La industria de las criptomonedas, que durante años se ha presentado como un bloque unido frente a la banca tradicional y los reguladores, afronta su primera gran fisura interna. El motivo: la disputa en torno a las recompensas en stablecoins, en vísperas de que el Congreso de Estados Unidos vote este otoño la Ley GENIUS, que definirá la estructura del mercado cripto y los derechos de los consumidores.
Recompensas en stablecoins
Los principales exchanges estadounidenses, encabezados por Coinbase, se han movilizado contra los grandes bancos de Wall Street a través de la campaña «No More Bailouts«. El objetivo es frenar la presión de las entidades financieras para eliminar las recompensas en stablecoins, un incentivo que plataformas como Coinbase, Kraken o Gemini utilizan para atraer y fidelizar a sus clientes.
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En el otro extremo, los emisores de las dos mayores monedas estables del mundo, Tether (USDT) y Circle (USDC), han optado por no sumarse a la ofensiva. Su ausencia en una coalición que reúne a más de medio centenar de empresas, asociaciones y DAOs del ecosistema Web3 refleja la diferencia de intereses en el sector.
También llama también la atención la ausencia de Binance, el mayor exchange del mundo, que al igual que Tether y Circle ha optado por mantenerse al margen. Su falta de apoyo reduce el alcance internacional de la campaña y confirma que la batalla por las recompensas en stablecoins se está librando sobre todo en el terreno doméstico de EEUU.
Los grandes exchanges
La campaña lanzada por Coinbase cuenta con el respaldo de Kraken, Gemini, BitGo, Paxos, Blockchain Association, Crypto Council for Innovation, DeFi Education Fund, Uniswap Foundation, entre muchos otros actores grandes y pequeños de la economía digital. Desde DAOs comunitarias hasta colectivos artísticos han sumado su apoyo a la causa.
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Pero la falta de los gigantes emisores de stablecoins es tan llamativa como estratégica. A diferencia de los exchanges, que necesitan ofrecer recompensas en stablecoins para ganar clientes, Tether y Circle no compiten en el terreno de los incentivos directos. Su modelo de negocio no se apoya en programas de fidelización al consumidor, sino en la emisión de sus stablecoins y en la gestión de las reservas que las respaldan. La mayor parte de esos fondos se invierte en bonos del Tesoro estadounidense a corto plazo, cuyos intereses les generan miles de millones de dólares en ingresos anuales. Por eso, su interés en la batalla por las recompensas es menor y su estrategia regulatoria, mucho más cauta. En la actualidad, obtienen beneficios directos del sistema financiero tradicional y no necesitan ofrecer otros incentivov para atraer usuarios.
Un sector que ya no habla con una sola voz
La fractura muestra un cambio de etapa para la industria. Hasta ahora, el discurso cripto se había construido en oposición a la banca tradicional: innovación frente a inmovilismo, descentralización frente a concentración. Sin embargo, el pulso actual revela que no todos los actores comparten las mismas prioridades.
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Para los exchanges, la Ley GENIUS es una oportunidad de consolidar el derecho a ofrecer recompensas en stablecoins como herramienta competitiva. Para Tether y Circle, en cambio, la prioridad es mantener la confianza en la emisión de sus monedas y no exponerse a una confrontación directa con bancos y reguladores.
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Si la Ley GENIUS se aprueba con las recompensas incluidas, los exchanges habrán logrado una victoria frente a los bancos y un reconocimiento del valor de las stablecoins para el consumidor. Si se eliminan, será Wall Street quien marque los límites de la innovación cripto.
Lo que está sucediendo recuerda a la crisis financiera de 2008, cuando las criptomonedas surgieron como alternativa al poder de la banca. Hoy, 15 años después, el sector se enfrenta no solo a los bancos, sino también a sus propias contradicciones internas.

