Interrogantes de la IA generativa en los derechos de autor
Interrogantes de la IA generativa en los derechos de autor

Interrogantes de la IA generativa en los derechos de autor

La dominante lógica de la copia se acelera con la IA generativa, abriendo muchos interrogantes en el ámbito de los derechos de autor. Uno de los varios debates infinitos que atraviesan la Modernidad es el de qué es lo nuevo, tras el gran cambio que supone dar preferencia a lo nuevo sobre la tradición, que se transforma en “lo viejo”. Debate que es consecuencia de la relevancia que la propia Modernidad da a la innovación, de manera que se asimila a progreso.

IA generativa derechos de autor

Diferenciar lo nuevo es el reconocimiento de su contribución a lo nuevo. Ahora bien, lo nuevo adquiere valor -social, cultural, económico- por su capacidad de difusión. Una capacidad que depende, a su vez, de la capacidad de copia. Lo nuevo, en cuanto tiene valor, merece copiarse, entrar en la lógica de la copia. Innovación y copia vendrán de la mano.

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Innovación y copia tal vez sean las dos caras de lo mismo. Se innova para que se copie y de la copia, transformaciones voluntarias o involuntarias de la copia, surge otra innovación. Es, por ello, que se vuelve al centro de ese debate, bajo el supuesto de que nada se crea de la nada, de que, incluso lo más original, debe algo a lo ya existente. Bueno, pues tal es el contexto en el que aterriza lo que denominamos la inteligencia artificial generativa (GIA, por sus siglas en inglés).

Lo que produce la IA generativa se nos vende por sus desarrolladores como algo nuevo, generado por la propia máquina. Como un producto de su acción autónoma -y creativa, se connota- que es precisamente lo que hace a la GIA tan atractiva como temida. Costándome utilizar la carga del calificativo de “realmente nuevo”, me limitaré a preguntar: ¿hasta qué punto los productos de las GIAs, al menos de las accesibles que conocemos (ChatGPT, Bard, Bing Chat, Claude), son nuevos?.

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La innovación copia

La copia está en el corazón de la difusión. Está en el desarrollo biológico y la reproducción genética. Está en el desarrollo de las culturas, donde la imitación tiene un lugar fundamental. Sí, tiene razón García-Canclini, no hay culturas puras: todas son híbridas. No hay innovación pura, toda innovación es híbrida, debe algo a lo anterior. En cierta forma, toda innovación copia. También la alta cultura, desde el esfuerzo amanuense para la reproducción de textos, hasta la imprenta, tiene el copiar como trabajo. La imprenta es el resultado de la búsqueda de una manera más eficiente y con menos errores de copiar.

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Derechos de autor IA generativa

Es a partir del invento de la imprenta cuando los beneficios de la copia muestran cierto claroscuro inicialmente sin resolver, el de la recompensa de los creadores y de los que invierten esfuerzo en la difusión. Se piensa, entonces, que hay que proteger y controlar la copia, compensando a los actores que trabajan para ofrecerla a la sociedad. Surgen los derechos de patente, derechos de copia (copyright), derechos de edición o derechos de autor. A partir de ellos, se ha desarrollado la industrialización, incluyendo las industrias creativas, de la cultura y el entretenimiento. Pero es también cuando, a través de los dispositivos de protección de los derechos referidos, en el carácter generativo de la copia y sus beneficiosas proyecciones sobre la reproducción ampliada del cuerpo social, se observan células descontroladas. Entre ellas, las células del plagio y la copia ilegal, sin recompensar a los creadores. Se trata principalmente de las copias no legitimadas de las que sus difusores obtienen beneficios.

Beneficios económicos directos o indirectos, en la mayor parte de las ocasiones. Junto a o debajo de las industrias creativas, surge la industria del plagio. Básicamente, la principal diferencia entre la primera industria y la segunda es la compensación del esfuerzo de los creadores. La primera los recompensa, generando trabajadores de la creación y empresas de la creación, que contratan a esos trabajadores. La segunda, no los recompensa.

Creatividad de las máquinas

Por lo tanto, la calificación de los productos de las GIAs como creación, copia o plagio tiene su importancia. Se consideraría creación, si lo que produce es reconocido como nuevo, sin evidentes antecedentes protegidos por las leyes de derechos intelectuales; copia, si se asumen antecedentes y son recompensados por el pago de cualquier tipo de licencia o permiso. Se consideraría plagio, si los productos ofertados generan ganancias y son productos copiados; pero sin pagar las licencias que los protegen.

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Los desarrolladores de la IA generativa subrayan la creatividad de sus máquinas. Otros, como recientemente la News/Media Alliance, representante de los medios digitales en Norteamérica, dicen que se trata de plagio. Es más, puede considerarse de una acelerada forma de plagio.

El temor a la amenaza del virus del plagio a partir de la GIA ha experimentado un considerable aumento en aquellos ámbitos e instituciones que trabajan con la creatividad y la originalidad. Por supuesto, en las industrias creativas, culturales y del entretenimiento. Pero, también, en los centros de investigación o de formación. En los centros en los que se intenta promover la creatividad y la innovación, recompensándola.

Docentes

Pero, por ejemplo: ¿cómo puede saber un profesor que un específico trabajo de un estudiante es original o plagio? Esto, que ya tenía difícil respuesta antes con respecto a bastantes casos, por mucho software antiplagio que se aplique, se hace aún más complicado si lo que usa el estudiante es una GIA. No es fácil trazar una absoluta línea entre lo original y el resultado del plagio; por lo que, ante la dificultad técnica actual para resolver la diferencia, se estimula el plagio.

El plagio es individualmente más eficiente: genera los mismos resultados y beneficios, pero con mucho menos esfuerzo. Se acelera así la lógica práctica del plagio. Ahora bien, lo que es eficiente individualmente ¿lo es socialmente? ¿se parará la producción social de innovación? ¿se limitará la originalidad a la producida –“conscientemente” o por error- por la GIA? ¿Si genera originalidad por error, no puede también producir accidentes por error?

Ante la amenaza sentida, en los centros de formación -institutos, escuelas, universidades- se está cambiando la forma de trabajar. Carece de sentido evaluar a los estudiantes por trabajos sobre los que existen fundamentadas sospechas de que, en buena parte, no son fruto de sus esfuerzos y competencias. Se tiene la sensación de estar evaluando otras competencias, como la de saber preguntar o desarrollar prompts u órdenes a la respectiva GIA.

Los docentes buscan alternativas. Pero ¿tiene la sociedad alternativas para la producción recompensada de la innovación y la creatividad? ¿Podría la GIA desarrollar, por ejemplo, nuevos medicamentos? Si es así ¿a qué actores recompensar con su innovación? ¿a los que, en la cadena de antecedentes, pusieron a disposición un saber fruto del esfuerzo? ¿a los diseñadores de la GIA?

Javier Callejo
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