Las stablecoins amenazan el dominio de bancos y tarjetas
Las stablecoins amenazan el dominio de bancos y tarjetas

Las stablecoins amenazan el dominio de bancos y tarjetas

El auge de las stablecoins, criptomonedas cuyo valor está vinculado a monedas como el dólar o el euro, está sacudiendo el sistema financiero y poniendo en jaque a actores tradicionales, desde bancos hasta procesadores de pagos con tarjetas como Visa, Mastercard o Western Union, así como a gobiernos con monedas débiles. De Nueva York a Bruselas, pasando por Lagos y Buenos Aires, estas monedas digitales están redefiniendo la forma en que se mueve el dinero. Y mientras avanzan, las instituciones del viejo sistema comienzan a notar cómo el suelo bajo sus pies se resquebraja.

Stablecoin y tarjetas

En este contexto, Estados Unidos está apostando fuerte por las stablecoins, con legislaciones que las impulsan y una prohibición explícita de monedas digitales de banco central (CBDC), en contraste con Europa, que avanza con su euro digital para competir directamente con las stablecoins referenciadas al dólar.

En Europa, las stablecoins operan bajo el estricto marco del Reglamento sobre Mercados de Criptoactivos (MiCA), implementado en 2024, que exige a los emisores licencias, auditorías regulares de reservas, protocolos robustos contra el lavado de dinero (AML/KYC) y transparencia total para proteger a los consumidores y preservar la soberanía del euro frente al dominio de stablecoins referenciadas al dólar.

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En el centro de toda esta transformación está la idea poderosa de Chris Dixon, de la firma Andreessen Horowitz, que afirma que las stablecoins son el momento WhatsApp para el dinero. Una reinvención que elimina fronteras, costes y fricciones de un sistema financiero ya obsoleto.

Bancos perjudicados

Los bancos comerciales están en la primera línea de los perjudicados. Las stablecoins permiten transferencias internacionales rápidas y baratas, erosionando una fuente clave de ingresos. Según datos del Banco Mundial, enviar 200 dólares al extranjero puede costar un 6,62% en comisiones bancarias, mientras que con stablecoins el coste apenas es de un centavo. Esta eficiencia también está captando a las personas no bancarizadas, un segmento que los bancos no han logrado atender eficazmente.

Por ello, los procesadores de pagos tradicionales, como Visa, Mastercard o Western Union, cuyos modelos de negocio se basan en gran medida en el uso de tarjetas, se enfrentan a una competencia feroz por parte de las stablecoins. Estas monedas eliminan intermediarios, permitiendo pagos directos con comisiones mínimas. Stripe, por ejemplo, ya procesa pagos con criptomonedas a un 1,5%, frente al 3% de las tarjetas, un cambio que podría duplicar los márgenes de negocios minoristas, según cálculos de a16z.

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Las criptomonedas también están perdiendo terreno frente a las stablecoins.  Gracias a su estabilidad, dominan las finanzas descentralizadas (DeFi) como colateral o medio de intercambio, desviando el interés de los inversores. Por último, los gobiernos de países con monedas inestables temen una dolarización digital que limite su control monetario, mientras que los emisores de stablecoins opacos arriesgan ser marginados por regulaciones más estrictas tras casos como el colapso de TerraUSD en 2022.

Estados Unidos/Europa: dos visiones del futuro financiero

Así, mientras las stablecoins ganan impulso, los gobiernos toman caminos opuestos. Estados Unidos está diseñando leyes para legitimar las stablecoins, viéndolas como una herramienta poderosa para preservar el dominio del dólar. El país ha prohibido las CBDC, argumentando que las stablecoins privadas, bien reguladas, son una alternativa más innovadora y menos centralizada. Una postura que refleja la confianza en el sector privado para liderar la evolución del dinero digital.

Europa, en cambio, apuesta por su euro digital, una CBDC que busca competir con las stablecoins referenciadas al dólar. La Unión Europea ve en su moneda digital una forma de mantener la soberanía monetaria y contrarrestar la influencia estadounidense en las finanzas globales. Sin embargo, el euro digital aún está en desarrollo, mientras las stablecoins ya mueven billones en transacciones, lo que plantea dudas sobre si Europa podrá cerrar la brecha a tiempo.

El momento WhatsApp: reinventando el dinero

Dixon compara las stablecoins con WhatsApp porque, al igual que esta aplicación revolucionó la mensajería, las stablecoins están transformando el dinero. El sistema actual, con sus bancos, redes de tarjetas y casas de cambio, fue diseñado para un mundo analógico, explica Dixon. Cada intermediario añade comisiones y retrasos, un modelo que castiga especialmente a los más pobres. Las stablecoins, al operar en blockchains públicas, crean una infraestructura nativa de Internet: instantánea, global y sin permisos.

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En 2024, las stablecoins movieron 15,6 billones de dólares, acercándose al volumen de Visa, según a16z. Empresas como SpaceX las usan para gestionar tesorerías en países con monedas inestables, como Nigeria o Argentina. ScaleAI paga a sus trabajadores globales con ellas, y Stripe reduce comisiones al integrarlas. Más allá de esto, también sirven para habilitar  micropagos automáticos, pagos entre máquinas y transacciones públicas con total transparencia, algo impensable en el sistema tradicional.

Casos reales: el poder de las stablecoins

La adopción de stablecoins ya está transformando industrias. Como decimos más arriba, SpaceX repatria fondos desde mercados volátiles con estas criptomonedas, evitando pérdidas por tipo de cambio. ScaleAI agiliza pagos a trabajadores remotos, eliminando días de espera. En el comercio electrónico, las stablecoins reducen fricciones, permitiendo liquidaciones instantáneas. Según Dixon, no se trata solo de eficiencia: las stablecoins abren la puerta a nuevos modelos, como pagar fracciones de centavo por leer un artículo o automatizar transacciones entre agentes de inteligencia artificial.

En la actualidad, varias instituciones financieras están entrando en el mercado de las monedas estables. Standard Chartered Bank anunció en marzo una asociación con empresas de criptomonedas para lanzar una moneda estable vinculada al dólar de Hong Kong. Otros bancos como Bank of America han indicado su intención de entrar en el mercado en los próximos años. Además, gigantes tecnológicos como PayPal ya han lanzado su propia stablecoin, PYUSD, demostrando el creciente interés en este tipo de activos digitales. En España, el banco BBVA prevé lanzar su propia stablecoin en colaboración con Visa en breve.

Desafíos: transparencia y regulación

A pesar de su potencial, las stablecoins enfrentan riesgos. La transparencia de las reservas es crucial; casos como Tether, emisora de USDT, la stablecoin líder, cuestionada por su opacidad, generan desconfianza. Los reguladores exigen auditorías claras y protocolos KYC/AML robustos para prevenir usos ilícitos. En Estados Unidos, la regulación busca proteger a los consumidores y fomentar la innovación, mientras Europa teme que las stablecoins fortalezcan el dólar en detrimento del euro.

Dixon ve en la regulación un catalizador, no un freno. Considera que una ley clara será para las stablecoins lo que la neutralidad de la red fue para Internet. Él imagina blockchain como la capa financiera del futuro: abierta, programable y accesibl y las stablecoins como las carreteras públicas del dinero, sobre las que cualquiera puede construir.

Un sistema financiero reinventado

Las stablecoins están cambiando la lógica de funcionamiento del dinero y creando una nueva infraestructura financiera global. En este nuevo mapa, los bancos tradicionales, las redes de tarjetas y los reguladores deben adaptarse rápidamente o asumir su papel secundario. Como subraya Dixon, no se trata de una actualización, sino de una reinvención. Las stablecoins no solo reducen costes; crean un sistema diseñado para la era digital, donde el dinero fluye tan libremente como un mensaje de WhatsApp.

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