Industria de la protección, crisis de las criptomonedas y crisis de un modelo de Estado  


El término crisis estaba relacionado con la enfermedad para los griegos clásicos, que fueron quienes lo pusieron en circulación. Era ese momento clave en que el enfermo sanaba o fatalmente empeoraba. A pesar de esto, parece que no tenía el sentido negativo que hoy se le da, donde crisis parece apuntar únicamente al segundo lado de la línea del significado que daban los griegos, subrayándose más la debilidad, que la fortaleza.

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Una debilidad que, en el caso de la crisis de las criptomonedas del último mes, ha empujado a los poderes estatales a poner en marcha la maquinaria de aniquilamiento comunicativo. En España, advirtiendo por enésima vez del peligro de invertir en este tipo de activo, avisando que el fisco perseguirá sin compasión a los que tienen este tipo de activo, presumiendo que ya los tiene apuntados, y amenazando con que prohibirá la publicidad de bienes cripto en el ámbito deportivo, ahora que algunos clubs de fútbol empezaban a tener ingresos por esta vía. Eso sí, todo por el bien de los ciudadanos, a los que protege. Bueno, menos lo último, que es para proteger a los aficionados de los respectivos clubes de fútbol, que pueden estar en serio peligro de pecado cripto al acudir a los estadios. Oliendo sangre, el Estado español se esfuerza por enterrar la criptoeconomía. Se ceba con la crisis de la mano de la industria de la protección financiera.

La industria de la protección

Las industrias de la protección son aquellas que protegen principalmente sus intereses, bajo el argumento de proteger a otros, a los que señala como vulnerables y, por supuesto, como personas sin voluntad, ni criterio. Protegidos que son su objeto y a los que niega el estatuto de sujeto.

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La primera vez que oí el término de industria de la protección, me pareció genial. Lo pronunció una prostituta profesional que se quejaba de esa industria de la protección, a la que despreciaba por, entre otras cosas, no tenerlas en cuenta. Pero esta industria de la protección se extiende por todos los campos y, de esta manera, la acción del Estado, que la promociona y, así, se introduce crecientemente en cada rincón de nuestra vida.

La industria de la protección vive de los miedos producidos. Le va bien, en la medida que a los protegidos les va mal. El mal de estos es su pan de cada día. Es más, los profesionales de esta industria se enfadan cada vez que las cosas van bien a sus protegidos o, al menos, cuando no les va tan mal. Como les debería ir, según su perspectiva. Saltan de alegría, cuando las cosas les va mal. Un ejemplo personal puede ilustrar todo esto.

Japón, Reino Unido y Portugal

Una institución de esta industria de la protección, de un territorio autonómico determinado, me encargó un estudio sobre la violencia sobre las mujeres durante la pandemia. Habían pasado unos seis meses desde el inicio de la misma. ¡Menudo disgusto se llevaron los patrocinadores del estudio al recibir como resultado del estudio que la situación en este campo no había empeorado! Una parte -solo una- de la explicación se debía a que las condiciones de confinamiento habían conseguido que las parejas bebiesen menos, pues sobre todo se trata de bebedores de bar, siendo la ingesta de alcohol uno de los principales detonantes de las agresiones. Pero esta es otra historia.

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No todos los estados han reaccionado de la misma manera a la crisis de las criptomonedas. De hecho, puede hablarse de estados impulsores y de estados reprotectores, que se reproducen protegiendo los intereses de los protectores. Es más, hay estados -Japón, Reino Unido, Portugal- que parecen haber retomado impulso innovador en el campo de las criptomonedas, a pesar de la crisis. En este aspecto y como dice la canción, menos mal que nos queda Portugal.

Otros estados tienen una distinta aproximación a la innovación en general y a las criptomonedas en particular. Por ejemplo, la FED estadounidense tiene como responsable de innovación -realmente de escalar la innovación- a una exbitcoiner: Sunayna Tuteja. Se trata de estados que son conscientes de que tienen que renovarse para sobrevivir.

El Estado herido se defiende

El historiador de las ideas Reinhard Koselleck nos muestra, en una obra llena de matices y referencias a textos de época, cómo el Estado llega a ser dialécticamente herido de muerte desde una Crítica armada con Filosofía de la historia, provocando las crisis políticas de las que emergieron las distintas revoluciones. Primero, burguesas. Después, burgués-proletarias.

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Filosofías de la historia alrededor del Estado. Contra el Estado presente la mayoría. Poniendo el Estado ideal en el horizonte, bastantes. Haciendo del Estado una especie de Gran Sujeto de la Razón, trascendiendo la supuesta irracionalidad de su presente, algunas de las históricamente más importantes. Poniendo el fin de la prehistoria en la eliminación del Estado, algunas. Casi todas latiendo con buenas dosis de espíritu redentor.

Herido en su razón, el Estado se ha defendido. Se intentó legitimar políticamente a través de la representatividad parlamentaria, primero; a través de buscar complicidades sociales. Unas complicidades que se extendieron desde los que obtuvieron el estatuto de ciudadanía a partir de su estatuto de trabajadores, hasta la cobertura universal de todo aquel que era catalogado como digno de ayuda y protección. Un catálogo que el Estado no ha hecho sino incrementar en su ansiada búsqueda de legitimidad y complicidades.

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Para trazar esa red de complicidades, el Estado ha exigido un aumento voraz de sus recursos económicos por la vía fiscal y se ha convertido en el principal agente económico de las sociedades desarrolladas. Consumiendo y activando recursos, aunque su éxito en lo primero ha sido bastante mayor que en lo segundo. En los peores casos, convirtiéndose en el único propietario de todos los recursos.

La vuelta a la eficiencia y al impulso en la innovación

A pesar de su extensa intervención y búsqueda de complicidades sociales, el Estado no ha dejado de recibir críticas. Cada vez más extendidas. Muchas de ellas centradas en la corrupción. En un momento, corrupción de los que reconducían parte de esos recursos estatales hacia sus partidos políticos o sus propios bolsillos. Después, corrompiendo a la propia sociedad con sucesivas compras de voluntades y legitimidades. Solo algunos estados han comprendido que la senda está en la vuelta a la eficiencia y, por lo tanto, en el impulso a la innovación.

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Las criptomonedas surgen como instrumento práctico desde la crítica al Estado. Aun cuando apuntaban desde una muy larga distancia, que puede calificarse de utópica, al monopolio estatal de la acuñación de moneda, jamás éste se vio afectado. Es más, en los últimos años y especialmente a partir de las acciones de la industria de pago, se alcanzaba una pacífica cohabitación entre dinero fiat y criptomonedas.

Pero algunos estados las atacan con saña, con furia fiscal, en cuento atisban signos de crisis. Con ese sadismo propio de funcionarios paranoicamente atemorizados de perder el puesto a cualquier novedad que se asome.

Buscarse la liebre

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Detrás de estas distintas formas de actuar de los estados, se encuentran diferencias notables en la concepción de la libertad. Dice Etienne de la Boëtie, en su Discurso sobre la servidumbre voluntaria: “Licurgo, el legislador de Esparta, habiendo criado, se dice, dos perros hermanos, los dos nutridos con la misma leche, uno cebado en la cocina y el otro acostumbrado a los campos al son de la trompa y del cuerno, queriendo mostrar al pueblo lacedemonio que los hombres son como los hace la educación, colocó a los dos perros en pleno mercado, y entre ellos una sopa y una liebre; uno corrió al plato y el otro a la liebre”. Hay estados que tratan a sus ciudadanos como perros come-sopas; mientras que otros dejan que sus ciudadanos se busquen la liebre.

 

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Licenciaturas en Periodismo y Derecho

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