El primer ministro canadiense Mark Carney ha dicho una de las grandes frases de Davos, que hay que reconocer que ha sido rico en frases. Se está demostrando que cuanto más inútil es una reunión de grandes líderes, más fluida es la circulación de frases. La lengua de los líderes se suelta con mayor facilidad cuando hay menos cosas en juego. Son discursos sin riesgo. Pues bien, la de Carney es para enmarcar: “las potencias medias deben actuar juntas porque si no estás en la mesa, estás en el menú”.
Una frase de sentido geopolítico que resume el lugar en el que están los países que no parecen estar invitados a la mesa, como ocurre con los europeos, y que tiene su proyección en el campo tecnológico. Un campo geopolíticamente central. Y dentro de las estrategias tecnológicas se encuentra la de blockchain.
Estamos todavía en Davos, con sus ecos, cuando nadie queda allí, ni siquiera la montaña mágica de Thomas Mann. Pero cuando se reciben múltiples indicios de que todo está cambiando de raíz, como dirían los paleocomunistas, lo de Davos certifica el cambio del mundo. Un mundo convertido en una mesa en la que sólo se sientan los que tienen fuerza y poder. Muy pocos países.
En primer lugar, el país que se ha erigido en anfitrión, Estados Unidos, y está diciendo que no está dispuesto a pagar el cubierto de otros, como esos amigos o parientes pobres en que se han convertido las potencias medias occidentales en general y europeas en particular. Por capacidad económica, política y tecnológica, el otro comensal es China, que mira, come y calla. Comer y hablar a la vez produce muy mal efecto. Estados Unidos habla. China come. Los demás esperan a ser invitados, cuando se trata de una mesa a la que se accede por derecho propio.
La agenda de Davos retrata a una Europa preocupada por cerrar brechas
Davos ha sido la ventanilla en la que se han certificado las reglas de la mesa mundial. Un proceso de certificación del cambio del mundo que se aprovecha para dejar huella con sentencias para la posterioridad. Como la de Carney. Una frase que certifica que geopolíticamente el mundo se lo juegan entre unos pocos y que la tecnología es importante en ello, que Estados Unidos está dispuesto a competir fuerte en innovación tecnológica, pues es uno de los núcleos del enfrentamiento mundial. Dominará el mundo quien tenga la capacidad de imponer su tecnología. Y en el parquet tecnológico mundial también está blockchain.
Carney es ahora primer ministro de Canadá, un país que se ha identificado como tal potencia media. Antes, entre 2013 y 2020, fue gobernador del Banco de Inglaterra. Desde tan privilegiada responsabilidad, se manifestó varias veces en relación con las criptomonedas y blockchain.
Se mostró especialmente distante y crítico con respecto a las criptomonedas. Bajo el argumento de su volatilidad, no las consideraba como un dinero igual que el denominado dinero tradicional, refiriéndose al dinero emitido por el Estado. Manifestaciones razonablemente lógicas, en defensa del dinero que emite el Estado, teniendo en cuenta que estaba en la cúspide de una de las instituciones estatales más vinculada a la práctica de la emisión de moneda estatal.
Ahora bien, su oposición a las cripto ha venido siendo moderada. Abogaba por una regulación rigurosa. Demanda una regulación similar a la que tienen otros elementos e instrumentos del sistema financiero. En ningún momento ha propuesto prohibirlas, ni las ha dibujado como una amenaza para el sistema financiero, siempre que estén bajo un paraguas regulatorio.
Con respecto a blockchain, la posición de Carney era distinta. Se reconoció interesado por esta tecnología. Es decir, blockchain sí; criptomonedas menos. Pero ¿en qué nivel está el desarrollo de blockchain de estas potencias medias? Podemos trasladar el dilema de Carney de la geopolítica a blockchain: ¿pueden las potencias medias, como las europeas, juntarse para una estrategia común en blockchain que pueda, al menos, competir con los desarrollos en esta tecnología de Estados Unidos o China, principales comensales de la gran mesa planetaria?
Para Estados Unidos, blockchain es clave en su estrategia de búsqueda de liderazgo tecnológico y poder financiero. Es consciente de su papel para la innovación, para la competencia en los mercados y la hegemonía financiera. En concreto, para el país es relevante el domino del sistema financiero global a través de, por ejemplo, stablecoins en dólares estadounidense. Por otro lado, se considera que tiene un lugar crítico para líneas que se consideran vertebrales, como la ciberseguridad, la identidad digital, la trazabilidad y, sobre todo, la defensa. Por último y hablando de hegemonía, lo que Estados Unidos regule, permita o prohíba tiende a marcar el estándar global.
Lo de blockchain en China, el otro comensal, tiene otra cara. Su gobierno ve blockchain como una herramienta estratégica del estado. Una concepción muy lejana de esa representación de blockchain como algo abierto y profundamente democrático. En China, blockchain importa por cuestiones como la soberanía digital, reduciendo la dependencia de sistemas financieros dominados por Occidente (Estados Unidos y Reino Unido), la logística, la trazabilidad, el control interno y, en este caso de manera similar a los norteamericanos, crear estándares tecnológicos propios.
Su estrategia fundamental ha consistido en fomentar blockchains permisionadas -controlada por una entidad que decide quién puede leer, escribir o validar transacciones- y prohibir criptoactivos. Toda descentralización de la tecnología blockchain es castrada, pues la obsesión es convertirlo en un instrumento más destinado a mantener el control central.
¿Puede Europa sentarse a la mesa planetaria de blockchain? Desde luego que hay empresas e iniciativas de alto valor en el blockchain europeo. Pero si se mira a lo hecho y lo que queda del impulso de la UE al blockchain europeo dan ganas de llorar. Un desnudo estratégico cuyas vergüenzas apenas son tapadas por la defensiva regulación MiCA. Poca cosa para estar en la mesa, salvo que sea como menú, como dice Carney. Pero, tal vez haya tiempo para juntarse y fortalecer el blockchain europeo. Fortalecerse o asumir el papel de aperitivo, en el que los talentos europeos blockchain tendrán que decidir a cuál de los comensales alimentar.
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