Cuidarás a tu avatar como a ti mismoCuidarás a tu avatar como a ti mismo

Fijar nuestro avatar es una tarea que merece esfuerzo y, sobre todo, atención y reflexión. Ya sea adquiriéndolo como NFT, diseñándolo o como resultado de un regalo, el avatar nos pertenece tanto o más que nuestro coche, la vivienda en la que vivimos o el huerto donde acumulamos desvelos y alegrías. Ahora bien, como pertenencia, como patrimonio, también exige obligaciones.

La multiplicidad de personalidades en el metaverso

Dijo Seneca que mis riquezas me pertenecen y tú les perteneces. Lo matizó después Marx, concentrado la proposición como ataque a los poseedores, tal como era habitual en sus escritos. El alemán dijo que el primogénito, el heredero, pertenece a su patrimonio.

Avatar

Con respecto al avatar hay que subrayar que es nuestro patrimonio identitario en la esfera digital. Es nuestra identidad. Por lo tanto, ha de protegerse con sumo cuidado. ¿Qué pasaría si, por ejemplo, se intercambian avatares entre personas, ya sea de forma consciente o accidental, siendo secundaria esta circunstancia? Lo que haga el avatar se nos atribuye a quien se considera es su propietario, como la ruina de una casa se atribuye a la ruina de sus propietarios. Nuestra identidad personal quedaría señalada.

Las interacciones entre avatares en el Metaverso: un reto para el futuro 

El problema puede empezar a alcanzar dimensiones preocupantes cuando casi todos nos relacionemos entre sí por medio de los avatares. Cuando buena parte de nuestra vida quede condensada en la vida del avatar. Tal vez dicho con mayor propiedad, la vida del avatar constituya nuestra vida. Por ello, hay que cuidarlo, protegerlo, evitar que nos hagan copias y adjuntarle todos aquellos complementos que proyecten el estilo de vida -y estilo de ser- que, a su vez, queramos proyectar. El avatar es el mensaje. Un mensaje que, claro está, se alimenta de todos los mensajes que vayamos emitiendo.

El CV del avatar

Vamos a imaginarnos la selección de personal de un futuro no demasiado remoto. Aunque no hago el envite por un plazo muy largo, ya es un esfuerzo imaginativo ese de pensar que habrá algo parecido a selección de personal. Si no la hay, lo podemos trasladar a una situación de intercambio comercial o de servicios entre dos sujetos, partes autónomas. Si tal encuentro no se hiciera ya directamente entre avatares, por eso de la añoranza de las confrontaciones cara a cara o la mayor confianza que atávicamente nos da el mirar a los ojos de la gente, seguro que ambas partes buscarán en los respectivos avatares de la otra parte. El curriculum seguirá teniendo ese clásico sabor a ancestral latín; pero además de dar cuenta del cv de la trayectoria profesional y -por qué negarlo, personal- habrá que darlo también del cv de la trayectoria del avatar. Habrá que cuidarlo.

Las marcas están construyendo al metaconsumidor del metaverso

Se erige así un nuevo mandato: cuidarás a tu avatar como a ti mismo. Incluso, si se puede, mejor que a ti mismo. Le conducirás por los mejores espacios virtuales y le harás consumidor de los objetos digitales y marcas de mayor relieve. Eso será ser un avatar de orden y, por lo tanto, de confianza. Se hará necesario trabajar para el avatar, como se trabaja para mantener nuestro patrimonio en buen estado. Como, en los orígenes del consumo de masas, se trabajaba, agregando las horas extraordinarias que hicieran falta, para obtener la distinción a través del bien de consumo duradero adecuado: un automóvil, un frigorífico o ¡por fin! un lavaplatos, el culmen de nuestro doméstico sistema de objetos de consumos duraderos y nuestra meta de integración en la ciudadanía del consumo.

Somos avatares

Habrá que cuidar los objetos de consumo digital que ponemos alrededor de nuestro avatar. Es como cuidar de nosotros mismos. Ese cuidado de sí, que tan bellamente reivindicó el filósofo Michel Foucault. Una propuesta ética que conllevaba la de hacer de la propia vida una obra de arte. Algo que puede admitirse como uno de los núcleos de nuestra modernidad tardía, de lo que Daniel Bell describía como sociedad postindustrial, donde el consumo desempeña un papel principal. Un reto vital que parece más accesible con los avatares. Nada surge desde cero. Y, al parecer, la lógica de los avatares lleva ya medio siglo creciendo entre nosotros. Tanto, que ya vemos como lógico que seamos eso, avatares.

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Javier Callejo
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