Apple nació en 1976. La empresa de Steve Jobs, símbolo de la innovadora juventud tecnocrática cumple 50 años, que ya empiezan a ser años. Esa conjugación entre hipismo, diseño pop rompedor y apuesta por el estilo en el lenguaje del código binario constituye un modelo claramente diferencial, cuando ha pasado ya medio siglo desde su nacimiento.
Apple y Blockchain
Ahora bien, rupturista en sus formas, productos e incluso sus campañas de marketing, es organizativamente y en su forma de operar el ejemplo de la centralización. A sus clientes le impone la regla de lo tomas o lo dejas. Incluso, cuando entras en sus tiendas, da la sensación de que no eres tú el que ha decidido entrar en el espacio Apple, sino que te has de sentir un afortunado por tener la posibilidad de ser elegido como cliente. Aunque pagues -y no poco- es como si te estuvieran haciendo el favor de la distinción de admitirte.
Pagos con criptomonedas en el horizonte de Apple tras fallo histórico
Como si fuera un club cerrado. Es así como se sienten muchos de sus usuarios, como miembros de un club exclusivo, en el que solo hay personas como ellos (a millones). Apple condensa la lógica del cierre. En sus productos. En su forma de actuar. Por esto y muchas cosas más su relación con Blockchain ha sido siempre distante. Como si ambas apuestas tecnológicas constituyesen mundos enfrentados. Están en las antípodas.
Un universo en sí mismo
Apple es más que una empresa o una marca. Es una especie de identidad tecnológica y de consumo. Es la que ha apostado netamente por la distinción y esto exige barreras (Goblot) y competencias (Bourdieu). Apple es el nombre que marca una posición de sus usuarios y consumidores en el ámbito del consumo en general y del consumo tecnológico en particular. Un nombre que es un universo en sí mismo y que conectamos imaginariamente con un estilo de vida. Sus campañas publicitarias son ejemplares, constituyendo un específico y hegemónico discurso en la madura sociedad de consumo hiperdigitalizada. En esta sociedad, ha impuesto un modelo diferenciado. Ahora bien, es un modelo opuesto al que propone la tecnología blockchain.
En esos 50 años de existencia de Apple, la potencial relación con Blockchain se reduce a los últimos 18 años. Blockchain nació en 2008. Mientras uno camina hacia una madurez post-joven, el otro cumplirá su mayoría de edad el próximo mes de octubre. Por muchas cremas que se ponga, el primero ya suena repetitivo; mientras que el segundo todavía es una promesa. Su diferencia va más allá de pertenecer a generaciones tecnológicas diferentes. Incluso a que operan en campos de la tecnología muy distintos: aparatos versus infraestructura. Es una cuestión de ethos, de comportamientos e identidad. Es una cuestión de propuesta de modelos vitales.
Tensas relaciones
A lo largo de estos últimos 18 años, los que casi tiene Blockchain, la relación entre ambas ha sido muy escasa y, en líneas generales, bastante tensa. En los primeros ocho años, hasta 2016, Apple miraba a Bitcoin y la tecnología Blockchain desde la precaución o incluso el escepticismo. Sus “contactos” se limitaron a algunas aplicaciones relacionadas con el ecosistema cripto en su App Store. Apps que frecuentemente padecían importantes restricciones en su funcionamiento, e incluso Apple se permitía retirar aplicaciones de wallets (billeteras) cripto argumentando razones regulatorias y de seguridad.
El siguiente período, entre 2017 y 2020, de plena expansión de demanda de herramientas sobre la tecnología blockchain, Apple permitió aplicaciones de wallets e incluso de trading. Por ejemplo, se establece la relación entre Apple y Coinbase, que lleva a la segunda a ofrecer su iOS a través de App Store. Una relación tensa, que en cierta forma condensa la difícil relación de la empresa de Cupertino con el ecosistema Blockchain. Una relación en la que Coinbase aparece como el inquilino del casero Apple, que controla a través de sus aparatos las visitas e idas y venidas del inquilino en el edificio, además de tener que cumplir con sus estrictas reglas de pagos y contenidos.
Comisiones del 30%
Un casero que impone precios de locales de lujo. Aplicaba comisiones del 30% en las transacciones, en los pagos. Algo que hace impracticable muchas transacciones. Si seguimos tomando a Coinbase como ejemplo, en 2022 tuvo que desactivar las transferencias de NFTs (tokens no fungibles, en inglés) en su aplicación de billetera porque Apple quería una parte de las «tarifas de gas» (tarifas de transacción de blockchain), lo cual es técnicamente inviable. Más allá de su avaricia comercial, es una cuestión de modelo. Sí, Apple permitía aplicaciones relacionadas con NFTs; pero imponiendo unas condiciones difícilmente asumibles.
Se trata de un conflicto entre modelos. Apple es un ecosistema cerrado, que opera a partir de un control centralizado, donde su App Store funciona como una especie de portero de su edificio de pretendido lujo. Volvemos al: “yo soy el que decide quien entra y quien no”. Por su lado, el acceso a Blockchain no exige permisos. Su lógica es la de la descentralización, incluso con los matices que pudieran hacerse con respecto a algunas de sus concreciones. Mientras Apple se establece como una cadena jerárquica de control, la tecnología blockchain lo hace sobre la confianza distribuida. Diferencias importantes, que lejos de haberse creado con la edad y el paso del tiempo, vienen de sus respectivos orígenes. Podría decirse que vienen de sus respectivas identidades, de sus ADNs tecnoculturales.
Mundos opuestos
Actualmente, Apple representa el mundo tecnológico opuesto a la tecnología blockchain. Incluso alguno de sus competidores, como Microsoft o Google, han explorado blockchain de una manera más abierta. Pero el rasgo de la apertura no parece estar en el carácter de Apple. Esperemos que con la edad se vaya atenuando su tendencia al cierre. Incluido el cierre a la tecnología blockchain. Todavía cabe la esperanza de un pacto tecnológico intergeneracional, pues la esperanza es lo último que se pierde.

