Con la criptografía postcuántica, Ethereum emprende una nueva era en la ingeniería
Con la criptografía postcuántica, Ethereum emprende una nueva era en la ingeniería

Con la criptografía postcuántica, Ethereum emprende una nueva era en la ingeniería

Con la criptografía postcuántica, Ethereum emprende una nueva generación en la ingeniería. Ethereum Lean representa la inmersión de esta red en la computación cuántica. Es la columna vertebral estratégica de la plataforma blockchain para afrontar los próximos decenios. Con ella, se busca mayor seguridad y escalabilidad, permitiendo el uso simultáneo de la blockchain a millones de usuarios.

Ingeniería postcuántica

La criptografía de Ethereum empieza así a hablar en el idioma de la nueva generación de la ingeniería, en cuántico. Un idioma que utiliza términos como qbits, blobs, temple cuántico y otros similares. Pero Ethereum ha preferido utilizar, al menos momentáneamente, el polisémico término “lean”, que sirve tanto para describir algo ajustado, minimalista o esbelto, como algo eficiente y sólido, en lo que poder apoyarse. Como tantas cosas en el campo de la organización corporativa y la producción, el término lean irrumpió con fuerza de la mano de Toyota: Lean Manufacturing como producción eficiente. Seguramente es lo que busca Ethereum, una criptografía eficiente.

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La computación cuántica surge para resolver los problemas complejos con los que se encontraba la computación tradicional. Sus ventajas tienden a ser referidas en clave de capacidad o potencia. Es una computación más potente que la tradicional, que tiene capacidad para almacenar muchísimos más estados, que el clásico 0 o 1 digital, por unidad de información. Esto permite realizar multitud de operaciones simultáneas.

Computación cuántica

En la criptografía, la computación cuántica aparece ahora destinada a inyectar mayor seguridad. De hecho, se habla de criptografía cuántica y, sobre todo, poscuántica como aquella que ofrece métodos de cifrado más seguros. Lo paradójico de todo esto es que la criptografía poscuántica (PQC: post-quantum cryptography) surge como respuesta de la criptografía a los problemas que de seguridad derivados de posibles ataques de computadoras cuánticas. Además, a diferencia de la criptografía cuántica, la criptografía poscuántica no requiere tecnología física nueva, aunque es cierto que, al consumir más memoria, puede ralentizar el funcionamiento de los aparatos.

Los algoritmos criptográficos actuales más comunes, como RSA, Diffie-Hellman y ECC, se basan en problemas matemáticos (factorización de enteros, logaritmo discreto, etc.) que serían fácilmente resueltos por computadoras cuánticas. Esto los hace vulnerables en un escenario poscuántico. En la comparación entre algoritmos cripto clásicos, como RSA, y algoritmos poscuánticos como Kyber, las principales ventajas del segundo están en la seguridad, frente a ataques de computadoras cuánticas, y la velocidad en el desciframiento. El segundo ofrece seguridad cuántica.

El viaje de Ethereum

El viaje que está emprendiendo Ethereum me recuerda a las narraciones de los grandes retos que han venido siendo superados por ingenieros. Ante las dificultades y los retos, buscan nuevos materiales o nuevas formas de ensamblar lo existente, y, así, dan impresionantes saltos hacia delante.

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Tanto de la ingeniería, como de la sociedad. Lo que ha hecho Ethereum, me evoca especialmente La rebelión de Atlas, la novela de Ayn Rand. En su caso, era el mundo del ferrocarril. Una empresa ferroviaria en dificultades se enfrenta al reto de establecer nuevos trayectos de una manera más rápida y con más peso que sus competidores. Un trayecto, como uno puede imaginarse los grandes paisajes norteamericanos, lleno de abismales valles entre montañas, desniveles, cañones, etc.

Para conseguir reflotar la compañía, la protagonista llega a acuerdos con innovadores de los minerales, que producen nuevos materiales. Ahora no son trenes los que viajan, sino información. En lugar de profundos recorridos de ríos entre montañas rocosas, son millones de usuarios queriendo hacer sus transacciones y sus contratos inteligentes. Las demandas, sin embargo, son casi las mismas: mayor eficiencia, mayor velocidad.

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Hoy nos parece sencillo que un tren recorra a 250 kilómetros por hora los cuatro kilómetros de un puente sobre un valle o sobre el mar. Mañana nos parecerá sencillo hacer una transacción cripto en segundos, lo que tardan dos o tres pulsaciones en una pantalla.

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