Estamos en diciembre, mes de celebraciones, balances y predicciones; de imaginarios de la nostalgia o del futuro. De escenarios del futuro, incluso más allá del año que viene, es de lo que se trata aquí. El primer escenario del que nos ocupamos nos sitúa en la probabilidad de que los gobiernos desarrollen medidas para prohibir o restringir el uso de stablecoins, el dinero digital que parece haberse instalado de manera muy eficiente en las transferencias internacionales.
Stablecoins y gobiernos
Los gobiernos podrían llevar a cabo una medida de este tipo por varias razones. Las dos más potentes pueden considerarse tradicionales. Por un lado, porque pueden ver a las stablecoins como una amenaza a su soberanía monetaria, sobre todo si pasan a ser usadas en los pagos nacionales. Por otro lado, representándolas como un riesgo para el sistema financiero, ya que, al fin y al cabo, con el flujo de las stablecoins se está creando dinero, de manera similar a como se crea con los créditos. Razones enraizadas en el temor a una pérdida de control.
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Una tercera razón puede ser presentada por los gobiernos que, de manera unitaria o conjuntamente con otros gobiernos, estén implicados en la puesta en funcionamiento de una CBDC o moneda digital emitida por los bancos centrales. De hecho, las stablecoins pueden verse como una competencia directa para las CBDCs, incluyendo a las más potentes entre las mismas.
Con ventajas y desventajas para las stablecoins en la comparación. Entre las primeras, el alejamiento de la sombra del control absoluto por parte de los estados de todo movimiento dinerario, de manera que, sabiendo en qué nos gastamos el dinero, se sabe todo lo que hacemos. Entre las segundas, el suplemento de necesaria confianza en que las auditorias, destinadas a vigilar las relaciones entre cantidad de la particular stablecoin en circulación y depósito en activos en la moneda fiat sobre la que se establece la paridad, se hacen de manera regular y escrupulosa.
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El dólar ha quedado abrazado a lo cripto a través de las stablecoins
Este escenario tiene sus consecuencias. Como suele ocurrir, las más radicales son las que no se pueden prever. Son las eternas consecuencias imprevisibles. Por razones obvias, las dejamos a un lado. Entre las relativamente previsibles, se encuentra la pérdida de liquidez en el ecosistema cripto. Hay que tener en cuenta que la mayor parte del trading se hace con stablecoins como USDT o USDC. Por cierto, algo que ha fijado, como lo había conseguido hasta entonces, al dólar estadounidense en el centro de los flujos en este ecosistema.
El dólar ha quedado abrazado a lo cripto a través de las stablecoins. Mientras, el euro o la libra esterlina parecen más relegadas al rincón de pensar, de tanto pensárselo y con tanta regulación restrictiva. En todo caso, sin stablecoins, los mercados criptos serían más volátiles y menos líquidos.
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En un principio, habría cierto caos en los mercados cripto. Un caos que podría beneficiar a la criptomoneda históricamente más fuerte, como es Bitcoin. Cabe prever que Bitcoin podría salir muy beneficiado de tal escenario por varias fuentes. Tal vez la más inmediata y como reacción a las medidas gubernamentales, se buscarían criptomonedas realmente descentralizadas, lo más lejanas posibles de decisiones gubernamentales o, en todo caso, centralizadas.
Bitcoin
Una reacción que tiene mucho de desplante simbólico y que es difícil calibrar en número de usuarios que la llevarían a cabo. En cualquier caso, Bitcoin se reforzaría como «refugio» frente al control estatal percibido tras la medida de restricción de las stablecoins y fomento de las CBDCs. El uso de Bitcoin o Ethereum en los flujos de intercambio aumentaría. A falta de stablecoins como medio de pago, uso de bitcoins o ether, en cuanto criptos menos volátiles. Empresas, exchanges y usuarios tendrían que usar BTC o ETH directamente.
La medida restrictiva del uso de stablecoins adquiere especial sentido como respaldo a las respectivas CBDCs. Por lo tanto, otra consecuencia sería una aceleración de las mismas -dólar digital, euro digital o yuan digital- para ocupar inmediatamente el espacio dejado por las stablecoin. No obstante, gobiernos como el estadounidense actual no parece especialmente comprometido con el lanzamiento del dólar digital.
Ello hace pensar que este escenario, no descartable, tiene menos probabilidades de concretarse en el corto plazo del año que viene, siempre que la agitada situación geopolítica lo permita. Desde este marco geopolítico, hay que resaltar que pueden acentuarse los intereses por controlar flujos de capital, especialmente por parte de actores como la Unión Europea, China o los mismos Estados Unidos, poniendo entonces su mirada limitativa sobre las stablecoins. En definitiva, las stablecoins pueden ser vistas como el Uber del dinero, pero los gobiernos quieren seguir teniendo su taxi regulado.

