El exgobernador del Banco de España, Miguel Fernández Ordóñez, advierte de la necesidad urgente de stablecoins fuertes en euros. Fernández Ordóñez ha lanzado una dura advertencia sobre el rumbo que está tomando Europa en el ámbito de la industria de los pagos digitales y la tokenización. Al hilo de una publicación del eurodiputado del Partido Popular Fernando Navarrete en Linkedin, Ordóñez indica que el actual marco regulatorio, además de frenar la innovación, está creando un sistema en el que solo los bancos podrán beneficiarse de las oportunidades de la nueva economía digital.
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Fernández Ordóñez y las stablecoins
Fernández Ordóñez sostiene que el potencial transformador de la tokenización es evidente, pero que la Unión Europea está configurando un entorno que impide en la práctica que esta innovación llegue a los ciudadanos y las empresas. Asegura que para que la tokenización tenga efecto real es imprescindible aprobar una regulación liberal, algo que, a su juicio, no está sucediendo.
Uno de los principales problemas, según el exgobernador, es que Europa está frenando el desarrollo de stablecoins fuertes en euros, esenciales para competir en un mercado global dominado por monedas digitales en dólares. En la actualidad, la capitalización de las stablecoins vinculadas a dólares asciende a 305.000 millones de dólares. Frente a esta cantidad, las referenciadas a euros es de 568 millones, según cifras de Coinmarketcap.
A todo esto, según Fernández Ordóñez, se suma que el uso del euro digital mayorista está restringido exclusivamente a bancos y grandes intermediarios financieros. Es decir, el euro digital se utiliza internamente para liquidaciones interbancarias y pruebas sobre infraestructura blockchain, pero no está disponible para ciudadanos, comercios o pymes.
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Libre mercado
El resultado, advierte Fernández Ordóñez, es que solo los bancos podrán aprovechar las ventajas de la tokenización, incluyendo la emisión de depósitos bancarios tokenizados sobre la infraestructura del BCE. Mientras tanto, el resto de la economía queda excluida del acceso a dinero digital soberano y a nuevas formas de pago protegidas y verificables. «Si los ciudadanos no pueden elegir entre depósitos bancarios, euro digital o stablecoins tokenizadas, no hay libre mercado. Y sin libre mercado, Europa quedará rezagada frente a Estados Unidos o Asia», indica.
El exgobernador insiste en que la verdadera innovación nace de la suma de nuevas tecnologías en abierta competencia y no de un mercado cerrado donde solo los bancos están autorizados a utilizar las herramientas más avanzadas. Las críticas de Fernández Ordóñez apuntan directamente a los límites que el Reglamento MiCA impone sobre las stablecoins en euros.
La normativa europea establece que solo los bancos y las entidades de dinero electrónico pueden emitir Electronic Money Tokens (EMTs), prohibiendo en la práctica que startups o emisores cripto desarrollen stablecoins en euros, aunque estén totalmente respaldadas por reservas. Además, MiCA fija límites estrictos para las stablecoins significativas, que no podrán superar el millón de transacciones o los 200 millones de euros diarios dentro de la UE.
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Actor secundario en la economía global tokenizada
Estas restricciones, diseñadas para proteger la estabilidad financiera, tienen como efecto colateral impedir la aparición de stablecoins europeas competitivas y dejar el mercado digital en manos de bancos y emisores extranjeros. En opinión de Fernández Ordoñez, sin libertad para elegir la forma de dinero digital, Europa corre el riesgo de convertirse en un actor secundario en la economía global tokenizada.
Frente a esta visión liberal, el eurodiputado del Partido Popular Fernando Navarrete coincide en que la Unión Europea se está quedando atrás, pero plantea una estrategia diferente. Navarrete sostiene que Europa debe integrar la tokenización dentro del marco regulado para evitar que stablecoins extracomunitarias, especialmente de Estados Unidos, adquieran un papel dominante en los pagos europeos. Si Europa no incorpora esta innovación a su regulación, nuestros ciudadanos acabarán utilizando sistemas no supervisados, con riesgo para la estabilidad y la soberanía, afirma.
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Navarrete considera que MiCA es un avance insuficiente. Reclama una estrategia ambiciosa que incluya la aceleración del euro digital mayorista, una mayor claridad sobre la tokenización financiera y una infraestructura europea capaz de competir globalmente.
Mientras tanto, el BCE mantiene su propio calendario. Tras dos años de trabajos preparatorios, prevé que la legislación europea esté lista en 2026, que las pruebas piloto comiencen en 2027 y que el euro digital esté operativo en 2029. El coste estimado del proyecto supera los 1.300 millones de euros, a los que se sumarán 320 millones anuales en gastos operativos.

