Dos tiempos de la blockchain en España: Alastria e ISBE. La historia de la blockchain en España no es lineal ni ordenada. Es una historia de adelantarse, esperar, corregir y, finalmente, institucionalizar. En ese recorrido, dos nombres marcan etapas claramente diferenciadas: Alastria e ISBE. No compiten entre sí ni representan visiones opuestas, pero tampoco ocupan el mismo lugar. Cada una responde a un momento distinto del ciclo tecnológico y político de la blockchain.
Entender esta diferencia es clave para comprender por qué hoy Alastria ya no es la protagonista y por qué ISBE ocupa el centro del escenario.
2017, cuando la innovación iba por delante del Estado
En 2017, España fue uno de los primeros países europeos en articular un gran consorcio blockchain de alcance nacional. Nacía Alastria, una asociación sin ánimo de lucro que agrupaba a grandes empresas de banca, energía, telecomunicaciones, despachos de abogados, universidades e instituciones públicas. En aquel momento, se presentó como la primera red nacional regulada basada en blockchain del mundo.
El contexto es importante. No existía eIDAS 2, no existía un marco jurídico europeo claro para registros distribuidos con valor legal. La innovación iba por delante de la regulación. Alastria nació precisamente para cubrir ese vacío. Su objetivo era crear una infraestructura blockchain pública y neutral, alineada con las directrices europeas, que permitiera desarrollar servicios digitales seguros, eficientes y conformes con la normativa. Desde el inicio puso el foco en identidad digital, contratos inteligentes, tokenización de activos y colaboración público-privada, anticipándose a debates que tardarían años en institucionalizarse.
Así es ISBE: la autopista blockchain de España para el futuro digital
En esa fase, Alastria lideró la innovación blockchain en España. No porque fuera perfecta, sino porque no había alternativa institucional.
2018/2021, del entusiasmo al ajuste
Sin embargo, el entusiasmo inicial dio paso al conocido como valle de la frustración, especialmente visible a partir de 2019 y acentuado durante la pandemia. Muchos proyectos no encontraron retorno inmediato y blockchain dejó de ocupar el centro del discurso tecnológico.
Lejos de desaparecer, Alastria ajustó su papel. Pasó de presentarse como infraestructura en sí misma a consolidarse como ecosistema, foro técnico, espacio de estándares y laboratorio de casos de uso. Ese cambio no fue un fracaso, sino una adaptación a una realidad evidente. En paralelo, la Administración seguía sin dar el paso definitivo.
2023/2024: Europa
El verdadero punto de inflexión llega con la aprobación de eIDAS 2, el 30 de abril de 2024 y su posterior entrada en vigor el 20 de mayo de 2024, y la introducción del concepto de Qualified Electronic Ledgers. Por primera vez, la Unión Europea define un marco jurídico para infraestructuras blockchain con valor legal, integradas en los servicios de confianza digital.
A partir de ese momento, la blockchain deja de ser solo una tecnología prometedora y pasa a convertirse en infraestructura estratégica de soberanía digital. Y cuando una tecnología entra en ese terreno, el liderazgo deja de ser exclusivamente técnico o empresarial para convertirse en institucional. Es aquí donde aparece ISBE.
ISBE: institucionalización, financiación y calendario europeo
ISBE (Infraestructura de Servicios Blockchain de España) entra en funcionamiento en 2025 con un planteamiento muy distinto al de Alastria en 2017. ISBE no nace para experimentar ni para explorar casos de uso, sino para operar con gobernanza definida, auditoría, participantes identificados y alineación explícita con el marco europeo.
Un elemento clave es su financiación. Según ha explicado Miguel Ángel Domínguez, presidente de Alastria, ISBE se articula a través del programa RETECH (Redes Territoriales de Especialización Tecnológica) y se financia con fondos Next Generation EU. El proyecto fue impulsado por las propias empresas del ecosistema de Alastria, presentado al Gobierno central y seleccionado como uno de los once proyectos RETECH a nivel nacional, con el liderazgo de la Comunidad de Madrid.
La inversión total ronda los 18 millones de euros, combinando fondos europeos y aportaciones de varias comunidades autónomas. Parte de esa ejecución recae en Alastria mediante un convenio, lo que subraya el papel destacado de Alastria. ISBE introduce un factor decisivo, como son plazos, presupuesto y responsabilidades públicas. La blockchain ya no avanza al ritmo de la innovación, sino al de la ejecución administrativa.
Quién lidera ahora
En esta nueva fase, el liderazgo se reparte de forma muy distinta. Europa lidera normativamente, definiendo qué es válido y qué no. La Comunidad de Madrid lidera la ejecución y la visibilidad institucional. Grandes integradores y proveedores de servicios de confianza sostienen la infraestructura. El ecosistema, con Alastria como referencia histórica, aporta conocimiento y experiencia.
El Estado central aparece de forma difusa. No desaparece, pero tampoco ejerce un mando único. El resultado es una blockchain institucional construida por capas, donde el poder está fragmentado.
¿Demasiado tarde o justo a tiempo?
Desde la perspectiva del ecosistema blockchain más abierto, ISBE llega tarde. Llega después de que la innovación haya ocurrido en redes públicas y descentralizadas, y después de que muchos modelos se hayan probado sin necesidad de infraestructuras institucionales. Desde la perspectiva del Estado y de la Administración, ISBE llega justo a tiempo. Cuando existe un marco jurídico europeo, financiación y urgencia por transformar servicios públicos.
Mirado con perspectiva, el reparto de papeles resulta más claro. Alastria lideró la innovación blockchain, cuando no había reglas, dinero ni respaldo institucional. ISBE lidera ahora su institucionalización, cuando la blockchain se convierte en infraestructura pública, regulada y financiada.
No es una sustitución. Se trata de una transición. Pero una transición que deja preguntas abiertas sobre descentralización, sobre captura institucional de la innovación y sobre el espacio que queda para experimentar cuando la tecnología entra en el perímetro del Estado.
Uso real
Alastria fue la respuesta del ecosistema a la ausencia del Estado. ISBE es la respuesta institucional a una tecnología que ya no puede quedarse en el laboratorio.
No obstante, para que ISBE funcione de verdad no basta con que exista una red, una gobernanza definida y financiación europea. Lo que falta es uso real. ISBE necesita casos de uso en producción, no pilotos controlados. Necesita que administraciones concretas integren la infraestructura en trámites reales y la conviertan en parte obligatoria de sus procedimientos, no en una opción experimental.
También requiere interoperabilidad con los sistemas que ya existen, claridad sobre quién asume la responsabilidad legal cuando algo falla y, sobre todo, incentivos claros para que el ecosistema tecnológico la utilice sin percibirla como una capa burocrática adicional. Sin esa combinación de adopción, integración y responsabilidad, ISBE corre el riesgo de convertirse en una infraestructura correcta sobre el papel, pero irrelevante en la práctica.
El ciudadano
Esta distancia entre infraestructura y uso se aprecia especialmente desde el punto de vista del ciudadano. Un usuario común no accede directamente a ISBE, ni gestiona claves ni entra en una blockchain institucional. ISBE está pensada para ser invisible. Su valor aparece cuando simplifica trámites que hoy son lentos y redundantes.
Por ejemplo, al solicitar una ayuda pública, una beca o una prestación, la administración suele exigir certificados de identidad, situación bancaria o datos emitidos por otros organismos. En un escenario apoyado en ISBE, esos datos podrían verificarse directamente entre las entidades emisoras, administraciones, bancos o universidades.
El éxito de ISBE no será que los usuarios sepan que existe, sino que dejen de repetir trámites, de imprimir certificados y de justificar una y otra vez la misma información. Solo cuando esa mejora sea perceptible en la vida cotidiana, ISBE habrá dejado de ser una infraestructura institucional para convertirse en un servicio público real.
Así, la cuestión que queda por resolver no es quién lidera hoy, sino cómo evitar que la institucionalización termine neutralizando aquello que hizo valiosa a la blockchain en primer lugar. Porque si algo demuestra esta historia es que llegar tarde también tiene costes, incluso cuando se llega con dinero, normas y poder.

