Las criptomonedas en Venezuela

Las criptomonedas como alternativa al control financiero en Venezuela

Los recientes acontecimientos en Venezuela han generado infinitas polémicas y discusiones en España, Latinoamérica y seguramente todas las sociedades del planeta en el que fluye la información. Tras los enfrentamientos dialécticos, un consenso: el repentino encontronazo con un nuevo mundo.

Algo nuevo en las relaciones internacionales o la geoestrategia. Solo un poco más allá, en la economía y la política. En el poder. En las relaciones entre poder y sociedad. Le ha correspondido a Venezuela ser el experimento de estas nuevas relaciones entre poder y sociedad. Un experimento que muestra nuevas formas de control y represión de sus ciudadanos a través del dinero y la tecnología, bloqueando las cuentas bancarias de aquellos ciudadanos que puedan ser considerados poco o nada adictos al régimen. La alternativa práctica a estos bloqueos ha sido principalmente el uso de criptomonedas.

Venezuela y las criptomonedas

Bloqueo de cuentas apenas denunciado, pues quién va a denunciar algo en las especiales circunstancias de un régimen dictatorial, que, además, se sabe debilitado y tiene miedo. La forma que tiene el régimen de combatir su miedo es producir más miedo. Las cuentas son congeladas sin notificación formal ni explicación clara sobre las razones del bloqueo. Tampoco se da transparente información sobre los procedimientos para reparar tales acciones.

La stablecoin USDT sustituye a la banca en la economía real de Venezuela

A lo sumo, los bancos o las autoridades financieras sostienen que las cuentas se bloquean cuando se investigan posibles transacciones vinculadas a financiación de actividades ilícitas o violaciones normativas. La sensación que se tiene es que se trata de una táctica para asfixiar financieramente a los ciudadanos críticos con el gobierno. No es nueva, pues antes del secuestro de Maduro ya se había ejercido contra organizaciones sociales, fundaciones y activistas, especialmente alrededor de periodos de protesta o paros nacionales.

Vigilancia de usos de cuentas bancarias

Nunca es fácil precisar cuando algo es totalmente nuevo. Menos aún cuando se habla de la aparición de un nuevo mundo. Se trata de procesos complejos que se alimentan de pequeños y grandes casos. Lo de Venezuela es, desde luego, un gran caso; pero todo tiene sus vinculados antecedentes históricos: otras intervenciones estadounidenses contra dictaduras, la enfrentada división geopolítica del mundo y un largo etcétera.

También: el aumento de vigilancia de nuestros usos de las cuentas bancarias por parte de las autoridades fiscales, exigiendo constante información a las entidades bancarias de nuestros movimientos bajo el argumento de vigilancia fiscal y de blanqueo de dinero. O la demonización que se hizo del dinero en efectivo durante la pandemia.

Más allá de las específicas circunstancias por las que viene pasando el país caribeño, es una muestra de que el poder estatal tiene capacidad para controlar y reprimir a los ciudadanos a través de la vigilancia y la acción de sus cuentas bancarias. Todo ello cuando nos han obligado a pasar todas nuestras operaciones financieras por la cuenta bancaria.

Dinero en efectivo

Cuando salarios, recibos, préstamos, hipotecas y hasta el más mínimo pago está obligado a pasar por el registro en la cuenta bancaria. Hay países, como los nórdicos, Corea del Sur, Australia o China en los que prácticamente ha desaparecido el uso del dinero en efectivo. De hecho, desde la pandemia de la covid19, las presiones de los estados occidentales para que toda transacción quede registrada en la cuenta corriente o la tarjeta de crédito son fuertes, poniendo bajo sospecha cualquier pago en dinero físico. Por cierto, sin que ello suponga mayor seguridad, con la excepción de la potencial y excepcional contaminación vírica, que es lo que impulsó este movimiento estatal cuando el coronavirus apretaba.

Nos tienen cogidos por las cuentas de banco y tarjetas. Y eso lo sabemos los ciudadanos. Se calcula, siempre de la manera oficiosa con que se calculan las cosas que es muy difícil observar empíricamente, que uno de cada tres hogares españoles guarda bastante más dinero en casa del que pudiera necesitar para sus gastos corrientes tras el reciente encadenamiento de crisis.

Depósito doméstico

Un “depósito” doméstico sin remuneración alguna -tampoco es que la ofrecida por las entidades financieras sea para tirar cohetes, como se dice por aquí- y con el constante peligro de verse devaluado por la inflación. Sin embargo, se tiene. Más impulsado por el latente miedo a “corralitos”, que por la supuesta vigilancia fiscal o política.

El miedo a la vigilancia y el control está en el reparo a las CBDC (Moneda Digital de Banco Central). El horizonte de vigilancia y control de sus ciudadanos está tras el Yuan Digital impulsado por el Banco Popular de China, país que no es precisamente un ejemplo de respeto a los derechos humanos y las libertades. El miedo a la pérdida de privacidad es uno de los principales argumentos contra el euro digital.

Poca confianza en los bancos

Un aumento del dinero en casa y menos confianza en dejarlo en manos de los bancos tradicionales, que parecen estar afianzados en los hogares jóvenes. Cuando el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) preguntaba por la confianza en los bancos, tres de cada cuatro personas entrevistadas señalaban que tenían poca o ninguna confianza en los mismos. En los jóvenes era aún más elevada la desconfianza. El CIS dejó de hacer la pregunta; pero no por ello dejó de aumentar la desconfianza entre los jóvenes y la sociedad en general. La novedad es que ahora hay alternativas al dinero fiat. En España, Venezuela y todo el mundo.

Según distintas fuentes, que incluye al Banco de España o el Banco Central Europeo, el porcentaje de personas residentes en este país con criptomonedas se sitúa entre el 5% y el 9%. Un porcentaje que sube entre jóvenes con mayor nivel educativo. De Venezuela, como en tantas otras cosas, apenas se tienen datos; pero hay que tener en cuenta que el uso de criptoactivos se ha visto impulsado por la necesidad en un contexto de hiperfinflación y de constante crisis.

Stablecoins para la volatilidad

No es difícil encontrar comercios cotidianos que acepten e incluso estimulen el pago con cripto, especialmente stablecoins, por su menor volatilidad. Un recurso que está salvando a quienes han experimentado el quedarse sin capacidad de acceso y gestión a sus cuentas bancarias, a su propiedad. Como nunca puede decirse que las situaciones no son comparables, pues siempre el incierto futuro puede traer circunstancias para la comparación… Ya saben: cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon… Como no puede ser de otra manera, seguiremos atentos al histórico experimento venezolano. Un experimento de control y represión, y de alternativas y resistencias de una sociedad formada y activa.

Javier Callejo
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