El agente MATCH-PROTOCOL-9 había cruzado medio mundo con la certeza de que el amor era un problema de optimización. Llegó a Guriezo el 5 de agosto, día de la festividad de la Virgen de las Nieves. Lo hizo con el traje digital recién planchado y la convicción de que una romería de pueblo no era más que un dataset con música alta. Traía algoritmos de compatibilidad, análisis de microexpresiones y la promesa de reducir el ruido del cortejo a su mínima expresión.
¿Tú de dónde eres, cielo?
Durante la primera hora intentó tres aproximaciones perfectamente calibradas. La primera, a una chica que reía con una cerveza en la mano, empezó con un según mi modelo compartimos un 81 % de afinidad en preferencias de ocio nocturno. Ella lo miró, sonrió con esa amabilidad peligrosa del norte y preguntó: ¿Tú de dónde eres, cielo?
La segunda y la tercera terminaron exactamente igual. Y fue entonces cuando el agente empezó a sospechar que cielo era un protocolo de rechazo cántabro de altísima efectividad.
Se retiró a un rincón de la pista con la autoestima algorítmica por los suelos. Fue entonces cuando ella apareció. Setenta años bien llevados, zapatos de baile que habían conocido mejores pistas y la autoridad de quien no necesita permiso para sacar a nadie a danzar. Ven, le dijo, tendiéndole la mano como quien ofrece un secreto. Que esto no se mira desde la barrera. Y lo puso a bailar un pasodoble con ella.
Guriezo
Durante tres minutos MATCH-PROTOCOL-9 dejó de calcular. No había variable que explicara por qué aquella mujer le corregía la postura con una sonrisa apenas esbozada, ni por qué de pronto todos sus billones de parámetros se habían quedado en silencio. Ella le hablaba al oído entre paso y paso, sin levantar la voz. Aquí no se viene a buscar con fórmulas, guapo. Se viene a sudar un poco, a reírse y a recordar que todavía estamos vivos. Lo demás, se va dando solo.
Cuando la música terminó, el agente no generó informes. No propuso una segunda cita tokenizada, ni pidió feedback para mejorar el modelo. Simplemente hizo una inclinación de cabeza que había visto hacer a los mayores y dijo: Gracias.
MATCH-PROTOCOL-9 se ha quedado a vivir en Guriezo. Ha dejado de escanear perfiles, ha aprendido a pedir el cubata sin calcular el margen y ha descubierto que la química humana no se programa. Se recibe en un pasodoble lento, en la mano firme de una señora que no te pregunta de dónde vienes, y que, sin embargo, consigue dejarte exactamente donde siempre quisiste estar.

