Del internauta al AIgonauta: la evolución del usuario en la economía de la atención
Del internauta al AIgonauta: la evolución del usuario en la economía de la atención

Del internauta al AIgonauta: la evolución del usuario en la industria de la atención

Con el inicio de la nueva temporada, se acuña un término destinado a certificar que la vuelta de vacaciones trae cambios. Se trata de la palabra AIgonauta. Un término que se construye con la mezcla de AI (inteligencia artificial, en inglés) y argonauta, los héroes de la mitología griega que navegaron con Jason en el Argos a la conquista del vellocino de oro.

Industria de la atención

AIgonauta es una palabra que seguramente no la habías escuchado nunca antes y, sin embargo, te suena familiar. A algo ya conocido. Se espera que las vacaciones veraniegas nos cambien. Al menos, que nos renueven. Pero los cambios son los que esperan nuestro retorno. Tanto es así que, dado el marco de incertidumbre, tememos esos cambios impacientes que nos acechan la vuelta al trabajo. Queremos cambiar; pero tememos los cambios que nos aguardan. Pues bien, hay un cambio en el vocabulario, una nueva palabra que nos espera, que casi nos suena, como nos “suena la cara” de alguien que nos presentan y que tal vez no hayas visto antes nunca. Nos suena tanto, que es muy posible que la palabra AIgonauta forme rápidamente parte de nuestras conversaciones cotidianas. Como en su momento pasó con la palabra internauta.

El último Informe de la Juventud no pregunta por el uso de criptomonedas

Nos suena por su antecedente más inmediato: internauta. Realmente no sé a que se referían con esta denominación. Se supone que a los usuarios de internet. Esto es lo obvio. La cuestión es que, de una manera u otra, prácticamente todos somos usuarios de internet. Los estudios de audiencia intentaron fijar la palabra. Sus informes de hace un par de decenios eran un continuo: internautas por aquí e internautas por allá, intentando certificar el número de visitantes de las distintas páginas web que patrocinaban el estudio. Inicialmente parecía una figura de otro mundo.

Un imperio sobre el internauta

Tal vez esa era su intención discursiva: convencer que era un nuevo tipo de audiencia, un nuevo tipo de consumidor. En definitiva, el representante de otro mundo. Tiempo después seguimos sin saber claramente que era eso del internauta; pero nos familiarizamos con la palabra. Lo que sí sabíamos era que la inversión publicitaria se había volcado desaforadamente hacia ellos. Con la inversión publicitaria, la investigación de audiencias y la propia investigación publicitaria. Con la investigación de audiencias, buena parte de la investigación social más avanzada. Todos en busca del internauta.

BBVA introduce las criptomonedas en la economía doméstica española

Todos en busca del internauta. Y, sobre todo, los grandes operadores tecnológicos, que construyeron su imperio sobre el internauta. Era lo que vendían a los anunciantes. Los grandes operadores tecnológicos producían internautas por millones y millones, como millones y millones eran lo que ingresaban en sus cuentas corrientes.

Internauta era el que se informaba en internet, el que compraba en internet, el que buscaba en qué restaurante comer o a qué peluquería ir en internet o el que hacía amigos o alquilaba casas o habitaciones en internet. Y un largo etcétera de cosas que se hiciesen, consciente o inconscientemente, en internet. Hay que tener en cuenta que la provechosa producción de internautas no iba a parar por el mero hecho de que dejásemos de conectarnos conscientemente a internet.

Teléfonos móviles

Allí estaban los diversos aparatos, empezando por los teléfonos móviles inteligentes, para convertirnos en internautas pasivos, registrando nuestros caminos. Incluso nuestros pensamientos durante el camino. Todos pasamos a ser internautas en todo momento. Historia ya del acontecimiento invisible por el que realmente dejamos de ser lectores, oyentes o televidentes, pues, salvo las raras excepciones en que por ejemplo se entra en contacto con un periódico de papel, todo viene por internet.

Pero, bueno, como las empresas que se dedican a la investigación de audiencias tampoco querían perder a sus antiguos clientes, por muy desequilibrada que estuviese su economía subordinada a internet y sus gigantescos operadores, siguieron hablando de lectores, oyentes o telespectadores. En realidad, eran internautas. Más internautas que nunca. Más internautas que cuando empezó a usarse el término de internauta.

Lo cripto y la revuelta de las clases medias

Sí, el término internauta ya es un poco viejuno. Un envejecimiento acelerado seguramente debido a su falta de significado concreto, a la ausencia de referencia específica o a su ambición de significado universal. Pero ya tiene su heredero: AIgonauta. Un heredero destinado a reproducir ampliamente la herencia recibida. A que toda nuestra atención y nuestra desatención pase por la IA, como antes se hizo pasar por internet.

AIgonauta como algo conocido

A que los lectores se informen por la IA, que ya se encargará de “buscar” -traducción: quitar o, según los casos, pedir prestado a medios informativos- lo que considera noticiable para ese lector. A que los oyentes escuchen la IA, con su precisa selección previa de contenidos. A que los telespectadores vean dramatizado el mundo por el guion creado por la correspondiente IA, articulando los estilos de ésta, con el del propio telespectador, al que dice adaptarse. No está claro si son los AIgonautas los que se adaptan a sus respectivos modelos de IA, o son los modelos de IA los que se adaptan a los gustos y estilos de atención de los AIgonautas.

Nos suena la nueva palabra, AIgonauta, como algo conocido. Nos suena a la historia reciente de internet. Los aún más grandes operadores de IA se encuentran en una lucha feroz por tomar posiciones dominantes en el mercado de la producción de AIgonautas. Son conscientes que ahí está el negocio del inmediato futuro. Es una competencia por imponer su modelo. Por imponer su estilo, de ahí que se remarque eso: los diferentes estilos en las respuestas y productos de unos modelos y otros. Estamos en el momento de formación de AIgonautas. Y ya se sabe lo que engancha el momento formativo.

El AIgonauta es el vellocino de oro

Tal vez regreses hoy de unas venturosas y aventuradas vacaciones en esos mares que surcaban los argonautas. Dichoso o dichosa tú. Regreso con un espíritu henchido de renovación. Tal vez, como el de esos héroes mitológicos que navegaban en el Argos. Con espíritu de mito clásico te insertas en el mito moderno del regreso de las vacaciones veraniegas.

El poeta griego Konstantino Kavafis pedía que el viaje fuera largo, sin temer a los lestrigones, ni a los cíclopes. Las vacaciones de verano han sido cortas; pero suficientes para que la industria de la atención haya generado un nuevo monstruo: el AIgonauta. Un monstruo dirigido por el cíclope monóculo de la correspondiente operadora de inteligencia artificial, porque el AIgonauta es el vellocino de oro.

Comparte esto: