eficiencia del nuevo dinero

El nuevo dinero que trajo Bitcoin muestra mayor eficiencia que el dinero que hemos conocido durante los últimos siglos. Los acontecimientos de los últimos meses vinculados a las finanzas descentralizadas ponen en evidencia una tensión repetidamente encontrada a lo largo de la Historia. Una técnica ya bastante desarrollada, que parece que hace tiempo dejó la fase experimental, que llama a la puerta de nuestras instituciones y relaciones sociales.

Esta concepción puede asumir cierto determinismo tecnológico. Es decir, la idea de que es el desarrollo tecnológico el que termina cambiándonos la vida. De hecho, cuando hablamos de primera, segunda, tercera o cuarta revolución industrial, estamos directamente vinculando el desarrollo histórico a la aplicación de sistemas tecnológicos concretos: máquina de vapor, motor de explosión, electricidad, inteligencia artificial, etc.

Inventos que se adelantaron a su tiempo

Desde esta concepción, abundan historias de inventos que “se adelantaron a su tiempo” porque la sociedad no estaba preparada para adoptarlos. Sin embargo, las cosas suelen ser más complejas. Por ejemplo, situándonos en el origen de la referida serie de revoluciones industriales, es poco probable que surgiese la idea de una máquina que acelerase los procesos sin tener en cuenta la previa expansión del comercio y la potencial demanda de los bienes derivados de esa innovación técnica. Reconozco que estoy simplificando en exceso, pero ello me permitirá la reflexión sobre la situación de las finanzas descentralizadas.

En el caso de las finanzas descentralizadas y permitiéndome poner a Bitcoin y Blockchain en su origen, hay que reconocer que había una demanda social tras ellos. Algo inseparable de un contexto social y financiero, en el que los ciudadanos aparecen hartos de lo que se puede entender como alienación financiera. Es decir, la percepción de que tanto a nivel macro (políticas monetarias), como a nivel micro (funcionamiento concreto de las entidades financieras), el ciudadano quedaba en último lugar de las preocupaciones.

Demanda de un nuevo tipo de dinero

El dinero, porque estamos hablando de dinero, no solo costaba ganarlo –fundamentalmente con trabajo- sino que se evaporaba, como arte de magia, por lo que se sospecha son intereses muy particulares y, sobre todo, centralizados. Surge la demanda de un nuevo tipo de dinero. Por lo tanto, no estamos hablando de determinación tecnológica. La innovación surge de la demanda de una nueva concreción de esa mercancía que es el dinero, pues no deja de ser una mercancía cuyo valor de uso es su intercambiabilidad por todas las demás mercancías. Es decir, vale en la medida que es aceptada en su cambio por otras mercancías.

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La técnica del nuevo dinero nace. Se dan los primeros experimentos y se va extendiendo. Como suele ocurrir con buena parte de las innovaciones, los actores mejor posicionados en el actual sistema muestran sus resistencias: ¡rechazo absoluto! Esta fase ya se encuentra superada. Gobernantes y expertos responsables de bancos centrales de países desarrollados llegan incluso a reflexionar públicamente sobre el asunto. Es cierto que la perspectiva que toman es preferentemente defensiva: un vamos a ver qué pasa con esto, antes de que se nos pueda escapar. En este escapar se incluye tanto a la parte de sociedad que pueda estar inclinada a este nuevo dinero, como la “pérdida del tren de la competencia o la innovación”, hablando ya como país.

Finanzas, incertidumbre y riesgo

El dinero es una mercancía. Pero es una mercancía muy particular. Como otras mercancías, se puede guardar. Pero, a diferencia de la mayor parte de las restantes mercancías, se puede prestar por un tiempo, con la expectativa de recibir mayor cantidad de esa misma mercancía, o pedirlo prestado, con el compromiso de devolver en un tiempo mayor cantidad que la recibida.

Es aquí donde entra lo financiero, el futuro y la incertidumbre convertida en riesgo. La incertidumbre sobre si se recuperará –incluso mejorado- ese dinero prestado es calculada y transformada en riesgo. El nuevo dinero no podía ser menos e intenta realizar los mismos pasos que el ahora denominado dinero tradicional. No solo quiere ser usado –para adquirir otras mercancías- sino que quiere circular. Esto significa, además, no sólo que el dinero puede cambiarse por todas las demás mercancías, sino que: a) todas las mercancías son susceptibles de cambiarse por dinero, y, b) todo puede convertirse en dinero.

La tokenización y la microfragmentación de las cosas

El nuevo dinero quiere circular a su manera: descentralizadamente. Pero, además, incluye un enorme potencial, en comparación con el dinero tradicional, de convertir todo en dinero. Especialmente a través de la microfragmentación de las cosas, gracias a la tokenización.

Ya no solo circula el nuevo dinero sino que, gracias a él, todo puede entrar en tal circulación: fragmentos de casas, de obras de arte, de coches o de naves espaciales. En buena parte, esto ya lo podía hacer el dinero tradicional. Pero lo hacía a un coste demasiado alto, que lo hacía ineficiente. El nuevo dinero ya no solo responde a una demanda de recuperación de control sino que se muestra más eficiente, que es el valor principal de la técnica. Una técnica es superior a otra si ofrece soluciones más eficientes a los mismos problemas.

Finanzas descentralizadas

Las finanzas descentralizadas se nos aparecen como más eficientes –en recursos y tiempo- para la obtención de dinero, con el que poder concretar proyectos. El riesgo seguirá existiendo, como intrínseco a la circulación financiera del dinero, en el que unos ganarán y otros perderán. De hecho, aunque pocos, ya hay gente que gana y gente que pierde en las finanzas descentralizadas. Pero se tiene la sensación de que tal riesgo es más autónomo. Menos configurado por grandes instituciones y corporaciones, en busca de su único interés. Pero aquí viene la pregunta: ¿están las instituciones y la sociedad preparadas para su general circulación financiera?

El sistema financiero (tradicional) sigue bastante reacio. Seguramente sospecha que puede perder alguno de sus privilegios. Permaneciendo en el centro de procesos centralizados, es consciente de que ocupa un lugar de dominio y, en el peor de los casos, un lugar protegido. Pero el empuje de las distintas propuestas DeFi es notable, así como su atractivo.

Por otro lado, los bancos privados, ante el temor del surgimiento de un sistema que les acabe definitivamente desplazando, han dado ya pasos hacia las criptomonedas. Hay que tener en cuenta que tal temor es alimentado por la propia sombra de los bancos centrales. Si los bancos centrales se convierten en minoristas con respecto a la oferta de dinero ¿qué papel les queda a los bancos comerciales? Abundan huellas de este paso realizado por los bancos privados. En el caso español, los cinco principales bancos (Santander, BBVA, Caixa, Bankia y Sabadell) ya trabajan juntos en busca del euro digital.

Representación material de la inversión

Así, el dinero digital descentralizado posibilita el acceso a la inversión a costos muy bajos. Unos costos que, con el dinero actual, son una barrera infranqueable para los pequeños potenciales inversores de a pié. Además, el nuevo dinero permite la representación material de su inversión de una forma más sencilla. Es lo que ocurre, por ejemplo, al adquirir una parte de una vivienda concreta –no una parte de un conjunto de viviendas- para que la vivienda sea alquilada. El retorno puede derivar tanto de las rentas originadas por el alquiler de esa vivienda, como, por otro lado, la venta de esa parte de vivienda en un mercado descentralizado. Tal concreción, respaldada en smart contracts, es un buen apoyo para la confianza. Algo que ha perdido el sistema financiero tradicional.

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), especializado en la observación empírica de los comportamientos de consumo y de la recepción mediática. También licenciaturas en Periodismo y Derecho

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