Casi todos hemos oído hablar de proyectos solidarios con Blockchain, directa o indirectamente centrados en las criptomonedas, implementados en los países en desarrollo destinados a bancarizar sectores de la población que quedan excluidas de los circuitos de financiación habituales en el mundo desarrollado.

Parecía así que las criptomonedas quedaban limitadas a actuar donde no llegaba el sistema financiero tradicional, pero sí lo hacían los dispositivos técnicos para poder operar con las otras monedas. Se ponían en marcha proyectos de inversión, intercambios en las comunidades antes expulsadas del sistema financiero.

Además, con un coste menor y una eficiencia mayor, permitían pagos habituales en esos lares, de escasa cantidad, micropagos. Vamos, lo que en otros países de mayor envergadura económica hacíamos con nuestras monedas y billetes.

Tarjetas de crédito

Ahora bien, esa facilidad para el pago en efectivo se va progresivamente perdiendo. También en nuestras sociedades desarrolladas. Una de las razones es la extensión del uso de las tarjetas de pago, hasta alcanzar transacciones que, hasta entonces, nos parecían fuera del campo semántico de la palabra crédito, ya que habíamos accedido a las tarjetas de pago a través de las tarjetas de crédito.

¬ŅUn ‚Äúcr√©dito‚ÄĚ para pagar el taxi o una barra de pan? Pues ya estamos aqu√≠ en los centros urbanos, donde el pan se adquiere en el super, y el taxi pertenece a una red, asociaci√≥n o plataforma, como manera de afrontar los costes del uso de las tarjetas. La otra raz√≥n, sin duda paralela a la anterior, es el continuo cierre de sucursales bancarias, con sus respectivos cajeros autom√°ticos, lo que hace m√°s complicada la obtenci√≥n del dinero en
efectivo.

Aislamiento territorial

Desde hace tres lustros, cuando apenas empezaban a sonar las trompetas apocal√≠pticas de la crisis, asistimos en Estados Unidos y Europa a un espect√°culo antes desconocido: cierre de sucursales bancarias. Unas veces porque se fusionaban entidades, haci√©ndose redundante la red de oficinas. Otras, porque se iban del pa√≠s, como pas√≥ en Espa√Īa con, por ejemplo, Barclalys. Ya, despu√©s, porque hab√≠a que reducir costes.

Nuestro país ha vivido tal acontecimiento de una manera acelerada y casi traumática. Hasta hace no tanto tiempo, si se vivía a más de cien metros de una sucursal bancaria podía tomarse como un indicador de aislamiento territorial. Hoy, incluso en los centros urbanos, cada vez nos cuesta encontrar el cajero automático pertinente.

Si antes, todo comercio que se cerraba quedaba transformado en sucursal bancaria; ahora, toda sucursal bancaria tiende a convertirse en un gimnasio o un bar de moda.

Las cajas desaparecen

Las cajas de ahorro se fusionaron ‚Äďen medio de esc√°ndalos- quedando muy pocas, que ya no son cajas de ahorro, ni se llaman as√≠. Ni ya tampoco est√°n en la plaza del pueblo. Han desaparecido dejando a las poblaciones sin su ‚Äúcaja‚ÄĚ, donde iban a por el efectivo a principio de cada mes.

Y tener y pagar en efectivo se ha convertido en un problema en esos pueblos, que son los que tampoco tienen una tienda de cadena de supermercados, ni pr√°cticamente ning√ļn comercio en el que se admitan tarjetas de d√©bito o cr√©dito para abonar cantidades peque√Īas.¬†Pues bien, es aqu√≠ donde se abre la posibilidad para que las criptomonedas implanten su reino y, de paso, el modelo de consumo que intr√≠nsecamente proyectan.

Criptomonedas para neorurales

Es cierto que buena parte de esa poblaci√≥n rural est√° formado por personas mayores, de una edad en la que el uso del tel√©fono smart es extra√Īo. Pero tambi√©n hay neorurales y personas no tan mayores que, ante las dificultades de encontrar empleo, vivienda asequible y, en general, aposento en la ciudad han empezado a ver la peque√Īa localidad rural como una
oportunidad. De hecho, seg√ļn afirman los especialistas, se est√° produciendo cierto reemplazoen estas localidades peque√Īas, de gente mayor que se va por edad o porque en la ciudad se encuentran los servicios m√©dicos que necesitan, a personas m√°s j√≥venes que huyen de la ciudad. Lo dicho: una oportunidad para todos. Tambi√©n para las criptomonedas.

Por Covadonga Fernandez

Directora de Observatorio Blockchain

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