Desde que empezó 2026, Vitalik Buterin, no ha dejado de definir de manera explícita en su cueta de X el rumbo de Ethereum, la blockchain que ideó para transformar las finanzas tradicionales. En sus mensajes, Vitalik no defiende una vuelta nostálgica a los orígenes. Está reaccionando ante el riesgo de que la red desaparezca por absorción, diluida en la misma industria financiera que pretendía superar y que ha aprovechado la red para construir sobre ella.
Así, Vitalik deja claro quién manda en Ethereum y con qué reglas. El desarrollador fija límites para que la infraestructura pública de Ethereum no termine subordinada a intereses privados. Eso sí, todo ello, con mucho amor y firmando como Milady.
Ethereum y la banca
Tal y como ha venido analizando Observatorio Blockchain a lo largo de estos meses, el contexto actual es clave. Ethereum ha dejado de ser una infraestructura emergente para convertirs en la base sobre la que operan empresas, plataformas financieras, proveedores de infraestructura, desarrolladores de carteras, emisores de stablecoins y proyectos institucionales de todo tipo. En la actualidad, una industria entera depende de su dirección.
Durante años, el diseño del protocolo de Ethereum avanzaba, pero la capa industrial de dapps, carteras y RPCs (los servicios que actúan como intermediarios entre las aplicaciones y la blockchain) avanzaba todavía más rápido. Por ello, en lugar de que los usuarios y las aplicaciones se conectaran directamente a la red, la mayor parte del ecosistema pasó a depender de unos pocos proveedores de infraestructura. El resultado es una red descentralizada que funciona sobre capas cada vez más centralizadas.
Lógica empresarial
El motivo es que la lógica empresarial ha empujado en esa dirección. Centralizar simplifica la experiencia del usuario, reduce costes, acelera el desarrollo y facilita el contro, lo que para una empresa tiene sentido. Un ejemplo reciente ilustra esto con claridad. La decisión de X de restringir el acceso a su API a aplicaciones descentralizadas que recompensaban económicamente a los usuarios por generar contenido, provocó caídas inmediatas en varios tokens y colecciones de NFTs. Esto demuestra hasta qué punto una decisión unilateral puede desestabilizar ecosistemas enteros construidos sobre una capa que no controlan.
Los textos de Vitalik parten de dicho diagnóstico. Ethereum ha permitido demasiadas concesiones sin fijar límites claros. Y cuando los límites no los marca el protocolo, los acaba marcando la industria por pura inercia, incorporando intermediarios que alteran profundamente cómo se usa y quién tiene realmente el control de Ethereum.
Esto significa que si Ethereum no pone límites, las infraestructuras financieras tradicionales no necesitarán competir directamente con Ethereum, porque pueden integrarlo como capa técnica interna y presentarlo a sus clientes como una mejora de sus sistemas. Por ejemplo, el sistema de mensajería interbancaria Swift no utiliza Ethereum como red pública abierta, pero si utiliza tecnologías blockchain compatibles para modernizar sus procesos sin alterar su papel de ntermediario. Esto significa que puede incorporar blockchain sin cambiar la relación con el usuario final.
Tesis estructural
Si el sistema financiero tradicional puede apoyarse en Ethereum o en tecnologías derivadas de su ecosistema y ofrecerlo envuelto en cumplimiento normativo y procesos conocidos, ¿para qué usar Ethereum directamente si hay alguien lo hace por ti y te lo devuelve convertido en intermediación?.
La tesis central de Vitalik para Ethereum es estructural. Insiste en que las decisiones de diseño del protocolo y de su infraestructura asociada determinan quién puede participar en igualdad de condiciones. Indica que priorizar baja latencia, infraestructuras complejas o dependencias externas, ya sea en nodos, staking, construcción de bloques o acceso a la red, solo beneficia a quienes tienen más recursos y deja fuera al resto.
Vitalik plantea que Ethereum debe escalar sin favorecer a actores privilegiados. Vitalik quiere evitar un modelo en el que solo puedan participar empresas y operadores profesionales, dejando fuera a millones de usuarios, que son los que deberían sostener la adopción masiva del sistema. Este planteamiento choca directamente con parte de la industria construida sobre Ethereum, acostumbrada a optimizar para obtener velocidad, comodidad y control.
El trilema
Por ello, en el trilema de la blockchain, Vitalik da un paso más en esa dirección. Durante años, muchas de las concesiones que han terminado favoreciendo a actores privilegiados se justificaron en nombre del famoso trilema. No se podía alcanzar al mismo tiempo seguridad, descentralización y escalabilidad. Esa coartada, deja de ser válida en 2026.
Según Buterin, con rollups, sharding de datos, pruebas de validez y nuevas arquitecturas de verificación, Ethereum ya dispone de herramientas suficientes para escalar sin expulsar a los usuarios menos especializados ni concentrar aún más el poder en manos de unos pocos operadores. Este punto es clave para entender el conflicto entre protocolo e industria. Lo que resulta rentable y cómodo para una empresa, puede reducir la participación de las masas, debilitando la base social y económica sobre la que debería sostenerse una infraestructura financiera global.
Sin duda, nada de esto rompe a Ethereum de golpe. Pero lo vacía de su promesa original, reduciendo su papel a una capa técnica fácilmente asimilable por los mismos actores que blockchain pretendía superar. Aquí es donde la intervención de Vitalik cobra pleno sentido. No porque acuse a la industria, sino porque reconoce que si el protocolo no marca límites claros, la industria los marcará sola, siguiendo la lógica del mercado.
Las propuestas de 2026
Así, todas las propuestas anunciadas por Vitalik en 2026 apuntan a reducir la capacidad de la industria para imponer atajos que simplifican el negocio a costa de diluir los valores del protocolo. A esto se añade que otras blockchains compiten siendo más rápidas, más baratas o más fáciles de usar. Frente a esa presión, la tentación de diluir principios para no perder cuota de mercado es constante. Sin embargo, si Ethereum renuncia a su neutralidad y a su verificabilidad, pierde aquello que lo distingue como infraestructura de largo plazo. Es decir, deja de ser una alternativa estructural y pasa a ser concebida como una tecnología más, intercambiable y fácilmente absorbible.
Empresas como ConsenSys, cuyo fundador también es cofundador de Ethrerum, y muchas otras más dependen de que Ethereum siga siendo creíble. Por ello, lo que Vitalik plantea para 2026 no se trata de un debate académico. Es una condición previa para que Ethereum pueda consolidarse como infraestructura financiera global.
Definir desde el protocolo
Si Ethereum quiere convertirse en la capa base de las finanzas en blockchain, tiene que dejar claro qué partes del sistema no son negociables, incluso cuando eso limite determinados modelos de negocio. No sabemos si la industria ha presionado directamente a Vitalik para trazar este nuevo camino, pero el tamaño alcanzado por la industria que gira a su alrededor hace que la indefinición ya no sea sostenible.
Tal y como ha venido contextualizando Observatorio Blockchain, los textos de Vitalik responden a que Ethereum ha llegado a un punto en el que o se define desde el protocolo o será definido por la inercia del mercado y la lógica de la intermediación. Vitalik ha optado por lo primero, para asegurar la supervivencia de Ethereum como infraestructura pública. Vitalik no está defendiendo la pureza moral de Ethereum, está evitando una muerte lenta por absorción de la industria financiera.

