El gobierno estadounidense ha ordenado restringir el acceso a los modelos más avanzados de Anthropic (llamados Fable 5 y Mythos 5 en los informes) mediante controles de exportación, alegando motivos de seguridad nacional. De hecho, prohibió que los nuevos modelos de IA de Anthropic sean usados por extranjeros, vivan estos dentro o fuera del país.
Por su parte, la empresa tecnológica sostiene que la medida ha sido excesiva. Anthropic afirma que el riesgo señalado era limitado y que no existían pruebas públicas que justificaran una suspensión tan amplia. Debido a que la orden afectaba a cualquier ciudadano extranjero, la compañía decidió desactivar completamente esos modelos para todos los usuarios en lugar de intentar verificar la nacionalidad de cada persona. Cuando un Estado fundamenta sus decisiones en la necesidad de protegerse del exterior, pone en marcha el núcleo principal de la razón de Estado. En este caso frente a lo que puede considerarse la razón algorítmica.
Anthropic y la razón de Estado
Anthropic se ha visto así enredada en su propia estrategia. Anuncia sus productos-modelo con potencia de otro mundo. Con tanta potencia que podrían poner en peligro el gran poder de la modernidad, como es el poder del Estado. Por lo que el Estado ha reaccionado. Argumentar después que la amenaza o el riesgo eran limitados parece ir en contra de la ostentación de potencia inicial.
La razón de Estado, que es la base para toma de decisiones un tanto controvertidas y discutibles, especialmente porque ponen entre paréntesis derechos importantes de los ciudadanos o, como en este caso, las empresas. La razón de Estado es una justificación para lo poco justificable. Es el propio Estado el que justifica su decisión en función de su necesidad para proteger la existencia, la seguridad o los intereses fundamentales del Estado. Una medida excepcional ante situaciones excepcionales. Aquí lo excepcional eran los modelos de Anthropic, todavía en estado experimental.
La preocupación oficial era que esos modelos podrían ser utilizados para descubrir vulnerabilidades informáticas o que sus mecanismos de seguridad podrían ser eludidos mediante técnicas de jailbreak o técnicas que eliminan las restricciones y barreras de seguridad impuestas por los fabricantes de software o hardware. Se señalan como amenaza, aun cuando sin excesivos detalles sobre tal percepción amenazante. Podría servir para frenar muchas novedades y veremos como el futuro próximo estará atravesado de estos enfrentamientos entre la razón de Estado y lo que llamaremos razón algorítmica.
La IA de Claude Mythos certifica el fin de la Modernidad: entramos en la cibertranslimitación
En la actualidad, gran parte del funcionamiento de los Estados modernos depende de infraestructuras informáticas. De hecho, estamos ante el Estado Digital. Y ante el anuncio de novedades, como las de Anthropic, de potentísimos instrumentos capaces de encontrar vulnerabilidades informáticas en segundos, se ha optado por ejercer el principio de precaución. Un principio que intenta frenar los excesos del riesgo; pero que, a su vez, está bajo la sospecha de ser un riesgo cuando frena el desarrollo de la innovación. Lo dicho, estamos ante un conflicto que veremos generalizado.
En teoría, la razón de Estado se refiere a la preservación del Estado mismo, en cuando condensación de los intereses esenciales de una sociedad. Ya es bastante asumir esto; pero asumámoslo en línea con corrientes filosófico-políticas que fueron muy importantes durante los últimos siglos y que echan sus raíces en textos como, por ejemplo, La Fenomenología del Espíritu, publicado por Hegel en 1807, donde se nota la admiración de este autor por Napoleón. El Estado como fase superior de la Razón. El problema es cuando esa razón de Estado parece proteger más los intereses de quienes gobiernan, que al propio Estado.
Por supuesto, la razón algorítmica tiene menos recorrido filosófico. Incluso ha de admitirse que carece de una clara definición. La idea central es que cada vez más decisiones que antes dependían del juicio humano pasan a estar mediadas o influenciadas por sistemas algorítmicos. Pues bien, estos sistemas algorítmicos, trabajando autónomamente, podrían poner en peligro los intereses del Estado. Tal vez una forma de impedirlo es programarlos para que no tomen decisiones autónomas cuando el Estado se encuentra por medio. Pero eso prácticamente los haría inútiles, puesto que el Estado se encuentra en todas partes.
Mientras la razón de Estado justifica decisiones en nombre de la seguridad o supervivencia del Estado, la razón algorítmica tiende a justificar decisiones porque «los datos lo indican» o «el modelo lo recomienda». Parecen lógicas destinadas a enfrentarse. Por un lado, un Estado digitalizado y omnipresente en la vida de los ciudadanos.
Así, cada vez nos relacionamos menos con el Estado a través de una ventanilla y más a través de la pantalla de un ordenador, especialmente desde la pandemia. En buena parte, la digitalización es una consecuencia de la racionalidad burocrática. Informes clásicos sobre la informatización de la sociedad, como el de Nora-Minc, ya lo pusieron de manifiesto hace cincuenta años. Tal vez, obnubilados por la modernidad, nos parezca que la pantalla digital es menos burocrática.
Patrones ideológicos en la razón de Estado y en la razón algorítmica
Pero, al contrario, lleva a fases superiores la razón burocrática, la toma de decisiones sin subjetividad, sin rostro. Tomas de decisiones que podrían estar ahora amenazadas por actores, cada vez más potentes, que se mueven exclusivamente por algoritmos modelados. Toman decisiones frías, como identificar y resolver o atacar vulnerabilidades informáticas. Tan frías como las decisiones burocráticas.
Lo de la frialdad de las decisiones, como si estuvieran carentes de todo interés humano, es relativo. Cabe siempre escarbar, hasta lo más profundo, y encontrar patrones ideológicos en la razón de Estado y en la razón algorítmica. Volviendo a nuestro caso, desde los inicios del presente 2026, surgieron tensiones entre Anthropic y partes del gobierno estadounidense por cuestiones relacionadas con usos militares de la IA y regulación de modelos avanzados.
Disputas que han podido influir en la dureza de las medidas; aunque no sea la explicación oficial. Y es que la razón de Estado tiende a estar bajo sospecha. Tanta sospecha como la propia razón de Estado proyecta sobre la razón algorítmica.

