Criptomonedas: un desafío monetario para el sistema financiero internacional

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En abril de 2019, junto a mis colegas, los doctores José Manuel Guaita y Patricia Carracedo, publicamos el libro “Las criptomonedas: digitalización del dinero 2.0” . Una obra conjunta que culminaba un trabajo de investigación que yo había iniciado en solitario en 2017.

Por aquel entonces, las criptomonedas, aún cuando habían aparecido en el mercado en 2009 con la primera referencia a bitcoin, no pasaban de ser una manifestación sorprendente, extraordinaria y un tanto irreal. Pero, también, poco o difícilmente inteligible para muchos, incluidos algunos economistas y académicos.

Más allá de los espectaculares movimientos del mercado y del efecto tracción de la tecnología que les da soporte: blockchain; desde la comunidad financiera observábamos a las criptomonedas como un fenómeno monetario que representaba una interesante alternativa a las formas de dinero tradicionales. Al mismo tiempo, manteníamos un cierto consenso en considerarlo de corto alcance.

Tokenización de la economía

En las conclusiones de mi primer trabajo de investigación, presentado en julio de 2017 en la Universidad Internacional de Valencia, puede leerse:

“No me parece factible, a corto plazo, un escenario en el que las criptomonedas sustituyeran y desplazaran a la actual base de la oferta monetaria, tanto por la falta del necesario consenso (confianza) del consumidor minorista,  como por la resiliencia de los bancos centrales para mantener el monopolio del dinero fiat digital (CBDC), con la complicidad de los bancos privados.”

No es menos cierto que, trascendiendo su perímetro original, abrieron también la puerta hacia lo que hemos venido en llamar “Tokenización de la economía”.  Mostrando así al mercado una nueva forma de entender las relaciones económicas y financieras entre proyectos e inversores. En gran parte, gracias al desarrollo de las denominadas ICOs (Initial Coin Offering), mercado que eclosionó en 2017 con la misma velocidad y facilidad que languideció en 2018.

De la irrelevancia a la relevancia

Apenas un año después, nos encontramos un panorama de expectativas no cumplidas. Probablemente, por ser demasiado pretenciosas o exigentes en su implementación.

Se trata de un escenario plagado de interrogantes y de asimetrías regulatorias y donde los jugadores que controlan y monopolizan la oferta monetaria, se limitan a observar con frialdad y distancia un fenómeno que, en ningún momento, han considerado una seria amenaza.

Pero en este 2019, surge un imprevisto, un cisne negro, que no es otro que el lanzamiento de Libra, la criptomoneda impulsada por Facebook.

Sobre este proyecto se ha escrito mucho. Yo mismo lo he hecho desde muy diferentes perspectivas. Entre ellas, las  que, en mi opinión, han proporcionado al concepto de las criptomonedas la madurez necesaria para dejar de ser un simple fenómeno monetario.

En primer lugar, la causa: Libra se concibe como una stablecoin, una criptomoneda colaterilazada. 

La confianza

La curva de aprendizaje que muestra la experiencia fallida de otras stablecoins, obliga a diseñar Libra sobre una cesta de activos de respaldo seleccionados. El objetivo es claro: revestir una forma de dinero digital con una característica que le permita alcanzar un grado de adopción y uso generalizado en la comunidad: la confianza.

El precio a pagar por esta estructura de consenso consiste en asumir el rechazo conceptual y legítimo de buena parte de la criptocomunidad, que considera que Libra se aleja del paradigma de la descentralización.

En segundo término, el efecto. La reacción en cadena de los bancos centrales que a partir de Libra perciben una amenaza real para la oferta monetaria y una potencial interferencia en sus políticas monetarias.

En concreto, me refiero al papel del grupo de trabajo creado específicamente por el G7 dentro del Banco Internacional de Pagos de Basilea, para estudiar el impacto de este tipo de proyectos: (“Investigating the impact of global stablecoins”)

Un desafío relevante

Todas estas circunstancias nos llevan a un escenario muy diferente del inicial. A un escenario en el que lo que para muchos comenzó como simple fenómeno monetario, se ha convertido en un desafío. Es más, me atrevo a decir que estamos ante el desafío monetario más relevante desde Bretton Woods.

Un escenario, tal vez soñado y tal vez anticipado por Friedrich August von Hayek. En su mítica obra “La desnacionalización del dinero” (1976), el autor austriaco dejó escrito que:

“Lo que es muy peligroso, y debe evitarse, no es el privilegio del gobierno para emitir dinero, sino que tal privilegio sea exclusivo y que a la vez tenga el poder para obligar a la gente a usar el dinero y a aceptarlo a un precio determinado por el propio emisor”.

Francisco Isidro Núñez

*Profesor y Consultor en Finanzas

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