Cuando la IA sea capaz de sustituirnos diseñando cuestionarios
Cuando la IA sea capaz de sustituirnos diseñando cuestionarios

Cuando la IA sea capaz de sustituirnos en el diseño de cuestionarios

Al encargar a nuestro equipo una investigación, mediante encuesta con cuestionario estandarizado, sobre la percepción que tiene la sociedad española de la inteligencia artificial (IA), lo primero que pensamos es en ayudarnos con la propia IA. En principio, como una cuestión de asimilación lógica en la práctica e inmersión en el campo de estudio: utilizar lo preguntado, para preguntar.

Después, se abría la cascada de reflexiones más o menos espontánea: ¿es lo que quiere la IA que le pregunte la sociedad? ¿es por lo que quiere ser preguntada la IA, tal vez dejando otras cuestiones a un lado? Preguntas que introducen el verbo querer, atribuyendo una extraña voluntad a la IA. Siguen las preguntas: ¿Llegará un momento que no hará falta preguntar a la sociedad, sino que la propia IA responderá sustituyendo a la sociedad, asumiendo la total representación de la sociedad?

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IA cuestionarios

Esta es una cuestión que apunta a profundidades éticas, políticas y sociales, yendo más allá de la dimensión instrumental de la IA. Hubo otras del mismo carácter, conduciéndonos por un muy interesante y, a veces, divertido debate. Los años de práctica como investigadores sociales empíricos encontraban otra dimensión y esto nos atraía, como atraen los retos. Por supuesto, participaron del debate imaginarios de ciencia ficción. Y no era el champagne, ni el color verde de los ojos de nadie… (Moriría por vos, Amaral). Era el sentimiento de que se abría algo nuevo, sin poder decir si se trataba de un abismo, una caja de truenos o una ventana para la esperanza. Se abría un nuevo mundo. Sin estar seguros de que pudiese ser colonizado, nos atraía hacia él.

Preguntamos a diversas IAs si podían llevar a cabo el diseño del cuestionario. Sin problemas. En general, la IA se muestra como un empleado siempre dispuesto, con respuestas positivas sobre sus competencias. Tan dispuesto que no sólo se ofrece al diseño del cuestionario sino que propone su competencia para el análisis de las respuestas. Tal vez esta sea la primera ventaja emocional. La segunda ventaja -relativa- es que nos puso en contacto con distintas fuentes que habían diseñado cuestionarios sobre el tema.

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Subrayo lo de ventaja relativa porque se trataba de fuentes bastante conocidas por quienes estamos investigando socialmente sobre el tema. Pero pueden servir de ayuda a los que se introducen en este campo. A nuestro juicio, se quedaba en un nivel bastante escolar en las referencias. Poco o nada originales o escondidas. Como para ayudar a un profesor a preparar una clase sobre el tema, o a los estudiantes a preparar un trabajo. Ahora bien, el detalle de las respuestas de la IA y, sobre todo, las fuentes que señala como bases de tales respuestas, cambian en función del idioma que se utilice. Tienden a ser más variadas y detalladas cuando se realizan en inglés. 

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Los cuestionarios diseñados por la IA son, a todas luces, insuficientes y, sobre todo, poco originales. Algo que cabe esperar en función de que informativamente se alimenta de lo relevante, entre lo que existe. Apunta cuáles son los grandes aspectos o bloques que ha de abordar el cuestionario. Pero, otra cosa son las preguntas concretas que realiza. Seguramente porque todavía le queda mucho que aprender a la IA sobre la práctica de diseñar cuestionarios y, a quienes nos dedicamos a diseñar cuestionarios para las encuestas, mucho que aprender de las utilidades de la IA.

Capaz de sustituirnos

En este último punto con un reflexivo temor, como todos: cuando se haya desarrollado tanto la IA, que nos ofrezca tan profunda como amplia utilidad como para diseñar cuestionarios -y encuestas- de manera oportuna e interesante, es porque ya es capaz de sustituirnos. De momento y con una especie de defensivo sentimiento regresivo, el cuestionario lo diseñamos nosotros.

Javier Callejo
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