Web3 debe aprender de Internet: menos blockchains y más estándares
Web3 debe aprender de Internet: menos blockchains y más estándares

Web3 debe aprender de Internet: menos blockchains y más estándares

Con cientos de blockchains activas y una alarmante falta de estándares comunes, la llamada revolución Web3 sigue sin llegar, a pesar de los miles de millones en capitalización de mercado y el elevado nivel de desarrollo. La industria blockchain está saturada de redes, capital y actividad técnica, pero sorprende la escasa cantidad de aplicaciones que han alcanzado una adopción masiva.

Esta situación plantea una pregunta fundamental: ¿por qué, a pesar de su potencial transformador, la tecnología blockchain aún no ha logrado integrarse plenamente en la vida cotidiana ni diversificar sus casos de uso de forma significativa? Para entender esta paradoja, resulta útil mirar hacia los inicios de otra revolución tecnológica: Internet. La industria blockchain actual guarda similitudes con las primeras etapas de la red, en las que la infraestructura era prometedora pero las aplicaciones de uso general aún escasas. Esta analogía permite identificar tanto los desafíos como el potencial de la blockchain en su evolución hacia una adopción más amplia y transversal.

Menos blockchains y más estándares

El ecosistema blockchain alberga al menos 78 proyectos relevantes, cada uno con su propia cadena, y más de 15 millones de tokens distintos repartidos entre ellas. Sin duda, la cifra es abrumadora. Pero ¿cuántos de estos proyectos tienen un valor real? Siendo generosos, menos de dos centenares. La razón principal es que muchos están concebidos más como mecanismos para captar dinero rápido y generar liquidez que como soluciones con utilidad tangible. Numerosas blockchains surgen prometiendo resolver el trilema de Vitalik Buterin: lograr simultáneamente seguridad, escalabilidad y descentralización. Sin embargo, la mayoría acaba recaudando grandes sumas mientras contribuye a una mayor fragmentación de la infraestructura blockchain.

El 90% de instituciones financieras está implementando stablecoins

Esto no siempre es necesariamente negativo. Innovar implica fallar muchas veces antes de dar con algo verdaderamente valioso. Ahí está el ejemplo de Bitcoin: un proyecto soñado por los cypherpunks desde los años 70, pero que no se materializó hasta 2009. La diferencia es que entonces no contábamos con la tecnología ni el conocimiento actual para construir blockchains e infraestructuras descentralizadas robustas. Sin embargo, hoy, a pesar de esos avances, estamos estancados en cuanto a innovación real.

El ejemplo de Internet

Si trazamos un paralelismo con los inicios de Internet, el contraste es revelador. En los años 90, cuando la red apenas despegaba, surgieron avances fundamentales como PHP, Java Applets o JavaScript. ¿Qué sería del mundo digital actual sin estas tecnologías? PHP sigue siendo uno de los lenguajes más utilizados en la web. De hecho, cerca del 70% de los blogs del mundo funcionan con WordPress, que depende directamente de él.

STRIPE REVOLUCIONA LOS PAGOS EN AMÉRICA LATINA CON STABLECOINS Y VISA

¿Y JavaScript? Intenta navegar por la web actual, incluidas muchas de las plataformas Web3 más promocionadas, con JavaScript desactivado. Te darás cuenta rápidamente de su papel esencial. Incluso tecnologías de hace décadas, como Napster, BitTorrent, XDCC, eMule o Kazaa, eran en muchos sentidos más descentralizadas que buena parte de las blockchains y protocolos Web3 actuales. Resulta paradójico que, teniendo hoy las herramientas para construir una verdadera Web3, sigamos tan lejos de alcanzarla.

Tecnologías de hace 30 años

Más aún: es irónico que tecnologías desarrolladas hace 30 años sigan marcando el ritmo, mientras que la tan anunciada Web3 tropieza una y otra vez. Internet, tal como la conocemos, nació públicamente en 1993, y en menos de una década ya era increíblemente útil. En cambio, Web3 continúa siendo, en gran medida, un cúmulo de promesas. Y hay una razón clara: Web3 necesita infraestructura, y aunque parte de ella existe, está incompleta, y son pocos los que realmente están comprometidos en desarrollarla.

De hecho, muchas de las redes actuales están fuertemente centralizadas, por mucho que sus defensores digan lo contrario. Construir la Web3 implica descentralización, y eso conlleva un coste elevado en desarrollo y recursos que pocos están dispuestos a asumir. Pero es un coste necesario. Si de verdad queremos una Web3 como la que se promete, necesitamos primero la infraestructura para que las aplicaciones puedan surgir. O, mejor dicho: debemos crear aplicaciones desde cimientos descentralizados. Si no lo hacemos así, nada cambiará.

El ejemplo de Nostr

A día de hoy, Nostr quizá sea la única aplicación de utilidad general con el potencial real de ser completamente descentralizada. Es cierto que puedes acceder a ellla utilizando un servidor o relay de terceros, confiando una vez más en la omnipresente centralización. Pero también puedes montar tu propio relay, darte autoservicio y, si lo deseas, ofrecer ese servicio a otros.

La gran transformación de Nostr, la red privada de los bitcoiners

Lo importante es que Nostr está concebida para ser Web3 desde el código, aunque a sus desarrolladores les irrite el término. No se trata solo de una red social al estilo de X/Twitter. También puede funcionar como un foro temático, un chat abierto y en tiempo real, un blog, un podcast o incluso un espacio de vídeo, ya sea público o privado. Todo eso es posible en Nostr, y la comunidad trabaja de forma colaborativa para hacerlo realidad.

Verlo en funcionamiento remite al viejo Internet. Aquel de los módems de 14,4 Kbps, donde una imagen JPEG podía tardar diez minutos en descargarse, pero el software, aunque austero, usaba esa infraestructura limitada para lograr cosas grandes y transformar el mundo de manera real. No había imágenes, pero escritura apasionada, destinada a compartir conocimiento con personas de todo el planeta. Ahí nació el ASCII Art, como una forma de expresar ideas visualmente en ausencia de gráficos. Entrabas a un chat o a un foro no para trolear, sino para aprender o enseñar lo que sabías. Había propósito. Había sentido. Hoy, en cambio, abundan las memecoins sin utilidad, las estafas masivas, y a eso se le quiere llamar progreso.

¿Son necesarias tantas blockchains?

En cierto modo, es positivo que Nostr se mantenga algo distante de la etiqueta Web3. Se parece más a Bitcoin en 2010: un grupo de inadaptados construyendo algo grande, en silencio. Pero sin perder de vista el objetivo real: desarrollar software e infraestructura para crear un mundo digital verdaderamente descentralizado, no promesas vacías que acaban en servidores de Amazon, Google o Microsoft. Y mucho menos en sistemas Pay-to-Use, donde cualquier interacción exige un monedero y el pago de comisiones que solo dificultan la experiencia del usuario y reservan estos espacios a quienes pueden pagar.

Cómo crear tu cuenta en la red social Nostr y proteger la libertad de expresión

Todo esto nos lleva a la gran pregunta: ¿realmente necesitamos tantas blockchains para construir la Web3? La respuesta es simple: no. Si observamos la evolución de Internet, lo que tenemos hoy es fruto de la estandarización y de haber descartado lo que no aportaba valor. Cuando intentaron imponernos limitaciones, las rechazamos en favor de soluciones más libres y evolucionadas. Sí, hablo de Internet Explorer. En la web, apostamos por la interoperabilidad y los estándares abiertos, y gracias a ello se ha construido un ecosistema increíblemente útil y duradero.

Quedarnos con lo que tiene valor

Tal vez ha llegado el momento de hacer lo mismo con el mundo blockchain: comenzar a eliminar proyectos innecesarios, quedarnos con lo que realmente tiene valor y arrojar el resto a la hoguera si no aporta nada positivo. Hoy nadie está ansioso por programar en Perl para la web, ni por usar DCOM, un antecesor de ActiveX, para añadir interactividad en aplicaciones online.

Como ocurrió con los múltiples protocolos de red en los años 90, es poco probable que todas las blockchains actuales sobrevivan. El futuro, con toda probabilidad, pasará por la adopción de estándares comunes, una reducción de la fragmentación y la aparición de capas de interoperabilidad que unifiquen la experiencia del usuario.

El ideal sería un ecosistema multichain bien coordinado, donde la complejidad técnica quede oculta y lo que importe sea la funcionalidad, la seguridad y la utilidad de la aplicación, independientemente de la blockchain sobre la que se construya. Para lograrlo, lo que necesitamos no es más blockchains prometiendo pequeñas mejoras en velocidad o escalabilidad, sino middleware eficiente, interfaces de usuario intuitivas y modelos de negocio sólidos. Solo así será posible que Web3 cumpla su promesa sin perderse en su propia maraña tecnológica.

Comparte esto: