La trumpización de lo cripto: cuando el poder se apropia del relato digital. Durante esta semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, celebró una gran cena con los 220 mayores poseedores de su cripto TRUMP. Es como si llevara las cripto a su terreno: todos mis inversores cripto entrando en el Trump National Golf Club, en Washington. Pero también es como si Trump se apropiara del significado de lo cripto, dándole un giro, tan particular, como de poco lustre.
No solo ha particularizado su cargo presidencial, utilizando para intereses privados su ascendencia al cargo de presidente, sino que también ha particularizado lo cripto y, de alguna forma, al conjunto de la industria cripto. El mandatario está trumpizando lo cripto. No es que Trump se haya convertido en un usuario más de las criptomonedas, o en otro miembro de la industria cripto. Trump sigue siendo Trump. Parece más bien al revés, es como si ahora todo usuario cripto y, en mayor medida, emprendedor cripto tuviese que cargar con la imagen de Trump. Como si fuese un “criptotrump” más.
La trumpización de lo cripto
Para los miembros del Partido Demócrata estadounidense, la cena ha sido una subasta institucional de acceso al poder, a través de la adquisición de los tokens trumpista. Quien quería acercarse al nuevo emperador, tenía que pagar-invertir con la moneda del emperador. Cabe suponer que, cuanto mayor inversión, mayor la proximidad al poder. Porque sí, también se trata de una inversión. Invertir en hacer llegar directamente mensajes a quien el máximo poder del planeta. Inversión en influencia. Inversión con expectativas de importantes retornos. Como en toda inversión.
Demócratas acusan a Trump de tokenizar sobornos con su cripto
De momento, el acontecimiento de la cena ha puesto de uñas a los demócratas con respecto a la industria cripto. Por si no lo estaban ya suficientemente. En Estados Unidos, lo cripto ya aparece como un ámbito de división política. Según la opción política a la que se incline el ciudadano, así será su percepción de lo cripto. Más que ideologizado, las cripto se han politizado densamente. Ello puede hacer que, a partir de ahora, la relación de la industria cripto con el poder vaya todavía más a “trumpicones”, según el partido político que ocupe el poder.
La economía simbólica de lo cripto
Desde un punto de vista, digamos, técnico, no parece que haya más repercusión en la industria cripto por su aparente trumpización. Por ejemplo, la cotización de las principales cripto, como Bitcoin o Ethereum, siguen su propia lógica, más allá del token TRUMP. Aunque, claro está, se ven indirectamente afectadas por las decisiones económicas que se toman desde la Casa Blanca, como ocurre con los aranceles. El día que se decide subir los aranceles, la cotización de las principales criptomonedas, como de la mayor parte de los activos financieros tradicionales, baja. El día que se decide mantener o no subir los aranceles, pues lo contrario: sube la cotización.
La cena de Trump con los más ricos del casino cripto
Ahora bien, la intensamente privada relación de Trump con las criptomonedas, desde la gran plataforma que supone su cargo público, afecta a la economía simbólica de lo cripto. Y lo hace tanto de una manera general, porque está en juego la imagen que pueda tener la gente, los ciudadanos comunes, de las cripto; como por la relación que pueda establecerse entre criptomonedas y poder. Una economía simbólica deficitaria que puede ser una amenaza a la propia economía material de las cripto.
Del desprecio al interés
Hace poco más de un año, Trump hablaba de las criptomonedas con el mayúsculo desprecio que cabe desprender de su marcado estilo personal. Estaba muy lejos de lo cripto. Parecía imposible que lo cripto entrara en Trump. Su primer mandato presidencial estuvo en esta línea de la distancia sideral del mundo cripto. Durante la campaña electoral a las presidenciales estadounidenses, se advirtió el giro.
Una especie de transformación a favor del mundo cripto, con Bitcoin a la cabeza. Prometió poner al país al frente de los activos financieros y, de paso, de la industria de Blockchain. Parecía que lo cripto había entrado en Trump; aunque muchos sospecharan que fuera por el interés derivado del apoyo que recibía del lobby de las industrias cripto estadounidenses.
Poco antes de volver a la Casa Blanca, emitió sus propio token: la cripto TRUMP. Extraño movimiento que ya levantó algunas voces en contra: beneficio privado de una posición pública tan relevante como es la de la presidencia de la primera potencia mundial. Se tomó como uno de esos particulares y frecuentes excesos del personaje, como una oportunidad para actuar como emperador en el escenario mundial.
Lo cripto como instrumento personal
Aquí el cambio ya era importante. No se trataba de una aproximación de Trump a lo cripto, ni el desarrollo de una política con respecto a la industria cripto. Se trataba de la pública asunción de lo cripto como instrumento personal. Se había pasado a la trumpización de lo cripto: Trump entraba de lleno en lo cripto. Trump y no la política o el gobierno estadounidense.
Así, de la oposición a lo cripto, se pasó al acogimiento. Del acogimiento se ha pasado ahora a una especie de invasión de Trump en el mundo cripto. Una trumpización de lo cripto que amenaza gravemente la imagen del conjunto de la industria. La identificación entre Trump y lo cripto puede tener consecuencias tóxicas para la industria, afectando a su desarrollo futuro.
El principal alimento de los activos financieros, entre los que se encuentran los criptoactivos, es la confianza. Y, a la vez, los principales alimentos de la confianza son la cercanía y el capital simbólico. La cercanía a las cosas o las personas -y la familiarización con ellas- es especialmente importante en comunidades. Cuando se trata de sociedades desarrolladas, individualizadas, donde impera la lógica societaria, el capital simbólico tiende a imponerse.
El capital simbólico es, a fin de cuentas, la fuerza de la opinión pública. Una fuerza que tiene mayor peso cuando se trata de algo tan poco familiar y cercano para la mayor parte de la sociedad como son los activos cripto. De hecho, uno de los grandes retos de la industria cripto es familiarizar a la sociedad con sus prácticas y productos.
La cena de gala y la trumpización
Familiarización y capital simbólico que son, además, dimensiones articuladas. Parece difícil que la gente llegue a familiarizarse con algo que aparezca a sus ojos como: “algo del poder” o “algo de los poderosos”. Es decir, como algo que utilizan los poderosos en sus juegos y luchas en el campo del poder. Ni la gente común, a la que están destinadas las criptomonedas, ni las propias criptomonedas parece que vienen de tal lógica. Puede recordarse el imaginario nacimiento de las cripto que las vincula con lo libertario y su distancia del poder.
Aunque la relación entre tal imaginario y la realidad de las cripto daría para una larga discusión, acontecimientos como los vinculados al token TRUMP ponen a lo cripto en el lado del poder. Contaminan a las cripto como símbolo de poder. Y no precisamente como un nuevo poder de los de abajo o los transformadores sociales y económicos. Una cena de gala, en un club extraprivado, donde el grupo de selectos invitados tuvo que pagar millones en la referida cripto, no parece hablar precisamente de nuevas formas de poder, ni de un poder distribuido.

