La vida social no tan secreta de los NFTs 
La vida social no tan secreta de los NFTs 

La vida social no tan secreta de los NFTs 

Los tokens no fungibles (NFTs) tienen una vida social muy extensa e intensa. Es más, puede decirse que hacen comunidad, que es la versión más intensa y concreta de eso que llamamos sociedad. La comunidad es sociedad, vínculos sociales, y lo demás es aire. Una vida muy intensa que, además, es poco secreta. Queda registrada en la correspondiente blockchain, haciendo su currículum al andar, como el caminante del poeta Antonio Machado. Además, sus promotores, en su nacimiento, y sus poseedores, en su vida, tienden a ser los primeros interesados en hacer pública esa vida social de los NFTs: son lucidos, expuestos o incluso conforman el avatar de sus poseedores en sus comunicaciones públicas, como las redes sociales.

El futuro de los NFT: ¡Es la comunidad, estúpido!

NFTs

La intensa vida social de los NFTs los diferencia de otros bienes de consumo. En especial, de los bienes perecederos. Bienes que también pueden llegar a tener una intensa vida social, piensen en las celebraciones alrededor de grandes comidas alrededor de una mesa repleta de estos bienes. Pero es muy corta. Por su lado, unos bienes tan claves en la constitución de la sociedad de consumo, como los bienes duraderos (coches, electrodomésticos, etc.) presentan poca vida social, pues en su lógica predomina el uso individualista de carácter privado. En todo caso, en el espacio de la ostentación privada. Pero, sobre todo, la extensión de su vida está marcada por la obsolescencia programada desde su nacimiento. Así, en la mayor parte de los casos, pierden valor nada más empezar su funcionamiento y, por lo tanto, la denominada vida útil.

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Sobre el último tipo de bienes, he remarcado lo de: «en la mayor parte de los casos». Y es que hay una excepción que nos viene muy bien para hablar de los NFTs, como es aquel tipo de bienes duraderos que, sea por lo que sea, se articulan en clave de colección. Entonces, su valor de uso, su funcionalidad, deja de ser recorrer kilómetros (coche), firmar (plumas), beber (tazas), etc. Entonces, su funcionalidad es ser eslabón de una colección. Algo a lo que muy pocos bienes perecederos acceden, ya que por definición tienden a la corrupción. La rara excepción la constituyen los vinos o algunos licores. Pero no porque su constitución material les haga impasibles al paso del tiempo, sino porque la botella, con sus etiquetas, sustituyen al líquido elemento material. Es decir, los significantes -etiquetas- se independizan de las condiciones materiales de los significados, el propio vino.

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El NFT nace, se revaloriza o se devalúa y, tal vez, muera, en una comunidad, a la que ayuda a formar. Una de sus funciones básicas estriba en generar identidad de comunidad, de pertenencia a una comunidad, a quien posee el NFT. A su vez, tiene la capacidad de diferenciar dentro de esa comunidad. Hay que advertir que ya no se trata de comunidades tradicionales, a las que podemos calificar de primarias, caracterizadas por una fuerte homogeneidad y lo que el sociólogo francés Durkheim denominó de solidaridad mecánica, en la que todos hacían todo y no había apenas división social del trabajo o las funciones. No. La comunidad de los NFTs es compleja, podemos calificarla de secundaria, a la manera que el canadiense Walter Ong denomina «oralidad secundaria» al tipo de comunicación dominante que se expandió con los medios de comunicación de masas.

La de los NFTs es una comunidad en la que los propios NFTs marcan distinciones. Se trata así de una especie de competencia por la distinción desde la asunción de un marco de partido igualitario de pertenencia a esa comunidad. Todos los que tienen un NFT de la colección X, no vamos a decir nombres, pertenecen a la comunidad X. Ahora bien, no todos pertenecen de la misma manera, pues depende en buena parte del NFT que posean.

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Los NFTs pueden -incluso deben- tener distintas utilidades materiales. Dar acceso a bienes y servicios, desde el plato cocinado por un prestigioso cocinero a ver el derbi futbolístico desde un palco en el estadio. Pero siendo importantes tales utilidades, su principal función es la de generar vida social creando comunidad y, a la vez, diferencias dentro de la comunidad. Y es aquí donde cobran especial interés el papel de las colecciones. Seguramente no hay comunidad con lazos más fuertes y, a la vez, con más competencia interna, que la de los coleccionistas. Esto, ya se trate de coleccionistas de obras de arte, de plumas estilográficas o de cromos de fútbol. Basta mirar la envidia con que un coleccionista mira el objeto poseído por otro coleccionista de lo mismo. Objeto que, claro está, el envidioso no posee.

La Modernidad, que ha sido calificada como civilización de lo efímero, es, sobre todo, la civilización de los objetos. Pero, sobre todo, de los objetos coleccionables. Es decir, objetos que cobran valor en relación con los otros objetos de la colección. Los modernos estamos atravesados de este impulso hacia la colección, en el que los NFTs han encontrado una especie de filón. Una especie de filón porque es su espacio. Basta sólo ver las múltiples colecciones del nivel más básico y programado de colección que existe, que es el de los cromos. Los hay de todo, de fútbol, por supuesto. Pero, también, de superhéroes, de personajes de Disney, o de sagas tipo Harry Potter. Y me consta que no sólo las hacen los niños.

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Es en la colección donde los NFTs ganan en extensión vital. Conformando una vida que llega temporalmente hasta el infinito.

Les parecerá extraño el título. A mi editora también, que se tira de los pelos cada vez que propongo un título de estos. Me dice que son muy poco periodísticos. Reconozco su gran criterio profesional y sus buenas intenciones; pero la negociación siempre desemboca en mi decisión, lo que agradezco. También les pido perdón a ustedes; pero no podía evitar la evocación de ese maravilloso título -La vida secreta de las plantas- del no menos maravilloso documental, que cuenta con la superlativa banda sonora de Stevie Wonder, publicada en un álbum con el mismo nombre.

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Creo que buena parte de la fuerza de atracción del libro, en el que se basó la película, documental y disco, se encuentra en el título. Sorprende: cómo algo que nos parece tan evidente e inamovible en nuestras aceleradas sociedades como una planta puede tener vida secreta. Pues sí y los NFTs también; aunque no es tan secreta. Bueno, tampoco es tan secreta la de las plantas, pues el documental nos la revela.

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Javier Callejo
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