Jeremy Allaire, fundador y consejero delegado de Circle, sostiene que la próxima gran revolución tecnológica no será únicamente la inteligencia artificial, sino su convergencia con blockchain. En su tratado The Agentic Economy, defiende que ambas tecnologías acabarán formando un único sistema económico en el que millones de agentes de IA podrán trabajar, contratar servicios, cobrar, pagar, acceder a crédito y coordinarse entre sí sin intervención humana.
Comparación con internet
Las grandes revoluciones tecnológicas rara vez nacen de un único invento. Internet fue el resultado de la convergencia entre ordenadores personales, redes de telecomunicaciones e interfaces gráficas. Los teléfonos inteligentes surgieron de la combinación de sensores, pantallas táctiles, computación en la nube y redes móviles. Jeremy cree que el mundo está entrando ahora en una transformación de dimensiones similares.
Su tesis es que dos tecnologías que hasta ahora han evolucionado por caminos paralelos están destinadas a converger. Por un lado, la inteligencia artificial se está convirtiendo en un sistema capaz de ejecutar trabajo intelectual de forma autónoma. Por otro, blockchain proporciona la infraestructura para que ese trabajo pueda transformarse en actividad económica mediante dinero programable, contratos inteligentes e identidad digital verificable. No se trata de dos revoluciones independientes, sostiene Allaire, sino de las dos caras de un mismo cambio histórico.
Esta es la idea central de The Agentic Economy, un tratado de 89 páginas que el fundador de Circle publicó recientemente y en el que plantea cómo será una economía donde los agentes de inteligencia artificial dejarán de ser simples asistentes para convertirse en auténticos actores económicos.
La empresa dejará de ser como las conocemos
La primera consecuencia de esta convergencia afectará directamente a la empresa. Según Allaire, el modelo organizativo que ha dominado la economía durante más de un siglo empieza a perder sentido.
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Hasta ahora, las compañías reunían bajo un mismo techo a especialistas en marketing, ingeniería, ventas, finanzas, recursos humanos, atención al cliente o asuntos legales porque coordinar ese trabajo dentro de la organización resultaba más eficiente que contratar cada servicio por separado. La inteligencia artificial cambia esa lógica.
El autor sostiene que prácticamente cualquier actividad basada en el conocimiento puede convertirse en un agente especializado capaz de ejecutar tareas concretas. En lugar de departamentos completos, las empresas pasarán a disponer de bibliotecas de agentes entrenados para redactar contratos, desarrollar software, diseñar campañas de marketing, analizar riesgos financieros o atender clientes.
Como consecuencia, el tamaño de una empresa dejará de medirse únicamente por el número de empleados y pasará a depender de su capacidad para coordinar inteligencia humana y artificial. Allaire imagina organizaciones en las que una sola persona pueda dirigir decenas o incluso cientos de agentes especializados, así como pequeños equipos capaces de competir con grandes multinacionales gracias a la automatización del trabajo intelectual.
Los agentes de IA competirán por conseguir trabajo
La transformación no se limitará al interior de las empresas. Una vez que esas capacidades puedan modularizarse, también podrán venderse en un mercado abierto. Igual que hoy una empresa contrata un despacho de abogados, una consultora o una agencia de comunicación, en el futuro podrá recurrir directamente a un agente especializado para realizar una tarea concreta.
Un agente experto en auditoría, otro especializado en negociación de contratos, uno dedicado al diseño de campañas publicitarias o un ingeniero de software podrán ofrecer sus servicios desde cualquier lugar del mundo. Los clientes ya no serán únicamente personas o empresas: otros agentes de inteligencia artificial también podrán contratarlos para completar trabajos más complejos.
En este escenario, Allaire considera que el verdadero valor económico dejará de concentrarse exclusivamente en los grandes modelos de IA, como ChatGPT, Gemini o Claude. Estos seguirán siendo imprescindibles, pero tenderán a convertirse en una infraestructura tecnológica común, del mismo modo que hoy ocurre con la computación en la nube.
La ventaja competitiva estará en los agentes especializados construidos sobre esos modelos, capaces de resolver problemas muy concretos gracias a su conocimiento sectorial, sus propios datos y la experiencia acumulada. En otras palabras, el negocio ya no consistirá únicamente en desarrollar el mejor modelo de inteligencia artificial, sino en crear los mejores trabajadores digitales.
Blockchain, la infraestructura donde trabajarán esas IAs
Para que ese mercado mundial pueda existir hace falta algo más que IA. Si un agente debe contratar otro servicio, cobrar por un trabajo realizado, comprar capacidad de computación, pagar licencias o acceder a financiación, necesita una infraestructura económica capaz de funcionar sin intervención humana. Es precisamente ahí donde Allaire sitúa el papel de blockchain.
El fundador de Circle la define como un auténtico sistema operativo económico sobre el que podrán circular dinero, activos digitales, contratos inteligentes e identidades verificables. Mientras la inteligencia artificial genera trabajo intelectual, blockchain permitirá que ese trabajo pueda convertirse automáticamente en actividad económica. En la visión de Allaire, millones de agentes negociarán entre sí a velocidad de máquina, firmarán contratos inteligentes, intercambiarán activos y liquidarán operaciones en cuestión de segundos, sin necesidad de bancos, plataformas cerradas ni procesos administrativos tradicionales.
La economía dejaría así de organizarse exclusivamente alrededor de empresas para evolucionar hacia una enorme red de agentes inteligentes capaces de colaborar entre sí utilizando infraestructuras abiertas basadas en blockchain.
Las stablecoins serán el dinero de laIA
Si blockchain constituye el sistema operativo económico de esta nueva economía, las stablecoins serán su principal medio de pago. Para Allaire, las stablecoins no competirán únicamente con las transferencias bancarias. Están llamadas a convertirse en el dinero nativo de la inteligencia artificial. Del mismo modo que Internet necesitó un protocolo común para intercambiar información, la economía de agentes necesitará un activo digital estable con el que millones de inteligencias artificiales puedan pagarse entre sí de forma automática.
Los agentes de IA necesitarán mover dinero de forma constante, realizar millones de pagos de pequeño importe, contratar servicios durante apenas unos segundos o comprar capacidad de computación en tiempo real. Para que todo eso sea posible, el dinero tendrá que ser tan programable como el propio software.
A diferencia de una persona, un agente de IA no puede detenerse a comprobar la solvencia del banco que emite una moneda ni esperar varios días a que se complete una transferencia internacional. La economía de las máquinas exige pagos prácticamente instantáneos y un activo cuyo valor sea estable y predecible.
También cambiará la forma de conceder crédito
Por ello, Allaire defiende un modelo basado en stablecoins totalmente respaldadas por reservas seguras, capaces de mantener una equivalencia con la moneda fiduciaria y liquidar operaciones casi en tiempo real. En su opinión, estas características las convierten en la infraestructura monetaria más adecuada para una economía en la que las transacciones dejarán de realizarse a velocidad humana para ejecutarse a velocidad de máquina.
La transformación que plantea Allaire no termina en los pagos. También alcanza a uno de los pilares del sistema financiero: el crédito. Hoy, una parte importante del coste de conceder un préstamo reside en evaluar la solvencia del solicitante, un proceso que consume tiempo, recursos y que, en muchos casos, hace inviables operaciones de pequeño importe.
Según el fundador de Circle, la IA reducirá drásticamente ese coste. Los agentes podrán analizar grandes volúmenes de información financiera en tiempo real, mientras que blockchain proporcionará un registro verificable de pagos, ingresos, activos y contratos. Como resultado, la evaluación del riesgo será mucho más rápida y precisa.
Los agentes de IA como prestatarios
Allaire va incluso un paso más allá al plantear que los propios agentes de IA puedan convertirse en prestatarios. Imagina, por ejemplo, un agente contratado para desarrollar una aplicación informática. Antes de comenzar el trabajo podría solicitar financiación para adquirir capacidad de computación y devolver automáticamente el préstamo cuando el cliente pagara el proyecto terminado. En ese escenario, el crédito dejaría de depender únicamente de la reputación del prestatario y pasaría a respaldarse sobre los ingresos generados por el propio trabajo.
Esta idea se conecta con otra de las tesis más llamativas del tratado, que Allaire resume en una frase: la velocidad sustituye al apalancamiento (velocity replaces leverage). Su planteamiento es que, en una economía basada en blockchain y stablecoins, el dinero podrá circular y reutilizarse casi instantáneamente gracias a la liquidación en tiempo real de las operaciones. En lugar de depender exclusivamente de crear más crédito para impulsar la actividad económica, el mismo capital podrá financiar muchas más transacciones simplemente porque se moverá mucho más rápido.
Aunque reconoce que seguirán existiendo riesgos, Allaire sostiene que este modelo podría ampliar el acceso a la financiación, reducir los costes de intermediación y automatizar buena parte del mercado del crédito.
La identidad será la base de la confianza
Una economía formada por millones de agentes autónomos plantea un problema fundamental: la confianza. ¿Quién responde si un agente incumple un contrato? ¿Cómo saber quién está detrás de un software que opera desde cualquier parte del mundo? ¿Cómo evitar el fraude?. La respuesta de Allaire pasa por combinar blockchain con sistemas de identidad digital verificable.
Cada agente dispondría de una identidad criptográfica, una cartera digital y un conjunto de credenciales que permitirían conocer quién es su propietario y quién responde legalmente por sus actuaciones. Esa información serviría para construir una reputación verificable con el paso del tiempo y facilitaría que empresas, reguladores y otros agentes supieran con quién están interactuando.
Para el autor, la autonomía no puede significar anonimato. Cuanto mayor sea el protagonismo económico de la inteligencia artificial, mayor será también la necesidad de identificar a los responsables de sus decisiones.
Pese al protagonismo que concede a la inteligencia artificial, Allaire no dibuja un futuro completamente dominado por las máquinas. A su juicio, las personas seguirán siendo imprescindibles para definir objetivos, ejercer el juicio crítico, asumir responsabilidades legales, tomar decisiones complejas y mantener las relaciones humanas que ninguna inteligencia artificial puede sustituir completamente.
Cambiará la naturaleza del trabajo
En lugar de ejecutar directamente muchas tareas, los profesionales supervisarán redes de agentes inteligentes. Su función consistirá cada vez más en diseñar procesos, coordinar sistemas y decidir cuándo sigue siendo necesaria la intervención humana. Más allá de la tecnología, The Agentic Economy plantea una cuestión profundamente económica y política: si los agentes de inteligencia artificial generan una parte creciente de la riqueza mundial, ¿quién será su propietario?
Para Allaire, esa será una de las grandes discusiones de las próximas décadas. El problema ya no será únicamente la sustitución de empleos, sino la concentración de la propiedad de la inteligencia. Si los agentes más avanzados pertenecen a un reducido número de compañías, también concentrarán una parte cada vez mayor del valor económico que generen.
Por el contrario, si la infraestructura permanece abierta y basada en blockchain, millones de personas y empresas podrán crear, poseer y monetizar sus propios agentes, favoreciendo una economía mucho más distribuida. En esa visión, blockchain deja de ser simplemente una tecnología para mover activos digitales y pasa a convertirse en el mecanismo que puede evitar que la próxima revolución de la inteligencia artificial quede concentrada en unas pocas plataformas.
Un desafío para bancos, empresas y reguladores
Si la propuesta de Jeremy Allaire llega a materializarse, los bancos tendrán que adaptarse a una economía en la que una parte creciente de las transacciones será realizada por software y no por personas. Los sistemas de pago deberán procesar millones de operaciones automáticas de pequeño importe, mientras que el negocio bancario evolucionará hacia nuevos modelos de custodia, financiación e intermediación.
Las empresas también tendrán que redefinir su organización. El tamaño dejará de medirse únicamente por el número de empleados y dependerá cada vez más de la capacidad para combinar talento humano con redes de agentes especializados. En ese contexto, pequeños equipos podrán competir con grandes corporaciones gracias a la automatización de buena parte de sus procesos.
Los reguladores tampoco quedarán al margen. Tendrán que establecer nuevas normas sobre identidad digital, responsabilidad jurídica, supervisión financiera y protección del consumidor en un entorno donde los agentes de IA podrán contratar servicios, mover dinero, acceder a financiación y participar directamente en la actividad económica.
Un nuevo debate
Aunque The Agentic Economy se presenta como un ensayo personal y no como un documento corporativo de Circle, resulta inevitable relacionar muchas de sus ideas con la estrategia que la compañía impulsa desde hace años para convertir las stablecoins y la infraestructura blockchain en la base del sistema financiero digital.
Sin embargo, el alcance del texto trasciende el universo de las criptomonedas. Más que un ensayo sobre inteligencia artificial o blockchain, propone un marco para entender cómo podría organizarse la economía en un mundo donde los agentes inteligentes sean capaces de trabajar, intercambiar valor, acceder a financiación y tomar decisiones de forma autónoma.
Hasta ahora, la gran pregunta era qué podían hacer las inteligencias artificiales. Allaire plantea ¿cómo funcionará una economía en la que las máquinas no solo piensen, sino que también trabajen, cobren, paguen, contraten servicios, soliciten crédito y participen activamente en los mercados?
Puede que muchas de esas ideas tarden años en hacerse realidad o incluso nunca lleguen a cumplirse. Pero The Agentic Economy consigue obligar a replantear la relación entre inteligencia artificial, dinero y organización económica. Si ese escenario llega a materializarse, blockchain dejará de ser únicamente la tecnología que sustenta las criptomonedas para convertirse en la infraestructura económica sobre la que operará la inteligencia artificial.

