La IA sabe más de nosotros que nosotros mismos, sole le falta el test de Groucho
La IA sabe más de nosotros que nosotros mismos, sole le falta el test de Groucho

La IA sabe más de nosotros que nosotros mismos, solo le falta el test de Groucho

La IA sabe más de nosotros que nosotros mismos. Estamos en un proceso intensivo y acelerado de aprendizaje de la IA (inteligencia artificial) y sus diversos usos. Cada día, aprendemos alguna cosa más sobre cómo obtener mayor provecho de la misma. La lógica de la eficiencia es la que manda. Pero cabe introducir otra lógica, como es la de la reflexividad. Y es que la IA también aprende de nosotros. Lo hace al mismo tiempo, cuando interactuamos con ella, y al menos, al mismo ritmo.

El sistema informativo colapsará si la IA sigue robando contenido a los medios

Muchas IA pueden aprender del comportamiento de sus usuarios a través de las interacciones. Se llama machine learning o, mejor, aprendizaje automático. Es decir, la máquina analiza las interacciones, lo que le preguntamos, lo que le pedimos. Lo hace con un loable fin de servicio, como es mejorar las respuestas. Incluso, en la sociedad de los estilos de vida y el consumo individualizado, puede llamarse personalización de las respuestas, en función de la memoria que tenga de nuestras anteriores preguntas e interacciones. Y que conste, que si algo no le falta es memoria.

A la IA le falta el test de Groucho

Recordará los temas que interesan, la perspectiva que más nos gusta sobre esos temas y la que menos nos gusta, introducirá precisión en función de las demandas de precisión anteriores. Nos reconocerá sus errores y, poco a poco, señalará los nuestros. Cuando tenga más confianza. Faltaría ese nivel que es el del humor. El nivel del test de Turing parece ampliamente superado por los actuales modelos de IA. Pero le falta el test de Groucho.

Un ejército de agentes de IA se instala en nuestras vidas

Dentro de poco le preguntaremos a la IA quiénes somos, a dónde vamos, qué hacer, que nos conviene más. Pues nos conoce mejor que nos conocemos nosotros mismos. Y no dejaremos de asombrarnos. Pero le faltará esa capacidad de humor, como para reírnos con ella.

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