euro digital

Diecinueve años después de la irrupción del euro, Fabio Panetta acaba de anunciar en el blog del BCE la puesta en marcha de un euro digital. Panetta, miembro ejecutivo del banco central europeo, dice que «el BCE ha decidido lanzar formalmente un proyecto para hacer posible un euro digital».

El BCE indica que el objetivo es «estar preparados, al final de estos dos años, para empezar a desarrollar un euro digital, lo que podría llevar unos tres años». Es decir, el euro digital estaría listo para 2024. La noticia se produce en un contexto global muy diferente a cuando se implementó el euro. Lo hace en medio de una profunda crisis derivada de la pandemia del coronavirus. Y con una sociedad y una economía totalmente globalizadas, fruto de un paradigma tecnológico insospechado hace 20 años. Principalmente, por la aparición de Bitcoin hace doce años. La primera moneda descentralizada que funciona con tecnología Blockchain.

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La siguiente fase del euro digital aprobada hoy, con una duración prevista de dos años, plantea grandes incógnitas. La primera, la del tiempo. Dos años en un contexto de aceleración tecnológica se antoja una eternidad. Conviene recordar que, en los nueve meses transcurridos desde que se anunció la consulta pública del euro digital, hasta ahora han sucedido grandes acontecimientos para la historia del dinero. Por ejemplo, la adopción de la tecnología de las criptomonedas por parte de grandes compañías financieras y bancos.

Es el caso de BBVA, Société Générale, Visa, Mastercard o eBay. O los grandes avances en torno al yuan digital, cuyo lanzamiento  está previsto para febrero del año que viene. China lleva más de un año probando su CBDC (moneda digital de banco central) en diferentes escenarios de la vida cotidiana de sus ciudadanos. Han llegado a acuerdos con empresas y en más de 3.000 cajeros automáticos de Pekín, y ya es posible extraer efectivo convertido automáticamente de la cantidad de yuan digital que tiene cada usuario. O pagar los billetes de metro.

Grandes incógnitas

A todas estas incógnitas hay que sumar la de los usuarios, las de los bancos comerciales y las surgidas en el entorno de la industria de las criptomonedas. Los usuarios están preocupados, sobre todo, por la privacidad de sus datos. A los bancos les preocupa que su papel de intermediarios frente a los bancos centrales quede en el aíre, al no resultar imprescindibles. Y a la industria de las criptomonedas, la colisión que pueda establecerse entre las monedas estables privadas y las CBDC.

Respecto a la competencia que pueda establecerse entre el yuan digital  y el euro digital, está relativamente claro que la competitividad geopolítica supondrá una presión adicional en la carrera por liderar las innovaciones monetarias y financieras. Una carrera en la que, como hemos dicho, China parece haber tomado la delantera; pero en la que tampoco está sola. En Suecia, ya han lanzado el proyecto piloto de su CBDC: e-krona; en Inglaterra, el gobierno británico ha creado un grupo de trabajo para la creación de una CBDC; la Fed de Estados Unidos ha insistido en que deben estar a la cabeza de una CBDC si quieren reforzar el dólar como moneda de reserva mundial. En otros lugares, como Bahamas, la CBDC es ya una realidad.

El ejemplo del yuan digital

Para Charles Larkin, profesor adjunto del Master de Seguridad Global en la Universidad John Hopkins, el euro digital no es más que una respuesta al progreso del Banco Popular de China y su yuan digital. «Espero que el BCE aprenda de la implementación y también tenga en cuenta las características del yuan digital en términos de privacidad y control por parte de las autoridades monetarias», ha dicho Larkin a Observatorio Blockchain.

A las dimensiones relacionadas con su uso práctico, hay que añadir el potente triángulo que se establece entre dominio financiero, innovación y geopolítico. Un triángulo que se ha convertido en una especie de máquina aceleradora de decisiones. Joan Tugores, catedrático de Economía en la Universidad de Barcelona, ha indicado a este diario que las pugnas geopolíticas asociadas a la pluralidad de monedas se ven acentuadas cuando las potencias en ascenso tratan de superar a las tradicionales liderando las innovaciones.

El Viejo Continente

«China parece tener claro que lanzar su moneda digital de forma amplia, tras las experiencias en marcha a cierta escala ya importante, es una herramienta más en su estrategia para adquirir posiciones de liderazgo en segmentos cada vez más amplios, en su línea de relevo en la hegemonía global. Esta presión obliga a las potencias occidentales a acelerar sus planes, en especial, los de lanzar el euro digital con mayor premura de lo inicialmente planteado. Los europeos estamos preocupados, con razón, de que el Viejo Continente siga quedando en una posición rezagada ante la pugna por la “champions league” entre Estados Unidos y China.  Por ello, la UE debe potenciar al máximo el lanzamiento de un euro digital que permita que Europa – y los valores que representa – aspire a un papel de protagonismo en la esfera global» señala Tugores.

La Reserva Federal

Alberto Muñoz Cabanes, profesor de Economía Aplicada y Vicedecano de estudiantes de la UNED, equipara el lanzamiento de monedas digitales por parte de los bancos centrales con «una especie de carrera armamentística». El lanzamiento del yuan digital, previsto oficialmente para los Juegos de Invierno de febrero de 2022, supondrá un punto de inflexión en el que el resto de países tendrán que pisar el acelerador si quieren seguir el ritmo de China, dice.

«Debemos tener en cuenta que el uso de una moneda digital nacional puede reducir notablemente los tiempos y los costes de los pagos al exterior, algo que sin duda resulta vital para un país como China, donde las exportaciones de bienes y servicios representa casi el 20% del PIB», señala Muñoz

Para Muñoz Cabanes, «lo ideal sería que para 2023-2024 el euro digital estuviese ya funcionando, al menos en una prueba piloto, pero mucho me temo que muy probablemente la Reserva Federal sea el siguiente en emitir su moneda digital. Aparte, debemos recordar que el lanzamiento del euro digital requerirá el consenso de los países de la Eurozona, algo que puede dilatar bastante los trámites».

De Maastricht al euro digital

El Consejo Europeo de Maastricht aprobó en diciembre de 1991 el nuevo Tratado de la Unión Europea que incluía las disposiciones necesarias para aplicar la unión monetaria. Casi un decenio después, el 1 de enero de 1999, se introdujo el euro. Durante sus primeros años de vida, su uso se limitó a efectos contables y pagos electrónicos, y no fue hasta el 1 de enero de 2002 cuando las monedas y los billetes se pusieron en circulación. Tal como indica Joan Tugores, el dinero ha ido cambiando a lo largo de la historia. A medida que lo han hecho las sociedades y la tecnología.

Igual que sucedió en Maastricht con la puesta en marcha del euro, el euro digital  también supone la incursión en un nuevo sistema de relaciones políticas y económicas. Por ello, su lanzamiento está rodeado de incertidumbres. De alguna manera, son las incertidumbres las que están pulsando el freno, en lo que, por otro lado, parece una acelerada carrera. Hay que tener en cuenta que aún se desconocen los perfiles y rasgos que tomará este euro digital en su nacimiento. Decisiones en las que Europa no puede equivocarse, si quiere seguir siendo un actor global de referencia. En Observatorio Blockchain hemos intentado ofrecer algunas respuestas a las tres partes clave de este anuncio histórico:  bancos comerciales, industria cripto y usuarios.

Bancos comerciales

A lo largo de la reciente historia, los bancos comerciales han sido los intermediarios financieros clásicos entre los bancos centrales y los ciudadanos. Sin embargo, con la eminente irrupción del euro digital se enfrentan a una nueva alternativa de pago, en la que pueden no resultar imprescindibles. A pesar de que desde el BCE aseguran que el euro digital no desplazará a los bancos comerciales, la adopción de esta nueva forma de dinero podría afectar a la intermediación financiera de diversas formas. Algunos presidentes de bancos comerciales, como es el caso de Ana Botín, presidenta del banco español Santander, ya ha expresado su deseo de formar parte del proceso. Una opción estratégica que puede interpretarse como preferencia por ponerse en el grupo de cabeza del mismo, que ser arrastrada por las potenciales decisiones de otros.

Condiciones atractivas

Según una encuesta lanzada por el BCE entre ciudadanos, empresarios y banqueros, más de dos tercios de los participantes reclaman que el euro digital debe integrarse en los sistemas bancarios y de pago existentes. Tal como indica Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, el euro digital podría ser un claro competidor en la intermediación financiera, dominada actualmente por los bancos comerciales. Esta nueva forma de dinero digital podría reducir los ingresos que los bancos obtienen a través de las diferentes formas de pago que ofrecen y la información de los clientes. Además, si las condiciones del euro digital son muy atractivas, los ciudadanos podrían comenzar a transferir sus depósitos de los bancos comerciales a los bancos centrales.

Problemas para los bancos comerciales

Esto último es especialmente relevante, ya que podría conducir a una financiación menos estable de las entidades financieras comerciales y más costosa, provocando una menor rentabilidad bancaria y una reducción de los préstamos. A su vez, esto conlleva una limitación en los canales para la financiación de la economía real. En todo caso, parece difícil pensar, al menos en el medio plazo, que los bancos centrales del euro digital puedan gestionar directamente los préstamos a empresas y ciudadanos. Ahora bien, los ciudadanos podrían verse enormemente atraídos por los bancos centrales por su imagen de seguridad y garantía.

En esta línea, Alberto Muñoz Cabanes, precisa que esta situación es sobre todo probable si se instrumenta el euro digital a través de una wallet (criptocartera). Si el almacenamiento del euro digital es remunerado de alguna manera por mantenerlo en la wallet, podría desplazar a los bancos comerciales en la captación de depósitos, asegura el profesor de la UNED. “Sobre todo, teniendo en cuenta que el banco central ofrecerá una mayor garantía de protección de los mismos, especialmente en tiempos de crisis”.

Posibles soluciones

Para evitar que los bancos sean desplazados, el BCE está estudiando dos alternativas. La primera sería poner un límite a la cantidad de euros digitales que pueden disponer los usuarios individuales. Por ejemplo, se podría poner un límite de 3.000€ y el dinero en exceso tendría que transferirse a una cuenta bancaria. Otra alternativa es que no haya límite, pero que, más allá de cierto umbral, se establezca un desincentivo financiero. Esto implicaría que hasta 3.000€, los euros digitales recibirían el mismo trato que el dinero en efectivo. Sin embargo, al pasar de esa cantidad se aplicaría un desincentivo financiero que desalentaría sobrepasar el saldo favorable en la cuenta del banco central.

El principal fin de estas dos medidas es evitar que las personas puedan transferir todos sus depósitos de cuentas bancarias a euros digitales. Una cuestión que podría desestabilizar el sistema financiero y precipitar una crisis bancaria que nadie desea.

Responsabilidades del Banco Central

Por otro lado, Panetta reconoce la posibilidad de que el BCE maneje las cuentas de ciudadanos individuales. Sin embargo, tal opción parece improbable, ya que actualmente hay más de dos millones de empleados bancarios en Europa que tratan con 400 millones de clientes. Por tanto, es casi imposible que un número limitado de empleados del banco central puedan hacer frente a esto. A pesar de que muchos procesos puedan automatizarse, la gestión que tal volumen de usuarios implica sigue siendo un fuerte motivo para la prudencia institucional en esta decisión. Además, tal como reconoce el miembro del Comité Ejecutivo del BCE, no se quiere utilizar el euro digital para cambiar la estructura del sistema financiero. De hecho, la idea es entregar el euro digital a los bancos para que presten los servicios que prestan actualmente, e incorporar el euro digital a esos servicios.

Necesidad de entendimiento

En esta línea, François Villeroy, Gobernador del Banco Central de Francia, ha señalado que el euro digital se hará con los bancos. “No contra ellos, ni a pesar de ellos”. Villeroy va más allá y afirma que en el mundo digital es probable que el euro digital preserve la complementariedad entre el dinero del banco central y el dinero de los bancos comerciales. De lo contrario, dice, los bancos comerciales se enfrentarán a una difícil competencia por parte de las BigTechs y sus monedas estables privadas.

De esta manera, el marco institucional en el que el euro digital da sus primeros pasos no parece proclive a desplazar a los bancos. Mas bien se plantea como un bien público proporcionado por el banco central para fomentar la innovación, el progreso y la eficiencia en el sistema bancario. Es decir, el euro digital parece inicialmente concebido más como una renovación hacia herramientas más eficaces, que como un dispositivo que tenga por horizonte revolucionar el conjunto del sistema financiero.

Usuarios y privacidad

La privacidad es la cualidad más valorada del euro digital, tanto por el público, como por los profesionales, según el Banco Central Europeo (BCE). Un 43% de las 8.200 respuestas recibidas en la consulta del BCE sobre un euro digital apuntan la privacidad como principal cualidad. Sin embargo, la búsqueda de la privacidad presenta un enorme desafío: encontrar el equilibrio entre privacidad y auditabilidad. El euro digital debe diseñarse de tal forma que preserve la confidencialidad de los usuarios; pero que, al mismo tiempo, cumpla con las normas fundamentales destinadas a protegernos del blanqueo de capitales y la financiación de actividades ilícitas.

Privacidad del euro digital

Tal como señala a Observatorio Blockchain Joan Tugores, un aspecto tradicional en los debates históricos es la preservación de los derechos individuales, incluida la intimidad y la privacidad, frente a los aspectos de registro y control de las transacciones. Según indica Tugores, “las posibilidades y riesgos de los formatos electrónicos son enormes en ambos sentidos y encontrar un equilibrio no va a ser fácil. De hecho, sería casi un sarcasmo que una de las ideas iniciales de las criptomonedas, la de dejar fuera del control de los gobiernos lo que sea dinero y su utilización, acabe dando paso a unas CBDC (monedas digitales de los bancos centrales) que, sobre todo en entornos con escaso respeto a los derechos individuales, suceda exactamente lo contrario: un gran hermano monetario, un 1984 orwelliano que tenga en el seguimiento de las transacciones una vía de control inéditamente total”.

Otras monedas

Para el profesor Muñoz Cabanes, “la privacidad deberá ser regulada de manera estricta (quizás tendría encaje en el actual RGPD: Reglamento europeo General de Protección de Datos) para que el euro digital no sea percibido de manera negativa por los ciudadanos. De lo contrario, cualquier fallo en la protección de la privacidad de las transacciones impulsará el uso de otras alternativas (Monero, stablecoins, etc.) que, a día de hoy, ofrecen a priori mejores resultados en la protección de la privacidad dada su naturaleza descentralizada”.

En esta línea, Victor García Font, profesor de Blockchain y Criptomonedas en la UOC, señala la diferencia entre anonimato y pseudo anonimato. En el caso de Bitcoin, no es totalmente anónimo, ya que cuando pagas le das la dirección de tu cartera a alguien. Sin embargo, otras criptomonedas, como Monero y Zcash. no tienen ese problema. En el caso de la criptomoneda Monero (XMR), las transacciones son totalmente privadas.

Por otro lado, la criptomoneda Zcash utiliza un sistema de confirmación de transacciones conocido como conocimiento cero (zero knowledge proof). Un proceso en el que se utilizan técnicas avanzadas de criptografía para verificar las transacciones sin conocer los detalles de la transacción.

Anonimato vs trazabilidad

Sin embargo, tal como indica el profesor García Font, es muy difícil que el euro digital siga alguno de estos dos protocolos. El profesor de la UOC señala que “lo más probable es que todas las compras y pagos queden registrados, tal como está ocurriendo ahora mismo con los pagos electrónicos con el euro tradicional”. Además, añade que es muy probable que el euro digital incorpore algún mecanismo que permita tener la trazabilidad del dinero. Es decir, un mecanismo que permita detectar si el origen de ese dinero proviene de actividades ilícitas.

Por su parte, Charles Larkin, aseguró a Observatorio Blockchain que el completo anonimato, como es el caso del uso del efectivo, tiene muchos inconvenientes. Sin embargo, hacer un euro digital que contrarreste estos inconvenientes iría en contra de muchas de las reglas de privacidad establecidas por los gobiernos nacionales y el RGPD. Para Larkin, “la realidad es que será necesario violar parte de la privacidad para garantizar que se cumplan los requisitos de prevención de lavado de dinero”.

E-krona y yuan digital

En los proyectos de CBDC avanzados, como es el caso del e-krona, los suecos, al parecer, han preferido la total trazabilidad de las transacciones para mejorar el control fiscal.

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En el caso del yuan digital, el Gobierno chino habla de un “anonimato controlable”. La autoridades chinas  prometen garantizar la máxima privacidad del usuario y la seguridad financiera junto con las medidas de prevención de blanqueo de dinero. El yuan digital contará con un sistema de protección de datos personales y un mecanismo de control interno de acuerdo con las leyes pertinentes. Mu Changchun, director del Instituto de Investigación de monedas digitales del Banco Popular de China, ha dicho al respecto que “las transacciones digitales de pequeñas cantidades serán anónimas, mientras que las grandes cantidades serán rastreables”.

Privacidad de las CBDC

El Banco Central Europeo indicaba en un comunicado que el Eurosistema ya había comenzado a explorar técnicas de mejora de la privacidad en las CBDC, incluso antes de trabajar en el euro digital. En 2019 los expertos del Eurosistema desarrollaron una prueba de concepto (PoC) para mejorar la privacidad en un sistema de pago con CBDC. Según el BCE, esta prueba demostró que es posible monitorear actividades ilícitas mientras se permite a los usuarios hacer pagos de bajo valor con intercambio limitado de información. El PoC establece una cantidad total máxima de pequeños pagos privados que cada usuario puede hacer en un período de tiempo determinado. Por tanto, esto evitaría la división de pagos grandes en varios pagos pequeños para eludir la regulación.

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Asimismo, en 2020, expertos del BCE y el Banco de Japón se asociaron para analizar técnicas que permitiesen la confidencialidad y auditabilidad de los pagos en un entorno de contabilidad distribuida. El proyecto identificó 3 técnicas que podrían ser utilizadas solas o en combinación para encontrar el equilibrio entre privacidad y auditabilidad: (i) segregar la información sobre pagos realizados y recibidos por los usuarios individuales; (ii) compartir esta información de forma oculta a través de técnicas criptográficas para evitar la interpretación de los detalles de las transacciones; (iii) crear “ruido” en los datos intercambiados para que sea muy difícil o incluso inviable vincular la información sobre las transacciones a la información de los participantes.

Mejor protegido

Desde el BCE aseguran que también están experimentando con el uso de claves públicas criptográficas únicas y cifrado de extremo a extremo, para garantizar que los operadores de pagos no puedan observar los datos de las transacciones.

Fabio Panetta, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, señalaba en una entrevista al Financial Times que, con el BCE, la privacidad estará mejor protegida que ahora. Panetta subrayaba que el BCE no es una institución privada que maximiza los beneficios, sino una institución pública que trabaja en interés de los ciudadanos. Asimismo, según Panetta, la gente se siente más segura si su información está en manos de una institución pública, que si está en manos de empresas privadas.

Por tanto, parece que el euro digital buscará el equilibrio perfecto entre privacidad y auditabilidad. En términos de privacidad, lo más probable es que el euro digital sea más similar al yuan digital que al e-krona y no emplee técnicas tan descentralizadas como las utilizadas en otras criptos como Monero o Zcash. Lo que parece claro es que es un tema clave de cara a la adopción futura del euro digital.

Stablecoins privadas y la industria cripto

La intención de los bancos centrales de poner en marcha monedas digitales se vio impulsada por el lanzamiento de stablecoins privadas por parte de empresas, con Facebook a la cabeza. Ahora, tras el anuncio del Banco Central Europeo de iniciar el camino hacia un euro digital, una de las grandes preguntas es cómo las stablecoins privadas pueden afectar al desarrollo del euro digital.

El banco central de China, por ejemplo, ya ha anunciado medidas para afrontar los riesgos que las monedas estables pueden tener sobre el sistema financiero. Fan Yifei, vicegobernador de esta entidad financiera, ha dicho que monedas estables, como Tether, se están convirtiendo en un potencial riesgo para el sistema financiero. Yifei indicó que las stablecoins de algunas organizaciones comerciales, especialmente las globales, pueden representar riesgos y desafíos para el sistema de pagos y liquidación.

Euro digital y stablecoins

Joan Tugores, señala que, aunque el problema que se plantea parece novedoso – y ciertamente desde muchos puntos de vista lo es-, hay algunas dimensiones que no son inéditas. De hecho, el problema de la convivencia de diferentes tipos de emisores ha estado presente en otras fases de transición a nuevos formatos.

Tugores precisa que “hasta la aparición de las criptomonedas privadas desafiando a las monedas tradicionales vinculadas a los poderes públicos parecía que éstas habían sido la regla. Pero históricamente no es del todo cierto. Los monopolios de emisión por parte de bancos centrales surgieron no hace tanto. Y ahora son las desafiadas autoridades monetarias las que, ante el ascenso de las criptomonedas, no quieren dejar el monopolio de la modernidad a iniciativas privadas y están reaccionando con las famosas CBDC, con iniciativas ya en marcha de forma exponencialmente acelerada”.

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Inestabilidades

El catedrático de la Universidad de Barcelona añade que la historia tiende a demostrar que las fases de convivencia entre diferentes formatos monetarios, defendidas por algunos como forma de sana competencia generadora de beneficios, a menudo derivan en inestabilidades. Tugores indica que la prevención de estas inestabilidades constituye uno de los principales retos para mantener lo que debería ser una prioridad esencial: el papel como bien público de la estabilidad y seguridad monetarias.

Las preguntas clave del euro digital a pocos días de iniciar su camino

El propio BCE reconoce que son los gigantes tecnológicos globales los que están marcando el ritmo del cambio en la provisión de servicios financieros de varias maneras. En primer lugar, estas grandes tecnológicas buscan eludir las redes de distribución tradicionales. Buscan el control a través de las redes sociales, los mercados en línea y las tecnologías móviles. Es decir, están promoviendo la adopción rápida y a gran escala de los servicios financieros que ofrecen a través de estos medios, tanto a nivel nacional como transfronterizo.

Competencia entre las stablecoins y el euro digital

Para Larkin, el euro digital es una herramienta. Una forma de dinero público que requerirá alguna adaptación para los intermediarios financieros que tradicionalmente utilizan dinero privado. «Si se utiliza el euro digital como una herramienta para expandir drásticamente la oferta de dinero, obviamente tendrá implicaciones para la inflación. No hay razón para que la definición tradicional de inflación de «demasiado dinero persiguiendo muy pocos bienes» no se aplique a las CBDC como se aplicaría en los sistemas monetarios tradicionales del pasado».

Victor Garcia Font, profesor de Blockchain y Criptomonedas en la UOC, señala que ahora mismo gracias a las criptocarteras los usuarios no necesitan instituciones centralizadas que guarden el dinero.

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La capitalización de las stablecoins

Para Alberto Muñoz Cabanes, de momento, la competencia del Euro en forma de stablecoin es marginal. El mayor proyecto es Stasis Euro, con una capitalización por debajo de los 100 millones. Muy lejos de los 62.000 millones de Tether o los 26.000 millones de USD Coin.

Muñoz apunta que “si en algún momento la competencia de este dinero privado llegara a ganar cierto peso, tendría importantes riesgos para el BCE, ya que no sería capaz de controlar al 100% su política monetaria. Lo  que podría hacer ineficaces las medidas que pudiera adoptar”. En este sentido, es importante destacar las iniciativas de algunas compañías europeas. Como es el caso de Deutsche Telekom, recientemente asociada con la plataforma blockchain Celo para lanzar la stablecoin cEUR, una moneda estable fijada en el euro.

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Grandes tecnológicas

Desde el BCE advierten que una rápida absorción de las stablecoins por parte de estas grandes tecnológicas, tanto a nivel nacional como a través de las fronteras, podría crear riesgos sistémicos e incluso poner en peligro la soberanía monetaria. Por ejemplo, en Europa, la expansión de las grandes tecnológicas a través de las stablecoins podría hacernos dependientes de tecnologías gobernadas en otros lugares.

Regulación

La propuesta legislativa de la Comisión Europea en el reglamento sobre los mercados de criptoactivos  establece una serie de mecanismos para reducir los riesgos de los consumidores y la estabilidad financiera. El mensaje es claro: hasta que la regulación no esté vigente, ninguna moneda estable debería comenzar a operar en la zona del euro.

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En el apartado regulatorio, durante los últimos meses, las autoridades competentes en la materia de todo el mundo han anunciado medidas defensivas y, en cierta forma, asfixiantes, sobre la circulación de criptomonedas. El caso de China, prohibiendo la minería y cerrando todo tipo de empresas vinculadas con los  criptoactivos, es el principal ejemplo. Pero también los reguladores de Reino Unido, Alemania, Francia o España se han mostrado mucho más severos con las compañías que prestan servicios relacionados con las criptomonedas. En este punto, Javier Callejo, catedrático de Sociología de la UNED, indica la necesidad de establecer un ejercicio de equilibrio entre el impulso a la innovación, contando con la mayor parte de los actores, y la precaución debida por toda autoridad pública.

Stablecoins y euro digital, condenadas a entenderse

Lo que parece claro es que si se desea un ecosistema financiero eficiente, radicado en la competitividad y con la seguridad suficiente para proteger a los usuarios, las stablecoins y el euro digital están condenados a entenderse. Aunque desde el BCE observan con cierto nerviosismo la amenaza de las stablecoins vinculadas a empresas privadas, de momento parece haber sitio para todos. El papel de los reguladores en la relación de todos los actores puede ser clave en el futuro del paradigma monetario europeo.

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Por Guillermo Callejo

Economista. Apasionado de las criptomonedas y sus aplicaciones financieras

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