El Parlamento Europeo ha anunciado que presentará su propuesta legislativa del euro digital antes del 24 de octubre de este año, una fecha clave en el calendario de la nueva moneda electrónica. A partir de entonces, los eurodiputados dispondrán de entre cinco y seis semanas para introducir enmiendas y de casi cinco meses para debatirlas. Según el miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE), Piero Cipollone, la Eurocámara podría fijar su posición a principios de mayo de 2026, lo que daría paso a las negociaciones con el Consejo de la UE para acordar un texto común. El BCE confía en que la legislación esté aprobada en el segundo semestre de 2026.
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El proyecto no se emitirá sin el marco legal correspondiente, recordó Cipollone en una entrevista publicada por el BCE, en la que subrayó que los debates actuales en Bruselas ya no giran en torno a si habrá euro digital, sino a cómo se implantará.
Los bancos, socios necesarios en la transición
Uno de los aspectos más delicados del debate ha sido el papel de la banca. Entidades financieras de toda Europa han mostrado preocupación por los costes y por un eventual riesgo de desintermediación. Sin embargo, el BCE insiste en que el diseño del euro digital asegura la participación activa de los bancos, que serán los encargados de ofrecer la moneda digital a los ciudadanos a través de sus aplicaciones y servicios financieros.
El BCE urge al Parlamento Europeo a acelerar la legislación del euro digital
Además, las entidades recibirán remuneración por su labor, en un modelo que replica el funcionamiento de los sistemas de pago privados. «Los bancos pueden lucrarse con esto», señala Cipollone, destacando que el BCE no cobrará comisiones por la infraestructura, lo que reducirá los costes del sistema y permitirá trasladar parte del ahorro a comerciantes y usuarios.
Visa y Mastercard
El otro frente abierto es el de los gigantes de las tarjetas internacionales. Cipollone subrayó que Visa y Mastercard no desaparecerán del ecosistema, pero sí perderán la exclusividad de facto que hoy tienen sobre gran parte de las transacciones digitales en Europa. «No estamos aquí para excluir a nadie, sino para hacer el sistema más resiliente», aseguró.
La llegada del euro digital daría a los comerciantes una herramienta de negociación inédita. Al disponer de un medio de pago público europeo, los negocios podrían presionar a los esquemas internacionales para rebajar comisiones y simplificar procesos. «Los comerciantes animarán a los clientes a pagar con el euro digital porque sus tarifas serán más bajas, su poder de negociación aumentará y la infraestructura técnica será más simple», explicó Cipollone.
Un calendario cargado de hitos
La hoja de ruta que arranca el próximo 24 de octubre marca un punto de no retorno en el debate sobre el euro digital. La Comisión Europea presentó su primera propuesta en 2023, y tras más de dos años de deliberaciones, el proyecto entra en su fase decisiva.
Si se cumplen los plazos, Europa podría disponer de un marco legal completo en 2026, lo que abriría la puerta al despliegue operativo de la moneda digital a lo largo de la segunda mitad de la década. Más allá de los detalles técnicos, el BCE insiste en que el objetivo central es garantizar que los europeos mantengan la libertad de elegir cómo pagar en la era digital, sin depender exclusivamente de soluciones privadas y extranjeras.
El euro digital no sustituirá al efectivo, concluyó Cipollone. «Será su equivalente digital y asegurará que los ciudadanos europeos siempre tengan acceso a un medio de pago público, seguro y europeo».

