De googlear a narrar: cómo la IA de Google está redefiniendo la información
De googlear a narrar: cómo la IA de Google está redefiniendo la información

De googlear a narrar: cómo la IA de Google está redefiniendo la información

Desde hace aproximadamente un mes, los europeos podemos ver que, cuando hacemos una búsqueda en Google nos aparece en primer lugar un apartado encabezado con el título “Vista creada en IA”. En inglés Google AI Overviews, siendo también conocida como AIO. El camino de esta oferta, que ahora llega para los europeos, empezó en 2023 con Search Generative Experience (SGE), con carácter claramente experimental. En mayo de 2024, se puso a disposición de los estadounidenses AI Overviews, extendiéndose por varios países no europeos a lo largo del año.

La IA de Google

Desde el 26 de marzo del actual 2025, Google AIO está disponible para los usuarios europeos. No obstante, al final de esta información, una vez desplegada, hay un mensaje de aviso en letra pequeña: “La IA generativa es experimental. Para obtener asesoramiento financiero, consulta a un profesional”. Ante posibles demandas de responsabilidades, Google se pone la venda antes de la herida. Además de para eximir de responsabilidades legales, la apelación a lo experimental sirve como una especie de patente de corso, que le sirve a Google para ir haciendo y deshaciendo como quiere. Sin compromiso, pero hostigando a las naves enemigas. ¿Cuáles son estas naves? Los que se dedican a la economía de la atención y de la información.

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Con esta incorporación, cuando acudimos al buscador ya no empieza funcionando como un buscador, tal como lo conocíamos. Es decir, como un instrumento que aportaba información y referencia a vínculos de dónde podía encontrarse lo que estábamos buscando. A partir de la “Vista creada en IA”, Google ya no es tanto un mediador de información, más o menos interesado, sino un ofertante de respuestas, narraciones y cuentos.

Google nos devuelve narraciones

Con el lanzamiento de Google AIO (Artificial Intelligence Optimization), la forma en que los motores de búsqueda clasifican y posicionan los contenidos ha dado un paso significativo. Si la aparición de los navegadores y buscadores en internet fueron el verdadero motor de -arranque técnico, pero, sobre todo, social y económico- de internet, allá por 1990, el gran salto se produjo cuando el propio Google entró en escena. Era 1998. Fue lo que provocó la inmersión masiva en internet. Hasta cambió nuestro lenguaje, incorporando términos como “googlear”.

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Se ha escrito mucho sobre la evolución que AIO puede llegar a significa en nuestra forma de relacionarnos con internet y, lo que tal vez sea más importante, con la información. Y es que ahora Google nos devuelve narraciones, sintéticos relatos, a lo que buscamos. Nos da respuestas y no sólo lugares en la web donde encontrar las respuestas. A través de un modelo de inteligencia artificial generativa (IAG), impulsado por su modelo de lenguaje avanzado Gemini, nos cuenta el mundo, especialmente si se pregunta con los clásicos: ¿qué es tal o cuál cosa? ¿cuándo ocurrió X? ¿cómo es Y? Incluso si le preguntas en clave de por qué.

Los telediarios

De momento, informa bajo esa etiqueta de lo experimental. Y, desde luego, hay que tener bastante precaución con la respuesta. De hecho, si le preguntas por la propia “AIO”, te hace referencia a refrigeradores. Un indicio casual esto de los refrigeradores. Parece muy posible que la cosa se caliente pronto, y que Google termine siendo una especie de “certificador” de la información. Es decir, que nos dice lo que es la información, recibiéndola como una información certificada: esta es la información y, además, así es la información. Vamos, como se recibía aquí el Telediario cuando internet estaba dando sus primeros pasos.

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A diferencia de los tradicionales “telediarios”, información centralizada dirigida a toda la audiencia por igual, de la misma manera, Google AIO, busca información y responde a los usuarios supuestamente adaptándose a los usuarios. Google, a partir de la información registrada que tiene de los usuarios, de sus usos, ofrece respuestas, información, que parecen adaptadas a tales usuarios. Da información en función de la información que tú le has dado. Y seguirá dándote respuestas en función de las huellas que tú le dejes en tu uso. También del propio AIO. Que, en este intercambio latente de información, la respuesta se adapte a las necesidades del usuario o del propio Google está por ver. Tras la promesa de personalización no siempre está el cielo. Y Google está en las nubes económicas, pero no precisamente por su enfoque espiritual.

Los profesionales frente a la IA de Google

Google AIO, incluso en su actual estado experimental, está trayendo de cabeza a todos los profesionales que se dedican a la gestión de la información. Desde los SEO, hasta los periodistas. Para los primeros, tienen que pensar en clave de las preguntas que se harán los usuarios de una manera más precisa. Para los segundos, tal vez se vean obligados a lo mismo, si es que sobreviven a este nuevo empujón.

Parece que el camino de Google de pasar de cuasimonopolio de la publicidad a cuasimonopolio de la información ya lo está dando con ayuda de la IA. La personalización en la sociedad de consumo, pues de esto estamos hablando, es una relación vampírica: hay una transfusión de rasgos y comportamientos personales al algoritmo que los devuelve con recomendaciones interesantes, para quien ha dado esa información sobre sus rasgos, e interesadas, para quien ofrece el producto personalizado.

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Prueben, pregunten. Es gratis. Es aparentemente gratis. De momento, sirves para el testeo en esta fase experimental y estás dando información sobre ti mismo. Prueben a preguntar por Blockchain, por ejemplo. Respuesta sintética, bastante correcta: “Blockchain es una tecnología de registro distribuido, inmutable y descentralizado que permite registrar transacciones y rastrear activos de forma segura y transparente. Es como un libro mayor compartido que, en lugar de estar en una única computadora, se distribuye entre muchos participantes en una red, lo que dificulta la alteración de los datos”.

Los socios de Google

Se puede solicitar el “mostrar más” y se despliegan cuatro o cinco apartados, según los casos. Lo llamativo, que entra en la oscura y opaca sala de máquinas económica de Google, son las fuentes de las que se dice que se ha nutrido tal relato-respuesta. Aparecen en la derecha del “Vista creada en IA”. Para el caso de Blockchain: el gigante tecnológico IBM, la empresa de software SAP y LISA Institute.

IBM y SAP son colaboradores de Google Cloud. Incluso IBM, que es la fuente referida en primer lugar, es socio en Google Cloud. LISA Institute ofrece cursos, a los que etiquetan como máster online de 90 horas a 3.690 euros. Seguramente esta entidad es cliente de Google, como millones de entidades. Conviene parar y hacer una reflexión: ¿son las mejores fuentes que garantizan una información de calidad? De momento, es una respuesta en “estado experimental”. Mañana, la tomaremos como La Respuesta, como La Información. Y es que las mayúsculas tal vez sirvan para darnos un meneo y reflexionar sobre hacia dónde vamos.

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