Qubic quiere alcanzar IA AGI y pone en jaque a Monero y Dogecoin
Qubic quiere alcanzar IA AGI y pone en jaque a Monero y Dogecoin

Qubic, entre la utopía de la AGI y la polémica por dominar blockchains como Monero y Dogecoin

Qubic, una compañía que mezcla blockchain, minería e IA y que ahora dirige su potencia minera hacia Dogecoin, está generando gran controversia. Su fundador, Sergey Ivancheglo, conocido como Come-from-Beyond, y uno de los cofundadores de IOTA, no solo busca innovar en el ámbito de la validación de transacciones, sino alcanzar la Inteligencia Artificial General (AGI) para 2027.

Qubic y Dogecoin

A diferencia de la IA actual, que se especializa en tareas concretas, como traducir idiomas, reconocer imágenes o generar texto, la AGI aspira a un nivel de inteligencia más parecido al humano: capaz de aprender cualquier tarea intelectual, razonar, transferir conocimientos de un campo a otro y adaptarse sin entrenamiento específico. Es decir, mientras la IA actual es estrecha y especializada, la AGI sería generalista, flexible y creativa. Para Ivancheglo, lograr este objetivo en apenas dos años convertiría a Qubic en el catalizador de una revolución tecnológica que trasciende la blockchain y podría redefinir la relación entre el ser humano y las máquinas.

Tras tomar el control del hashrate de Monero y votar para minar Dogecoin, Qubic ha puesto en jaque tanto la ética de la descentralización como la estabilidad de otras redes. Sin embargo, detrás de esta controversia Ivancheglo insiste en su deseo de usar la minería no para resolver acertijos inútiles, sino para entrenar modelos de IA que acerquen a la humanidad al umbral de la inteligencia artificial general.

De IOTA a Qubic: la ruta de un visionario

Pionero de la descentralización, Ivancheglo ya había dejado huella en la historia del criptoespacio: primero con NXT, en 2013, donde diseñó el primer protocolo Proof-of-Stake puro, y después con IOTA, en 2015, introduciendo el DAG (Directed Acyclic Graph) como alternativa a la blockchain tradicional.

En IOTA, Qubic nació como una especie de capa adicional: un oráculo capaz de llevar contratos inteligentes y cómputo distribuido al ecosistema del Internet de las Cosas. Pero las tensiones internas sobre la centralización y la gestión del proyecto  terminaron en ruptura. Ivancheglo abandonó IOTA en 2019, llevándose consigo la semilla de lo que hoy conocemos como Qubic.

Desde el inicio, Qubic quiso diferenciarse: open source, sin ICO y sin capital de riesgo detrás, sostenido por una comunidad que lo veía como un experimento radical. Su propio nombre lo refleja: “Qubic” evoca tanto a los qubits de la computación cuántica como a las estructuras tridimensionales, anticipando la ambición de convertirse en un ecosistema que uniera blockchain, IA y la ciencia más vanguardista.

Apuesta por Inteligencia Artificial General (AGI)

El salto cualitativo de Qubic llegó con la idea de usar la minería como herramienta para entrenar redes neuronales artificiales. Aquí entra en escena su modelo de «Prueba de Trabajo Útil» (Useful Proof-of-Work, UPoW), que cambia el paradigma: en lugar de gastar energía resolviendo cálculos sin utilidad (como ocurre en Bitcoin), cada ciclo de cómputo sirve para alimentar un sistema de IA. Una visión vinculada al objetivo de alcanzar la AGI en 2027. Para Ivancheglo, Qubic puede ser el motor comunitario que acelere esa transición, democratizando el acceso a una IA general que no quede en manos exclusivas de corporaciones o gobiernos.

TE CONTAMOS LA CRISIS DE MONERO POR EL ATAQUE DEL 51% PLANIFICADO POR QUBIC

Monero: la prueba de fuego

En julio de 2025, Qubic sorprendió a la industria cripto con una acción que muchos calificaron de temeraria: alcanzar el 51% del hashrate de Monero (XMR), una de las criptomonedas más emblemáticas en materia de privacidad. Durante unas horas, seis bloques fueron reorganizados, un gesto que en la jerga cripto equivale a una demostración de fuerza, casi un aviso de que la red había quedado bajo control ajeno.

Para Ivancheglo y la comunidad de Qubic, en lugar de un ataque fue una prueba de estrés, diseñada para mostrar las vulnerabilidades de un modelo de prueba de trabajo tradicional frente a su propuesta de «Prueba de Trabajo Útil». Pero los mercados y los exchanges reaccionaron alarmados. La plataforma Kraken suspendió temporalmente los depósitos de XMR y la comunidad de Monero acusó a Qubic de dinamitar los valores de la descentralización y confianza que sostienen a cualquier blockchain. El suceso abrió un debate sobre dónde termina la innovación y dónde empieza el abuso de poder en un ecosistema descentralizado.

Dogecoin: ¿minería o dominación?

Apenas unas semanas después, el 17 de agosto, Qubic volvió a ocupar titulares. Esta vez no se trataba de Monero, sino de Dogecoin (DOGE), la criptomoneda meme por excelencia. La comunidad de Qubic votó masivamente a favor de destinar su potencia minera a Dogecoin.

La noticia ha provocado cierta preocupación y si lo de Monero se interpretó como un experimento, lo de Dogecoin está siendo visto como una jugada para atraer mineros, obtener ingresos para quemar tokens QUBIC (creando presión deflacionaria) y, de paso, exhibir la capacidad de doblegar redes enteras. Aunque Ivancheglo ha dicho que se trataba de minería legítima, no de un ataque, el precedente con Monero hace difícil creer que no exista la tentación de probar otra reorganización de bloques.

De hecho, el impacto en Dogecoin fue inmediato, con un caída del 4,5% en su precio, cotizando a esta hora a 0,22 dólares. Mientras, la comunidad cripto se divide entre quienes ven a Qubic como un pionero que sacude el statu quo y quienes lo señalaban como una amenaza para la estabilidad del ecosistema. Si atendemos a las declaraciones de Ivancheglo, el comportamiento de Qubic parece responder a un deseo de demostrar superioridad técnica frente a otras cadenas, atrayendo a mineros desencantados con rentabilidades en declive. Lo que parece claro es que Qubic se mueve entre la innovación y la agresión, desatando admiración y recelo a partes iguales.

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