Un número tal vez poco significativo, aun cuando dejar una empresa en plena crisis económica del Covid-19 es para pensárselo. Incluso en Estados Unidos.

Lo significativo es el cambio de actitud de Coinbase respecto al activismo social. Desde tal perspectiva, tal vez esta empresa siga reflejando como ninguna otra la industria cripto, su evolución y sus cambios.

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), especializado en la observación empírica de los comportamientos de consumo y de la recepción mediática. También licenciaturas en Periodismo y Derecho

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