bien común criptomonedas

La espectacular alza en la cotización de bitcoin ha generado numerosas interpretaciones. Las reduciré a cuatro. Simples, compartidas y articuladas entre sí: a) más gente y, sobre todo, más instituciones/corporaciones están interesadas en adquirir bitcoins; b) este mayor interés deriva de la configuración de las criptomonedas como depósito patrimonial, como refugio; c) tal configuración es fruto de la percepción de debilidad de otros productos de depósito, como pueden ser otras monedas (dólar, euro, etc.); d) la debilidad de las monedas fiat se explica fundamentalmente por el tamaño –gigantesco- que están adquiriendo las deudas de los distintos países, aceleradas especialmente por la necesidad de recursos para actuar contra los efectos económicos y sociales de la pandemia.

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Deuda de los estados, criptomonedas y bien común

Los actores privados –ciudadanos, consumidores, empresas- quieren proteger sus patrimonios de los estados. En especial, de unas previsibles y temidas políticas económicas de los gobiernos para enfrentarse a sus déficits fiscales. Ahora bien, mientras, los gobiernos apenas regulan las criptomonedas. Esas masas dinerarias se están yendo a espacios distantes de los apetitos gubernamentales. Siempre que tales espacios generen confianza. Bitcoin ha pasado de ser objeto de desconfianza a protagonista de la confianza. Es decir, se produce una paradójica tensión que puede resumirse en: la deuda de los estados lleva a las criptomonedas, que parecen huir y desligarse de la deuda de los estados. En este panorama, los estados también necesitan confiar en bitcoin.

Se trata de una tensión que va a impulsar la regulación de las criptomonedas y la creación de nuevas monedas digitales, como no hemos visto hasta el momento. Los estados no van a quedarse con los brazos cruzados. Los estados también se están moviendo políticamente.

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Las propuestas están en ebullición, como la del anterior gobernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, de crear un nuevo Fondo Monetario Internacional encargado de coordinar una asimismo nueva moneda digital. Pero más allá de los proyectos de monedas digitales, está la cuestión de la circulación, actualmente paralela y bajo sospecha, de las criptomonedas.

Max Weber y la ética protestante

Hace poco más de un siglo, el sociólogo alemán Max Weber escribió una obra titulada La ética protestante y el espíritu del capitalismo. Entre otras muchas sugerencias, se establecía el vínculo histórico entre las propuestas de conducta terrenal de una doctrina con vocación ultraterrenal, el protestantismo, y los valores y actitudes en la emergencia y el desarrollo del capitalismo. Es decir, se fusiona lo material (terrenal) de lo supuestamente inmaterial (religión) en la ética, con lo inmaterial (valores) de lo que se supone exclusivamente material (capitalismo).

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Largos y profundos debates aparte, el vínculo establecido por Weber puede considerarse una de las bases de nuestra Modernidad. A partir de su publicación, todos los sociólogos tenemos un pequeño Weber en nuestro corazón que, a su vez, quiere imitarle y nos condena a quedarnos muy lejos de su magistral obra.

Relación entre estado y nuevo dinero

El caso es que intentamos proyectar su sentido y estructura a todas aquellas realidades sociales que enfocamos. Pues bien, es especialmente pertinente su proyección a una mínima reflexión sobre la actual relación entre estado y el nuevo dinero de las criptomonedas y, sobre todo, cuáles son los escenarios para que el encuentro entre estas dos partes se dé.

Por supuesto, no se trata de redactar un informe y, por lo tanto, sus detalles, extensión, completitud y profundidad es mínima. Incluso caricaturesca. Estaría de acuerdo, pero el informe tiene otros ámbitos de circulación y producción. De hecho, existe una múltiple, constante y continua redacción de los mismos, sobre este tema tan particular, en departamentos estatales, instituciones de organismos internacionales, empresas consultoras, entidades financieras y equipos académicos.

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Una reflexión que intente superar la negación respectiva. Hasta prácticamente ayer, los estados y las instituciones negaban el valor, casi la existencia, de las criptomonedas. A su vez, los criptomonetaristas niegan el valor de los estados. Sin embargo, siguiendo la estructura del proyecto weberiano, es posible fusionar los valores de protección de los derechos individuales de los estados democráticos, mientras intenta seguir atendiendo a los derechos sociales y colectivos, con la ética del bien común que subyace en el proyecto criptomonetarista.

Refugio de minorías

Si siguen viéndose como enemigos con imposible interlocución, las regulaciones serán peores y ni el estado podrá contar siquiera con una mínima proporción de la gran cantidad de recursos monetarios que se están yendo a las criptomonedas, y que las criptomonedas pueden producir; ni las criptomonedas se extenderán en la sociedad, pudiendo quedar condenadas a ser eso, refugio. Pero refugio de minorías. Eso sí, refugio de minorías con elevada cotización.

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En estados democráticos, las políticas públicas pretenden concretar las principales demandas de la mayor parte de la población. Para ello, requieren de medios, obtenidos, tarde o temprano, directa o indirectamente, a través de impuestos, incluyendo en este término la gran y creciente cantidad de figuras tributarias.

En el espíritu del criptomonetarismo late un anti-estatalismo más fundado en la huida tributaria, que en una reflexión de las formas alternativas de organizarnos como sociedad. No digo que estas no existan. Incluso ocupan algunas páginas míticas en los desarrollos iniciales de la historia del propio criptometarismo.

Comunas locales en Cataluña

De hecho y por no ir más lejos, en Cataluña se dieron algunas comunas locales, en las que el espíritu criptomonetarista y el propio Buterin estaban muy presentes. Ya habrá quienes redacten tesis sobre este episodio. Pero, ha de reconocerse que, en el balance de estos años de criptomonetarismo, la figura de Hayek se ha impuesto por goleadada a las de Proudhon, Bakunin o, si nos queremos remontar más atrás, de LaBoétie. Autor este último de uno de los escritos más luminosos e interesantes de la Filosofía Política, su Discurso sobre la servidumbre voluntaria.  Una reflexión contra el monopolio del poder, contra el absolutismo, que puede ser proyectado contra otros monopolios. Es lo que ocurre con los clásicos, especialmente este que se teje sobre los clásicos griegos y latinos, que tienen vigencia constante.

¿Y Hacienda? ¿Qué opina de todo esto?

Cuando hace una semana publiqué un post sobre las relaciones entre criptomonedas y fútbol, un amable lector se preguntaba de manera muy pertinente una especie de …. ¿Y Hacienda? ¿Qué opina de todo esto? Es tal el flujo dinerario que en las transferencias futbolísticas se juega, que parece lógico pensar que el gobierno fiscal del país está atento a la jugada. Es más, lejos de representar al gestor tributario como una especie de Gran Hermano que devora nuestros bolsillos, creo que cumpliría con su función estando muy atenta a los movimientos de todo dinero, sea nuevo o viejo.

El gran parecido entre Bancor, la moneda global de Keynes, y las stablecoins

La única forma de poder diseñar políticas públicas, incluidas las políticas redistributivas, es teniendo recursos. Estos recursos vienen de la recaudación, que ha de ser lo más justa y equilibrada posible. Otra cosa es que podamos –y debamos- criticar tanto la forma que toman las políticas públicas concretas, como la manera en que se lleva a cabo la recaudación. Concepciones del bien común y la gestión común que, con la razón histórica de su parte, pueden generar notables sospechas en la parte criptomonetarista. Pero que es posible que no estén tan lejos del desarrollo de algunas de sus formas de entender el bien común.

Foto: Las espigadoras, en wikipedia

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), especializado en la observación empírica de los comportamientos de consumo y de la recepción mediática. Licenciaturas en Periodismo y Derecho

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