bitcoin seudónimo

Durante la semana pasada, Craigh Wright ha ganado un juicio en el Reino Unido en el que reclamaba la autoría del documento del que nació Bitcoin. A la vez, demandaba a Cobra, el operador de la website de Bitcoin.org, que es la que ofrece el paper al mundo y defiende el anonimato, tras el seudónimo. Ahora bien, Wright ganaba una batalla. Pero la sensación es que, con su propia actuación, perdía la guerra simbólica. Perdía la legitimación para ser socialmente considerado la anónima identidad de Nakamoto. Traicionaba la ética del seudónimo que late en el corazón de Bitcoin.

Bitcoin seudónimo

El documento «Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System», fundacional de Bitcoin y de todo el ecosistema Blockchain, estaba firmado por el seudónimo Satoshi Nakamoto. No era algo casual. Era tan declaración, como el propio paper. Si el documento era una reivindicación en lenguaje técnico del poder distribuido, el poder de la firma de la creación del mismo no podía concentrarse en la identidad del autor. La lógica de la concertación desde el funcionamiento descentralizado –opuesta a la del funcionamiento desde la coordinación-concertación centralizada- exigía una autoría asimismo fruto de la coordinación descentralizada. Su resultado: un seudónimo.

Institucionalización de la lógica de la centralización

No puede decirse que la lógica de la descentralización sea nueva. Pero choca frontalmente con la secular y fuerte institucionalización de la lógica de la centralización. De aquí que sea más fácil jugar desde la centralización, que desde la descentralización. A lo primero es a lo que está jugando Craigh Wright. Lleva tiempo intentando retorcer la descentralización y colectividad de la autoría del referido paper fundacional, reclamando su autoría. En los pasados días, la firma de abogados que trabaja para él cree que ha obtenido una gran victoria, en pos de los intereses de su cliente, porque ha obtenido una sentencia favorable.

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En primer lugar, Wright no ha ganado porque él o sus abogados convencieran a un juez. Lo ha ganado porque el propio procedimiento judicial se establece sobre la lógica de la identidad. Procedimiento al que Cobra se negó participar. No quiso prestar testimonio en el juicio desde una identidad de persona física o jurídica. No quiso participar desde la identidad.

Un juez no implicado en el significado de Bitcoin

El juez Hodge sentenció a favor de los intereses de Wright. Pero, si hubiera sido un juez profundamente salomónico e implicado en que el significado de Bitcoin va bastante más allá de dar nombre a una criptomoneda, su sentencia tenía que haber sido otra. Hay que recordar la situación biblíca del juicio salomónico. La verdadera madre manifestó que prefería dar a su hijo a la otra parte, la otra “madre” reclamante, antes que verlo partido por la mitad, como había adelantado que haría –espada en mano- Salomón. Una reacción que bastó al rey-juez para dar al hijo vivo a la mujer que prefería su pérdida, a su muerte. Aquí, Cobra ha preferido mantener el anonimato, tras el seudónimo de Nakamoto. A pesar de que tal decisión generaba unas altas probabilidades de perder el juicio. Como así ha sido, pues el procedimiento judicial exige la identificación.

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Un nombre muerto

La relativa paradoja es que la derrota judicial de Cobra realza su victoria simbólica. Desde la lógica Bitcoin, Cobra hizo lo que tuvo que hacer. Craigh Wright obtuvo la victoria judicial; pero una produnda derrota simbólica, quedando deslegitimado para buena parte de la comunidad de Bitcoin. Al menos, entre aquellos que se mantienen fieles a sus principios fundacionales.

La audiencia de la Corte Suprema británica ha optado por dar el nombre de Satoshi Nakamoto a Wright. Al darle una identidad, es como darle un nombre muerto. En la comunidad, el nombre de Nakamoto sigue vivo desde el anonimato del pseudónimo. Es la comunidad la que se ha quedado con el nombre vivo. Y es que la ética del seudónimo forma parte del espíritu de Bitcoin.

La ética del seudónimo

La cuestión es que Cobra, reafirmando su anonimato, profundiza más en su capital simbólico y en la fáctica reivindicación de la autoría del paper y de la figura de Nakamoto. Un “Nakamoto” ha de actuar o actuaría como Cobra.

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Para la comunidad Bitcoin, la ética del seudónimo se funda en el valor de la creatividad y el trabajo colectivo. Un trabajo entre iguales y, sobre todo, abierto a la participación de otros. En muchos de los rasgos que Himanen (La ética hacker y el espíritu de la era de la información) dibuja para los que denomina hacker, aun cuando pueda discutirse el uso que hace de este término. En cualquier caso, el copyright, los derechos de autor, tal como los ha defendido Wright, nada tienen que ver ni con la lógica hacker, más inclinada al comunalismo del copyleft, ni, sobre todo, con la lógica Blockchain de constatar una autoría. En el nuevo mapa de lo digital, formado por los ejes abierto/cerrado y centralizado/descentralizado, Wright ha preferido situarse en el territorio de lo cerrado y centralizado.

Proteger la lógica original de Bitcoin

El seudónimo es un escudo, que protege y, a la vez, enseña. Es algo que enseña protegiendo. Enseñar el seudónimo garantizando su anonimato es la manera de proteger la lógica original de Bitcoin.

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El seudonimo, como el secreto, tiene múltiples funcionalidades sociales. No todas son positivas o negativas. En las redes sociales, el anonimato sirve para decir públicamente barbaridades. Es como la carrocería del coche, que cubre al emisor de barbaridades. Pero puede servir también para identificar un colectivo, una acción colectiva, desactivando algunos ruidos, como los provenientes del narcisismo individualista. Y, a su vez, puede servir de cobertura para desresponsabilizarse individualmene de las acciones. En el caso del paper ”Bitcoin: A Peer-to-Peer Electronic Cash System”, el seudónimo es, paradójicamente, la identidad de Bitcoin. Es la identidad de la no-identidad, apuntando a otra manera de representarse el mundo.

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Sociedad de la transparencia

El sociólogo alemán de principios del siglo pasado, Georg Simmel, analizó las funciones que tenía el secreto. Algunas, como permitir el juicio libre de ataduras, de vínculos eran positivas. Es el caso de los juicios o las evaluaciones anónimas, de exámenes o productos intelectuales, garantizando la ausencia de presiones. También es el caso, en el que este autor pone especial énfasis, de las sociedades secretas. Refuerza el vínculo grupal interno. El secreto se encuentra excesiva y falazmente marcado de manera negativa en la denominada sociedad de la transparencia (Byung-Chul Han). Es lo que ha condenado a Cobra. Pero es lo que le ha dado la victoria simbólica sobre Wright.

Imagen de Pexels en Pixabay

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED), especializado en la observación empírica de los comportamientos de consumo y de la recepción mediática. Licenciaturas en Periodismo y Derecho

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