CNMV, influencers, criptomonedas y las audiencias de los «chiringuitos comunicativos»

La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) ha llegado a un acuerdo con influencers para que la ayuden a concienciar a los más jóvenes de los peligros de los chiringuitos financieros y de la inversión en criptomonedas. De momento, se desconocen los contenidos concretos de estos acuerdos, incluidos en los programas de educación financiera fomentados tanto por el Banco de España, como por el Ministerio de Economía. La información ha sido adelantada por el diario económico Expansión.

Se han dejado caer algunas limitaciones en estos acuerdos. Así, no acogerán a los influencers que ya han hecho publicidad de los denominados chiringuitos financieros, los que han propuesto la inversión en alguna criptomoneda o los que paguen sus impuestos -y, al menos supuestamente, vivan- en Andorra.

CNMV e influencers

La definición de influencers está poco clara, ya que deriva del tamaño de su audiencia en redes sociales como Tik Tok, Twitter, Instagram, Youtube, Facebook u otras. Un tamaño cuya medición está a veces bajo sospecha. Pero de lo que no cabe duda es de que una parte importante de nuestros ciudadanos, millones de jóvenes especialmente, se informa, entretiene, socializa e incluso educa a través de estos medios de comunicación digitales. Otra de las cosas de las que no cabe duda, es que los criterios de exclusión de influencers de la CNMV reducen bastante el catálogo de influencers importantes a los que incluir en la campaña.

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Ente los influencers que han empezado a participar en esta campaña se encuentra Ignacio Gil Conesa, más conocido como Nachter. Él solito, con su humor, acumula casi 14 millones de seguidores entre Instagram y Tik Tok. Un creador de contenidos que no ha estado fuera de la polémica, como acusaciones de plagio, seguramente nacidas de la más pura envidia. En todo caso y sin que sirva esto para legitimar el plagio, seguramente una de las prácticas más deleznables en el sistema de comunicación mediada, son muchos los que plagian; pero muy pocos los que llegan a esas cifras de audiencia. Pero esta no es la cuestión aquí. Lo relevante es el cambio de estrategia de la CNMV en su lucha contra lo que considera chiringuitos financieros, porque no se ajustan a sus reglas, y las criptomonedas, producto financiero que parece haberse convertido en su enemigo número uno.

Chiringuitos comunicativos

La CNMV es ese elemento del sistema institucionalizado de protección que tiene por función guardar a los ciudadanos de los malos actores del campo financiero y, a la vez, de sí mismos y sus potencialmente alocadas o ingenuas inclinaciones al riesgo y hacerse un poco más ricos o, como ocurre en la mayor parte de las ocasiones, un poco menos pobres. Considera malos actores tanto a los que acuden a pescar ingenuos con aviesas intenciones de fraude, como a aquellos que, tal vez con buenas y leales intenciones, ofrecen productos de alto riesgo.

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Como buen guardián mira con sospecha casi todo movimiento y principalmente nuevo actor en el campo financiero. Especialmente aquello que no viene vestido con traje de “banco tradicional”. Ya se sabe que los guardianes lo son principalmente del orden establecido. Con particular recelo ha venido contemplando durante los últimos años esa alianza, como una especie de alianza del mal, entre lo que considera chiringuitos financieros y lo que seguramente entendía, antes de la decisión ahora tomada, como chiringuitos comunicativos: influencers en las redes sociales, blogs y otras fuentes digitales de emisión de contenidos que se encuentran fuera de los medios de comunicación institucionalizados. Es decir, los medios de comunicación que han pasado por la ventanilla especializada de la hermana grande de la CNMV, la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).

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La economía de los influencers

Seguramente la CNMV estaba siendo presa del terror, al ver que tales supuestos chiringuitos comunicativos, que anuncian chiringuitos financieros y empujan a inocentes ciudadanos a comprar criptomonedas, ganan la batalla de la atención a los supuestos formales e institucionalizados medios de comunicación. Es muy posible que sus muy formados miembros hayan leído con desasosiego el muy entretenido libro del periodista Symeon Brown: Get Rich or Lie Trying: Ambition and Deceit in the New Influencer Economy. Aparecido hace pocos meses, muestra la crudeza de esa economía de los influencers, abierta a todo tipo de publicidad, sin el menor de los escrúpulos. Sus bases están claras: audiencia-seguidores y publicidad. En muchas ocasiones, a cualquier precio.

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Ante la situación, la CNMV ha seguido el principio de: si no puedes con el enemigo únete a él. Y aquí tenemos a nuestro guardián de las prácticas de inversión fichando a los buenos influencers, en una operación que, siguiendo su marco, parece estar entre la de la policía contratando los líderes de las bandas para desactivarlas o la de la policía que se infiltra en la banda. Aquí, la CNMV infiltrándose en la banda de los influencers para que den sus mensajes educativos, en la misma lógica que antes daban mensajes de promoción de oscuros productos financieros o criptomonedas. 

Decisión valiente de CNMV

Ha de reconocerse que se trata de una decisión valiente. Otras instituciones guardianes de lo financiero, como la SEC en Estados Unidos, se inclinaron por duras sanciones. Tal vez con la intención de que los otros influencers escarmienten en cabeza ajena, multó a Kim Kardasian por anunciar tokens EMAX sin establecer claramente que se trataba de un mensaje publicitario, ni revelar que le pagaron 250.000 USD por el mensaje en Instagram. La sanción alcanzó los 1,26 millones de USD. Otros que se han visto bajo la porra sancionadora de la SEC han sido el actor Matt Damon o el boxeador Floyd Mayweather. En todos los casos, por promocionar la inversión en criptomonedas. Otros, como Elon Musk, parecen práctica y simbólicamente intocables. Al menos, de momento. Y no será porque no ha promocionado criptomonedas.

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Aquí la cosa se ha llevado por la línea de las más o menos indirectas amistosas advertencias. Así, el exfutbolista Andrés Iniesta ha dejado de decir en su perfil de Twitter lo bueno que era comprar criptomonedas en determinados exchanges. Es posible que el manchego siga teniendo, incluso aumentando, su cartera de criptomonedas. Pero ya no se lo dice a nadie. Al menos, no lo dice a través de sus redes sociales.

Medios de comunicación

Desde la perspectiva del legitimado guardián de lo financiero, es comprensible el paralelismo que pueda llevar a cabo entre influencers, entendidos como chiringuitos comunicativos, y chiringuitos financieros. Y que tal relación le preocupe. En ambos casos, no son reconocidos como, respectivamente, medios de comunicación o entidades financieras, por las autoridades gubernamentales donde actúan.

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Es más, puede decirse que unos y otros actúan más allá de los medios de comunicación institucionalizados o del sistema financiero convencional. Tal posición les da una flexibilidad de movimientos, de la que carecen las entidades reconocidas e institucionalizadas, al no estar sometidas a las condiciones y restricciones impuestas por los marcos legislativos para los operadores registrados e institucionalizados.

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Ahora bien, esto puede conllevar cierto riesgo para los usuarios de unos y otros, al quedar sin la protección directa implicada en el reconocimiento. Eso sí, eso no significa que chiringuitos comunicativos o chiringuitos financieros puedan saltarse las normas de carácter general, tanto para la actuación en el campo de la comunicación, como en el financiero. Es decir, un influencer, igual que un medio de comunicación, puede anunciar los servicios y productos de una entidad financiera no reconocida ni registrada en la CNMV; pero lo ha de hacer cumpliendo ciertas reglas.

Mensajes pagados

Entre ellas, señalar claramente a la audiencia que se trata de un mensaje publicitario, cuya emisión está pagada y no surge de la reflexión serena o del corazón autónomo del emisor o medio. Una señalización que puede llevarse a cabo mediante distintos procedimientos, ya sea por medios gráficos, ya sea directamente, advirtiendo que se trata de publicidad. Maneras que, por cierto, son “finamente” saltadas por muchos medios institucionalizados tradicionales de gran audiencia, como emisoras de radio y canales de televisión, cuando, por ejemplo, los presentadores de un programa cantan las loas de un producto o servicio.

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Otra de las restricciones es que no se puede mentir en los mensajes publicitarios. Aquí entramos en un terreno bastante resbaladizo en la mayor parte de los casos, pues ningún anunciante va a contar los defectos o desventajas de su producto. Sin embargo, en el caso de los productos financieros se establecen líneas que pueden considerarse bastante claras, como es la expresión real -no exagerada- de los potenciales rendimientos del producto y, sobre todo, la señalización de los posibles riesgos, que en muchos de los productos ofrecidos por los denominados chiringuitos financieros puede llevar a la pérdida de todo el dinero.

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Es más, desde el invierno pasado la CNMV (Circular 1/2022) exige la inclusión en un lugar relevante del mensaje de la siguiente advertencia cuando se trata de criptoactivos: mensaje de advertencia: «La inversión en criptoactivos no está regulada, puede no ser adecuada para inversores minoristas y perderse la totalidad del importe invertido». Además, las campañas masivas sobre criptoactivos necesitarán autorización previa. Incluso cuando la campaña publicitaria se base en la carísima acción de visitas a domicilio, lo que no deja de ser sorprendente que quede incluido en la referida circular de la CNMV. Una circular que ha cortado el flujo de financiación publicitaria que estaba llegando a medios de comunicación, clubes de fútbol, patrocinio de eventos artísticos y musicales.

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Por otro lado, la línea entre publicitar, asesorar y aconsejar es tan fina, que conviene sea reforzada con advertencias, para no llamar a engaño. En esa circular, la CNMV considera publicidad de criptoactivos toda la dirigida a inversores o potenciales inversores en España en la que se ofrezcan o se llame la atención, de forma implícita o explícita, sobre criptoactivos como objeto de inversión. Una consideración que después es atenuada dejando fuera de tal consideración de publicidad las publicaciones sobre criptoactivos que emitan los analistas financieros o comentaristas independientes, que no estén patrocinadas o promocionadas.

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Por lo tanto, cuando la referencia de los mensajes publicados en medios sean los criptoactivos, ha de señalarse claramente cuando se trata de un mensaje pagado. Habrá que ver si los educativos mensajes que trata de transmitir ahora la CNMV a través de los influencers, sobre el potencial peligro de la inversión en criptoactivos, incluyen el hecho de que se trata de un mensaje pagado.

 

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Javier Callejo
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