Las noticias falsas y el ecosistema comunicativo de las criptoLas noticias falsas y el ecosistema comunicativo de las cripto

Las noticias en general corren y atraviesan aceleradamente el ecosistema cripto. En su mayor parte, se trata de un ecosistema fuertemente vinculado con la información, muy bien informado. Especialmente cuando se trata de aspectos relacionados con el propio ecosistema. La información alcanza hasta sus últimos rincones en pocos minutos. Seguramente fruto de su lógica volátil, que inyecta demanda de información continua e instantánea sobre el estado de salud del ecosistema, sus componentes y sus actores, nos representamos a los sujetos con criptomonedas como una prolongación de su terminal enganchado a la información. Véase, por ejemplo, el tokenizado documental Bull Run.

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Noticias falsas cripto

Por ello, ha de cobrarse conciencia de cómo se está erigiendo el ecosistema comunicativo que, a modo de espejo, sigue el ecosistema cripto. Se trata de un ecosistema comunicativo que puede considerarse muy particular y especializado. Centrado casi en exclusiva en lo que ocurre en el ecosistema cripto y, sobre todo, vertebrado sobre las redes sociales: Telegram, X, Linkedin, dominan entre las redes sociales de esta parte del planeta.

Un ecosistema comunicativo que, en cierta forma, comparte con el propio ecosistema cripto ese aire de descentralización, donde, de una manera híbrida, se ensamblan lo comunitario, lo personal y lo masivo. Tan personalizado, que cualquiera puede intervenir. Será escuchado en función de la posición que se le atribuye en el propio ecosistema cripto. Tal comunitario, que se asemeja a una gran comunidad global, que comparte intereses, casi con un lenguaje propio. Tan masivo, que apenas se sabe algo sobre las caras de los orígenes y destinos de los mensajes que circulan en tales redes. Pero, sobre todo y esto no puede olvidarse, destaca por su instantaneidad.

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Para lo bueno, para lo malo y para lo regular el ecosistema comunicativo preferente del ecosistema cripto son las redes sociales. El sistema comunicativo institucionalizado que hemos venido conociendo hasta ahora es el que se sostenía sobre los medios de comunicación centralizados. Los tradicionales: diarios, revistas, emisoras de radio, canales de televisión. Con su profesionalidad, sus responsabilidades y, también, sus intereses, tanto en relación con la producción de audiencia, como con sus anunciantes y accionistas. Algo que deriva en una forma de actuar y, sobre todo, un ritmo de la información que tal vez no sean los más ajustados a las demandas del ecosistema cripto. Pero no puede dejarse a un lado esa profesional e institucionalizada responsabilidad sobre los mensajes emitidos.

Redes sociales

En las redes sociales, la supervivencia existencial de los mensajes está directamente vinculada a su capacidad de carrera. Ello es debido a que los receptores son, a su vez, emisores. Así, cabe calificar sus mensajes en un eje que tiene como polos, por un lado, el mensaje sin recorrido, que ninguno o casi ninguno de los receptores, más allá de su emisor original, asume como propio y relanza, a la vez, a su propia red social.

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En el otro polo, los mensajes que llaman la atención, que recorren la red social como la pólvora. A veces, haciéndola explotar. El problema es que tal capacidad de recorrido acelerado por las redes sociales frecuentemente no tiene que ver con la verdad, sino con otras características del mensaje. Basta que sea verosímil, razonable, desde la perspectiva de sus referencias. De lo que los lingüistas llaman la función referencial.

Dejamos a un lado aquí las otras funciones, como: la función poética o estética del mensaje, la función de mantener en contacto a los miembros de la comunidad que interactúa en la comunicación (denominada fática), la función expresiva, la función de hablar sobre el código presente en el mensaje (denominada metalingüística) o la función de condicionar el comportamiento del receptor, denominada conativa y con especial preponderancia en las redes sociales. Para terminar esta académica diatriba, subrayar la interrelación de todas estas funciones en el mensaje.

Las noticias falsas cripto

En el caso de los mensajes en las redes sociales, dada su velocidad de acción, uno de los problemas es que un mensaje erróneo, sin relación con la verdad, puede afectar comportamientos rápidamente. Si hablamos del actual momento del ecosistema cripto, las reacciones a informaciones tienden a tener esa característica de la inmediatez, pues, en muchos casos, cuanto antes se reaccione mayores serán las ganancias, o menores las pérdidas. Pues se trata de esto.

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Durante esta semana hemos asistido a un acontecimiento que pone de relieve todo esto. El precio de un determinado token se disparó a raíz de las noticias falsas que decían que la mayor empresa de gestión de activos del mundo estaba preparando un fondo cotizado (ETF) de dicho token en Estados Unidos. Noticia que se difundió rápidamente en X.

No es la primera vez que ocurre algo parecido, aunque no tanto por noticias falsas. Hay que recordar las repercusiones de aquellos mensajes de Elon Musk sobre el uso de criptomonedas para la adquisición de los productos de sus fábricas. El ecosistema cripto reacciona con rapidez a toda información. A todo mensaje. Pero no es el único.

Extrapolable a otros ámbitos

A lo anterior hay que añadir la reflexión que lo que pasa en el ecosistema cripto con la información es extrapolable a muchos otros ámbitos de la vida social, política y económica. Hay que reconocer que las redes sociales ocupan el centro del conjunto del sistema de comunicación y, por ende, de la esfera pública.

Ocurre, por ejemplo, en la Bolsa de Valores, sin que los supervisores de turno tengan mucha capacidad de acción. Las recomendaciones de adquisición o venta de valores presentes en las redes sociales también están fuera de control. El supervisor está limitado, en su acción, a controlar el potencial uso de información privilegiada para poder sancionar. Pero, por definición, la información privilegiada es la información exclusiva. Es la información que no se pone masivamente a disposición de los demás.

Ocurre en otros muchos ámbitos. Tal vez porque la vida en general es más volátil. Aunque no parece difícil dirimir si, por haberse hecho más volátil y en continua atención-reacción a los acontecimientos, las redes sociales han venido a ocupar un lugar central de la misma; o, viceversa, si es esta lógica de la comunicación, abierta constantemente a acontecimientos inesperados -a “cisnes negros”, en términos de Taleb-, la que nos ha conducido a una experiencia vivencial de la volatilidad del mundo. En todo caso, la dependencia del ecosistema cripto de un ecosistema comunicativo vertebrado casi exclusivamente en las redes sociales merece, al menos, una reflexión.

Javier Callejo
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