La ley de IA de la UE echa a andar entre expectativas y suspicacias La ley de IA de la UE echa a andar entre expectativas y suspicacias 

El pasado 6 de diciembre el Parlamento Europeo llegó a un acuerdo provisional sobre la propuesta de normas armonizadas sobre inteligencia artificial (IA) en la UE, la llamada ley de inteligencia artificial. Aunque los medios han subrayado este término -ley de inteligencia artificial- todavía se está en los pasos iniciales del borrador del reglamento. Pero eso de: “la primera ley de inteligencia artificial” parecía tener su atractivo. Aunque creo que más lo tendría el anuncio de que la UE ofrece la IA más competitiva del planeta, respetando todos los derechos fundamentales y protegida de riesgos sistémicos.  

Ley de Inteligencia artificial de la UE: una propuesta histórica

Ley IA UE

En general, los propósitos del borrador del reglamento suenan bien. Aunque se hace hincapié en las prohibiciones, se dejan ventanas para la innovación. Entre las prohibiciones se encuentran, por ejemplo, la manipulación cognitiva-conductual, la eliminación no selectiva de imágenes faciales de internet o imágenes de los circuitos cerrados de televisión (CCTV), el reconocimiento de emociones en el lugar de trabajo y en instituciones educativas, la puntuación social, la categorización biométrica para inferir datos sensibles, como la orientación sexual o creencias religiosas y casos específicos de vigilancia policial predictiva de individuos.

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Como suele ocurrir con estas normas, también generan descontentos o, al menos, suspicacias. Los partidarios de dejar volar a la innovación, pueden ver alguna sombra restrictiva sobre ésta, apuntando especialmente a lo que la propia UE denomina “nueva arquitectura de gobernanza”. Es decir, la creación de instituciones de control, como la Oficina de IA, o la autoridad de vigilancia del mercado pertinente en relación con el incumplimiento de la Ley de IA, ante la cual cualquier persona física o jurídica puede presentar una queja.

Sesgos sociales

En el otro polo están los que demandan mayor protección, especialmente bajo la temerosa asunción de que la IA nos sitúa a todos en posición vulnerable. Creen que los principios acordados para la elaboración del reglamento de la UE no acaban de asumir el principio de igualdad, al que deben estar supeditadas todas las políticas públicas.

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Destacan especialmente aquellos movimientos sociales y defensores de colectivos y categorías sociales que, entre otras cosas, argumentan que la IA generativa, como son ChatGPT (OpenAI/Microsoft) o Bard (Google), se alimenta principalmente del actual internet, subrayando que se trata de un internet con sesgos sociales, como género, cultura, incluso ideología política.

Desde el punto de vista del género, imagínese una IA alimentada principalmente con el material de Foro Coches. Prácticamente casi todas las líneas del feminismo dejarían de discutir entre ellas -y esto es decir mucho- para echarse las manos a la cabeza.

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