El discurso más esperado en Davos era el del Presidente de Estados Unidos. Ni defraudó, ni entusiasmó. Tal vez atemorizó a algunos, a los que desde el principio de su locución calificó como enemigos. Lo cierto es que su tono de suficiencia de poder es poco atractivo y muy intranquilizador. Apenas dijo algo nuevo. Se dedicó a describir su nuevo mundo feliz, en cómo nos lo está creando. Incluso dejando entrever lo poco que se lo agradece el conjunto de la Humanidad. Pues bien, en ese nuevo mundo feliz del discurso trumpiano hubo un momento para las criptomonedas. Es decir y teniendo en cuenta el emisor del discurso, se certifica que las criptomonedas estarán en el nuevo mundo feliz.
Trump en Davos
Todo un síntoma que la reunión de Davos quede condensada en el mensaje del Presidente estadounidense. Es como si su palabra bastase. Una reunión que, en su más de medio siglo de vida, ha estado idealmente configurada como un momento de encuentro entre líderes globales, en pie de igualdad, para discutir los problemas del mundo, ha quedado reducida a un «aquí mando yo y los problemas los soluciono yo como yo quiero que se solucionen».
Es más, el lema de la 56ª Reunión Anual del Foro Económico Mundial celebrada en la ciudad suiza durante esta semana era: “El espíritu del diálogo”. Pero más se ha parecido al espíritu de la colmena, con una gran abeja reina. Más que una reunión entre iguales, se ha parecido a una reunión en el despacho del jefe donde este hace ostentación de sus logros, de lo que piensa hacer y, tal vez lo más importante, lo que espera que hagamos los demás, con una especial regañina para los europeos en general y los españoles en particular. Se escuchó algo parecido a un: os quiero mucho europeos, y no me gustaría tomar medidas que no quiero tomar. Como un jefe a un empleado subordinado, que no parece estar cumpliendo satisfactoriamente su función. Davos se ha convertido en el despacho del jefe.
El ejecutivo orgánico del capitalismo
Tras ser presentado por el anfitrión de la reunión de este año. Nada más y nada menos que Larry Flink, el actual ejecutivo orgánico del capitalismo, dedicado a la función de colonizar el futuro para este sistema económico. También todo un mensaje desde Davos: no se trata de arreglar los problemas del mundo, sino de garantizar la supervivencia del capitalismo. En este contexto y desde el primer momento, Trump empezó a contar lo fenomenal que le va al mundo desde que llegó por segunda vez a la Presidencia. Lo dijo: “He venido al Foro Económico Mundial de este año con noticias verdaderamente fenomenales de Estados Unidos”.
Mientras que el mundo parece desmoronarse, la paz tiembla, el orden mundial aparece como fruto de la imposición, la democracia en Estados Unidos se diluye como azucarillo en el agua y el fantasma del totalitarismo sangriento se deja ver en forma de sumarias ejecuciones callejeras en Minneapolis, Trump nos habla de su nuevo mundo feliz.
Pues bien, en este nuevo mundo feliz hubo un minuto para las criptomonedas. El actual orden económico mundial aparece como viejo, en fase de desaparición, y entre los rasgos del nuevo se encuentra el protagonismo de las criptomonedas.
La regulación
Introdujo las criptomonedas a partir de la denominada Ley Genius (Guiding and Establishing National Innovation for U.S. Stablecoins). Según las propias palabras de Trump, se trata de una regulación para estructurar el mercado de criptomonedas. Hace mucho tiempo que el ecosistema demanda regulación y regulación, como si valiera cualquier regulación, con tal de que hubiese una, siempre que fuese “made in USA”. El propio Flink ha argumentado que el desarrollo de las criptomonedas esta siendo lastrado por falta de regulación.
Según esta perspectiva, la regulación es la pesada mochila de las criptomonedas que no se acababa de abrir. Sobre todo si no era una regulación estadounidense. Pues bien, la referida Ley Genius tiene como objetivo principal establecer un marco regulatorio federal para las stablecoins de pago, garantizando la transparencia, estabilidad y seguridad del consumidor. La norma busca fortalecer el mercado, impulsar la innovación financiera, establecer reservas 1:1, protegiendo al usuario ante insolvencias y combatir el lavado de dinero.
Las razones argumentadas para el apoyo a las criptomonedas fueron cuatro sintetizables en un lema general: las criptomonedas para los americanos. Hay que aclarar que, en el idioma de Trump, americanos quiere decir estadounidenses. El primero es el argumento de los principios, en el que se dice que su política a favor de las criptomonedas tiene por finalidad cumplir con el principio de libertad financiera para los americanos.
Devolver el favor
La segunda razón está también relacionada con los principios, aunque de otro tipo. Se trata de devolver el gran apoyo que su candidatura presidencial recibió de la industria cripto. Trump pone así de manifiesto que personalmente cumple con promesas, compromisos y amenazas.
La razón tercera puede considerarse una convergencia de las dos anteriores, ya que estriba en devolver el favor a los usuarios de cripto norteamericanos que le ayudaron a ganar las elecciones. Reconoció que las ganó en buena medida porque muchos usuarios votaron contra Biden. Al menos, asume que no le votaron a él por sus promesas o atractivos, sino porque su antecesor tuvo la torpeza política de estar en contra de las criptomonedas.
La cuarta razón presente en su discurso de apoyo a las criptomonedas es de orden geopolítico. Se trata de hacerse con el mercado, antes de que lo haga China. El objetivo es dominar el mercado, bajo la figura de convertir a América en la «capital mundial de las criptomonedas».
En el despacho de Davos, el jefe Trump se despachó a sus anchas. Para darse cuenta de ello sólo hace falta ver su disposición corporal. Echó la bronca a unos; mientras agradeció el esfuerzo recibido de otros. Entre estos últimos se encuentran las criptomonedas.
Palabras de agradecimiento que parecen la certificación de tener un puesto en el nuevo mundo feliz de Trump. Lo que no sé es si teniendo amigos así la imagen de las criptomonedas y, por lo tanto, su uso, se verá beneficiado o se erige un muro ideológico alrededor de ellas. Tal vez convendría que Trump quitase sus manos de las cripto.
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