Las humanidades deben estar en los planes de estudio de la IA
Las humanidades deben estar en los planes de estudio de la IA

El peligro de dejar a la sociedad fuera de los planes de estudio de la IA

Ante el protagonismo que está adquiriendo la IA en la agenda pública y su encomiable ansia por captar matrículas, los centros universitarios españoles quieren ponerse al día en el asunto en sus planes de estudio. También nuestra universidad a distancia, la UNED, que ha elaborado la Memoria de Propuesta de Creación de Grado de Ingeniería en Inteligencia Artificial. Una Memoria con un atractivo plan de estudios de asignaturas técnicas. Pero donde no hay apenas espacio para la sociedad y la economía, más allá de un diminuto rincón para la gestión empresarial.

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Buena parte de las universidades españolas se han puesto a diseñar titulaciones de IA. Algo que en otros países del entorno, como Gran Bretaña, llevan haciendo desde hace algún tiempo. Pero más vale tarde, que nunca. Hay algunas universidades privadas que anuncian la nueva titulación en IA, a bombo y platillo, sin tener todavía aprobada la misma por la autoridad correspondiente, ya sea autonómica o estatal. El retraso y el moverse a partir de las mareas de la agenda pública traen estas aceleraciones. Esperemos que no desemboquen en precipitaciones.

IA planes de estudio

La UNED, la universidad con mayor número de estudiantes en España, también parece haber puesto el pie en el acelerador. Algo que habla del compromiso de sus profesionales con la institución. Pero parece reproducir uno de los pecados del sistema universitario español. Es el pecado de las dos culturas, científica y humanística, de la que hablaba C. P. Snow en 1959. Una radical división entre científicos y humanistas que, proyectado en los estudios universitarios, se traduce en científicos sin formación sobre los procesos sociales, que constituyen su entorno; y profesionales de las humanidades y ciencias sociales sin formación en un entorno crecientemente técnico. Ingenieros, informáticos, arquitectos y todos los formados en nuestras “politécnicas”, con apenas alguna instrucción en las normas jurídicas a las que se deben. Por otro lado, filósofos, periodistas, economistas, sociólogos, politólogos, filólogos, historiadores, etc. con escasas competencias técnicas, más allá de las derivadas de su socialización como generación que usa abundantemente aparatos.

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La relación entre técnica y sociedad nunca ha sido fácil. Posiblemente porque ambas se necesiten mutuamente. Son inexplicables la una sin la otra. Y, en la formación, se trata principalmente de eso, de explicar. También en la universitaria. El argumento de la especialización no sirve para fijar exclusiones.

Precisamente estos días, con su abundante presencia en la agenda pública de la IA, asistimos a la compleja y conflictiva relación entre sociedad e IA. Una sociedad que demanda sus utilidades y que puede llegar a estar configurada en buena parte por los desarrollos de la IA. Una sociedad que desea y, a la vez, teme la IA. Tal vez una sociedad que tiene miedo de sus propios deseos no puede quedar fuera de la formación de los diseñadores de IA.

Una solo asignatura limitada a tres créditos

Relación recíproca entre IA y sociedad. No puede entenderse la evolución de la IA sin el marco societario en el que se ha dado y que ha acogido -o rechazado- sus avances. De hecho, su evolución histórica, cuyo nacimiento puede situarse hace ya tres cuartos de siglo, no ha sido lineal. En buena parte, las quiebras a tal desarrollo cabe relacionarlas con los marcos societarios de cada momento, en lo que la sociedad demandaba o podía admitir de la IA.

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En la propuesta de título en IA de la UNED, todas las asignaturas técnicas cuentan con 6 créditos, que es la unidad de medida universitaria. Esto quiere decir una dedicación y una exigencia bastante aceptable. Es la exigencia estandarizada en los planes de estudio. Parece lógico centrarse en la caja negra técnica del asunto en la preparación de profesionales. Sin embargo, solo hay una asignatura que aborda las relaciones entre IA y sociedad. Además, queda limitada a 3 créditos. Es decir, prácticamente a nada. Parece más un adorno que otra cosa. Y la sociedad no puede ser un adorno en la formación de los futuros diseñadores de la IA.

Muy poca presencia en el plan de estudios. Poca oportunidad para ofrecer contenidos sobre las representaciones sociales de la IA. Sobre sus dimensiones sociales en origen y el marco social e histórico del que surge. Sobre sus potenciales consecuencias: paro, nuevas ocupaciones, movimientos sociales, resistencias sociales, nuevas formas políticas, nuevas relaciones sociales. Consecuencias sobre la estructura ocupacional, la estructura social o, por ejemplo, las relaciones de género. Poca relevancia para lo que requiere un profundo seguimiento en clave social y de economía política, al fin y al cabo esto es la sociología, sobre la IA.

Técnicos para la sociedad, pero sin la sociedad

Pero también poca presencia para la aplicación del saber sobre lo social en los proyectos concretos desde la IA. Desde el pretest social de los nuevos desarrollos y productos, pasando pos los usos sociales de cada IA concreta, hasta el análisis de impactos en ámbitos y categorías sociales y profesionales concretas. Se diseñan planes de estudio desde el imaginario de unos ingeniosos científicos. Científicos siguiendo el desarrollo autónomo de su disciplina.

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El caso es que la justificación de los estudios de IA en esta Memoria de Propuesta de Creación de Grado de Ingeniería en Inteligencia Artificial precisamente destaca su relevancia social. Plantea, por lo tanto, formar técnicos para la sociedad. Pero sin la sociedad. Se habla de transversalidad. Se compromete a: “Proporcionar una visión crítica de la IA, centrada en las personas, incluido el impacto jurídico y socioeconómico, con una perspectiva transversal basada en la responsabilidad”.

Facultad de Sociología de la UNED

Tal vez la explicación de este nuevo episodio de separación entre lo social y lo técnico esté en las dinámicas universitarias internas. De un profundo carácter social y político, entendido como lucha por el poder. Los ingenieros y matemáticos, razonablemente desde su perspectiva, intentan acaparar toda la formación. Menos comprensible es que los sociólogos presentes en la UNED con una Facultad no digan nada. Es poco comprensible que el Decano de esta Facultad no haya puesto el grito en el cielo ante los hechos. Pero seguramente se debe a cuestiones de políticas internas. La Universidad, en general, se mueve en la actualidad más en la adaptación y la subordinación, que en la crítica, la protesta o el más mínimo ruido.

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Cabe la esperanza y que, en el proceso de aprobación del título, se arregle la propuesta. Tal vez cuando llegue a los órganos superiores que lo han de asumir en la UNED. Tal vez cuando llegue a la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación (ANECA). Siempre cabe la esperanza.

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