Protección estatal frente a innovación, IA y criptomonedasProtección estatal frente a innovación, IA y criptomonedas

La Covid ha cambiado buena parte de nuestra forma de ver el mundo. Se trata de un acontecimiento demasiado grande, como para dejarnos intactos. A partir de ese marzo de 2020, hemos reflexionado sobre el papel que tuvieron los Estados en la respuesta a las señales iniciales de la pandemia, en la valoración de los riesgos para sus poblaciones. Hemos reflexionado sobre su funcionamiento protector. Tal vez ello empuja en la actualidad a los Estados a cierta sobreprotección. Ante cualquier indicio de riesgo para el conjunto de la población, hay una reacción política en clave de amplia extensión del principio de precaución.

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Esa expansión del principio de precaución, para evitar riesgos, puede producir, a su vez, sus propios riesgos. Uno de ellos, no menor, es parar los procesos de innovación. Ha de tenerse que toda innovación genera incertidumbres.

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Un stop a la innovación que viene de casi todos los frentes políticos; aunque se acentúa en los menos liberales. Llega desde el mundo woke, que tiende a conjugar protección con cancelación. Desde la izquierda reaccionaria liderada por señores mayores, como Biden, que ha anunciado posibles medidas de control. El argumento básico es una preocupación por la seguridad del país. También, desde la ultraderecha, como se está viendo en Italia con respecto a la inteligencia artificial.

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Guerra a las criptomonedas desde el gobierno de Estados Unidos. Bajo la excusa de no más casos FTX, tira toda la industria cripto por la ventana. Demanda de parón a la IA, tras el lanzamiento de ChatGPT. Un lanzamiento que parece haber causado un trauma emocional sin precedentes. Los miedos se han multiplicado y se han encadenado cubos de agua fría sobre el relanzamiento de la IA: seis meses para pensárselo, escabrosas y alarmantes noticias sobre sus efectos.

Es como si, llegado al clímax de una noche de karaoke, alguien pidiera cantar, es un decir, algo como “Murder Most Foul”. Canción grandísima. Poema que marca época. Pero no para un contexto de aceleración, salvo que se tema al desenfreno. Es como decir, ya que Dylan dice que todo se fastidió ese día de noviembre del ’63, ahora voy a fastidiar la alegría a partir de aquí.

De hecho, con respecto a la IA, el parón se plantea en términos de un tiempo “para ver que hacemos”. Seis meses es el tiempo reclamado por los expertos. Sesenta días el de la administración norteamericana. Es la decisión de la no decisión. Es un no sabemos lo que hacer y, ante tal situación, que no hagan nada, que no sigan haciendo cosas que nos desbordan. Una especie de principio de precaución extendido.

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El principio de precaución se proyecta inicialmente sobre tecnologías que pudieran generar daños a la salud o al medio ambiente. Se trata de toma de medidas de precaución, en un momento y territorio concreto, ante la evidencia de daños producidos por esa nueva tecnología concreta. Por ejemplo, se detiene el proyecto de instalar antenas de telefonía móvil ante la acumulada evidencia de que producen daños entre la población que vive en sus inmediaciones. Uno de los principales problemas de aplicación del principio de prevención es que es relativamente fácil alimentar los miedos. Unos miedos que tienden a llevar la resistencia de las poblaciones a, por ejemplo, la instalación de sistemas tecnológicos en su cercanía. En un no en mi jardín.

Es la lógica nimby: Not in My Backyard. Pero, también, al parón de la investigación en los equipos más avanzados; mientras otros países, menos cuidadosos con la voz de sus ciudadanos resistentes, las impulsan, poniendo delante sus potenciales beneficios, sobre sus asimismo potenciales perjuicios.

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El principio de precaución tiende a generar conflictos morales y políticos. También, grandes gastos por parte del Estado. Recuérdese el caso de la gripe aviar: millones de gasto ante lo que después fue una gripe de tipo leve. Es de temer que, tras el acontecimiento de la Covid, este principio ha aumentado su sensibilidad. Ante cualquier amenaza, por abstracta o poco perfilada que esté, actuar como un escudo protector de hierro grueso.

En el caso de la IA esperemos que el grosor del hierro de la protección estatal no acabe por aplastarnos. De hecho, no son pocos -legos y profesionales de la medicina- que opinan que los efectos del afán protector con respecto a la Covid, en forma de masivas vacunaciones sin una profunda ponderación de sus efectos en específicas condiciones de las personas, están todavía por ver. La prevención excesiva puede ser tan peligrosa como la falta de prevención. Y en este difícil juego estamos.

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