Un internet del que huir, un internet por construir en web3


El verano ha pasado de ser el tiempo en el que nos disponíamos a ir, al momento que se busca la huida casi desde la lógica de la supervivencia. Antes era el verano de ir al pueblo para regresar a la infancia, a los amigos; de ir a ese punto paradisiaco; o sencillamente reconciliarse con la vieja tumbona bajo la aún más vieja higuera. Se iba. Ahora, con el encadenamiento de olas de  calor, el verano señala espacios insufribles de los que huir: de las grandes ciudades en las que trabajamos, de las urbanizaciones en las que el sofocante calor no nos deja dormir, incluso de las terrazas nocturnas. Huir para volver.

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La etapa de uso en que nos encontramos en internet es, como el verano, también la de la huida. Un internet con la privacidad bajo constante amenaza, en el que nos convertimos en datos que otros explotan, donde la concentración y la centralización son dominantes; un internet en el que las instituciones se esconden, más que dar la cara. En esto último, que aquí se ha llamado administración digital, las instituciones se han dado cuenta que internet es más potente que una gruesa ventanilla para distanciar al ciudadano y no escucharle. A lo sumo: póngase en la cola y espere -no a mañana, como apuntaba Larra- sino para cuando se le ofrezca cita, si es que se siguen dando citas, pues no todos los departamentos dan cita. 

Internet Web3

Los ciudadanos se han vuelto más conscientes de las amenazas que envuelven a la web2. Así, después del impulso hacia las compras online derivado de los confinamientos por la pandemia, las diversas encuestas muestran la desconfianza hacia este uso, lo que lleva al consumidor a echarse en brazos de las grandes operadoras, tipo Amazon, para hacer sus compras, o a aquellas con un desarrollo más tradicional, como las destinadas a la adquisición de entradas para espectáculos.

Otras, sin embargo, hacen pasar por condiciones generales aceptación de contratos con terceros, a los que no sólo darán tus datos, sino que te cobrarán una cuota por un no-sé-qué que no te has dado cuenta que has contratado al firmar la compra con el primer proveedor. Son varios los ejemplo y convendría que nuestras ilustres instituciones protectoras hicieran al menos un listado de las mismas. 

Las marcas están construyendo al metaconsumidor del metaverso

El consumidor y el ciudadano, las dos caras de nosotros mismos, se ve, a la vez, atrapado en el uso de internet y con una gran desconfianza. Quiere internet y detesta internet. Quiere otro internet. Tal vez esté ese nuevo internet en la anunciada web3. No obstante y como decíamos ayer, dado el carácter inmersivo que implica la web3, también se hace necesaria una especial protección del consumidor.

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Licenciaturas en Periodismo y Derecho

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