Las criptomonedas seducen
Las criptomonedas seducen

Las criptomonedas seducen

Las criptomonedas seducen. Las criptomonedas están cada vez más presentes en nuestras vidas. Diecisiete años de edad y siguen creciendo. Todo ello a pesar del desprecio institucional de los inicios y las grandes resistencias posteriores. Y es que las criptomonedas seducen. Pero ¿por qué seducen?

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Estaría la respuesta racional. En buena parte vinculada a la envoltura argumental -incluso ideológica- que le dio origen. Hablamos, entonces de cuestiones como libertad financiera o desconfianza institucional. Libertad financiera porque las promesas incorporan la expectativa de escapar del control de gobiernos y bancos del sistema financiero tradicional. Las cripto nacen como una especie de bandera de libertad. Un sistema financiero que ha ido ganando en desconfianza con el encadenamiento de crisis tras crisis a partir de los años noventa del siglo pasado. A esta desconfianza institucional, se añade la que tiene por foco los ciudadanos de países con años, también encadenados, de galopante inflación. Aquí las cripto son un refugio, un rincón de estabilidad.

Las criptomonedas seducen

Hay más respuestas de esas consideradas racionales. En especial, aquella que pone el acento en su capacidad para acumular ganancias en poco tiempo. Eso sí, deja a un lado la volatilidad y, por lo tanto, los riesgos que se asumen de pérdida. Pero parecen llegar mejor los ecos de quienes se han hecho con una fortuna gracias a las cripto, que los que hablan de perdedores de su patrimonio por inversiones en cripto, que también los hay. Ahora bien, la razón se impone a quienes han mantenido durante mucho tiempo su inversión en criptos fundamentales, como Bitcoin o Ethereum. Desde las gráficas de cotización, es una respuesta racional.

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Después están las respuestas por la vía de ese difuso concepto que es la identidad. Hablaríamos entonces de seducción identificada, especialmente dirigida hacia ciertos grupos sociales. Es la identidad, también originaria, que conecta con movimientos culturales. Desde el cypherpunk a los NFT.

Explicaciones de la seducción de las cripto que ponen en su centro un concepto de gran interés sociológico, como es el de comunidad. Realmente está todavía por estudiar; pero el papel de las cripto es fundamental en el paso de la fijación de sentimientos de comunidad en ámbitos más o menos locales o regionales, o en consumos musicales, a hacerlo en una comunidad global que comparte valores, tales como la autonomía, la innovación o la rebeldía.

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Dentro de la categoría de respuestas que utilizan el concepto de identidad, cabría incluir lo que llamaríamos seducción de las cripto por afinidad o identidad derivada o identidad vecinal. Me refiero a la que viene de la atracción de la tecnología blockchain. Una tecnología que ofrece transparencia, seguridad y descentralización es un buen reclamo para programadores en particular y todo entusiasta de la innovación en general.

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Todas estas respuestas son las que en mayor o menor grado han circulado para intentar explicar lo que, sobre todo desde el centro de las instituciones principales del sistema financiero tradicional, no acaban de explicarse: el atractivo de las criptomonedas entre la gente. Para ellos, sobre todo si nos retrotraemos a los momentos de despegue de las cripto, es inexplicable la seducción generada por las cripto. Seguramente lo que es inexplicable para ellos es la propia seducción.

Las cripto seducen por esa sensación de poder que dan a sus poseedores y no por el poder que tengan. Es más, podría decirse que nos seducen desde su debilidad, frente a las monedas fuertes. Y es que la seducción no se hace desde la fortaleza propia, sino desde la fortaleza de los seducidos. A partir de la fortaleza de quienes las adquieren.

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La realidad

Seducen porque, más allá o más acá de la especulación está el juego. Comprendo que a quienes han hecho un negocio de las cripto esto les suene a blasfemia y consideren que merezco un escarnio, pero detrás de los primeros escarceos de muchas personas con las cripto está el placer del juego. La sensación de estar jugando. De entrar en ellas para jugar.

El juego es otra forma de vivir la realidad. De construir la realidad. Es una reconstrucción de la realidad. Seguramente porque la realidad, tal como está, nos seduce poco o nada.

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Por cierto, quienes critican las cripto hacen constante referencia a la realidad: “No hay realidad”, “no hay una economía real”, tras las criptomonedas… Como si la realidad fuera la moralidad o, mejor dicho, instituyendo la moralidad de lo real, de lo productivo… de un mundo desencantado… Es como si, en las relaciones de pareja, apelaran a la pornografía y dijeran: “¡Ahí hay realidad!” o “¡Esta es la realidad!”. La realidad como el grado cero de la seducción y el juego.

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¿Dónde está la realidad, tan cacareada, del dinero fiat? En la producción imaginaria de los Estados…. ¿En su deuda? Es una realidad sin juego y sin realidad misma. Una renovación del realismo al que apelaba el estalinismo del siglo pasado. Una realidad que se impone. Porque no seduce.

Javier Callejo
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