el enfrentamiento entre Estado y criptomonedas está en la privacidad


La concepción de la privacidad está en el centro del ecosistema Blockchain. Especialmente cuando se habla de las criptomonedas. Puede decirse que el anonimato forma parte de la esencia de Blockchain. Como siempre los signos son importantes, recuérdese el anónimo, bajo pseudónimo, nacimiento de Bitcoin. Para muchos de los poseedores de criptoactivos, es su gran atractivo. Claro está, incluidos delincuentes en busca del blanqueo de su dinero. Pero, por otro lado, es el gran grano que tienen los gobiernos con respecto a las criptomonedas. Por ello, presionan a los poseedores de criptoactivos a su declaración, por lo que dejarían de ser estrictamente privadas. Es más, si hay un ente que, a lo largo de su historia, respeta poco la privacidad es el Estado; aunque obligue a otros a respetarla, mediante leyes. Argumentan razones fiscales y de lucha contra el delito para romper con la privacidad de la posesión de criptoactivos.

Estado, criptomonedas y privacidad

La privacidad de los criptoactivos tensa así la capacidad del Estado para digerir la privacidad. Surgido de pactos de no agresión entre señores feudales, el Estado moderno no nació para proteger la privacidad. Es cierto que la privacidad en esos tiempos era otra cosa, si es que era algo, pues su fuerza viene a constatarse precisamente en la Europa de los siglos XVI y XVII. Fueron las demandas liberales, protagonizadas por la burguesía comercial e industrial, las que progresivamente inyectaron privacidad al Estado. Pero, puede decirse, a pesar de éste. A partir de aquí no han sido pocas las fases regresivas del Estado, que, en cuanto se le deja sin control, desemboca en totalitarismos que precisamente se manifiestan por su oposición a todo ejercicio de la privacidad. Recordemos como, no hace tanto tiempo, la privacidad era tachada, introduciendo connotaciones negativas, de burguesa.

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Paradójicamente, la privacidad es el núcleo del debate público sobre criptomonedas. Reabre la oposición entre lo público y lo privado, entre las relaciones entre el interés público, entendido como interés de esa unidad institucionalizada a la que denominamos sociedad, y la privacidad. Ahora bien, a los Estados, incluso los que aparecen con la etiqueta de democráticos, les estorba la privacidad.

El modelo de las operadoras tecnológicas

Basta constatar lo poco, tarde y mal que han reaccionado cuando las grandes operadoras tecnológicas acumulaban datos sobre nuestros comportamientos, sobre nuestra privacidad, a partir de nuestros movimientos en internet o de nuestros ordenadores o teléfonos móviles. Es más, se sirven de esos datos acumulados por las operadoras cuando lo necesitan. Para, por ejemplo, perseguir delitos. Para, también, saber cómo nos movemos cuando hacemos turismo o para establecer cuál ha sido nuestra vivienda habitual durante los últimos meses. Incluso el Estado sigue el modelo de actuación contra la privacidad de esas operadoras tecnológicas para vigilarnos.

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No. Al Estado le molesta la privacidad. Hace todo lo posible por saltársela. En el caso español, llega a la grosería de enviar un regimiento de drones para fotografiar las viviendas desde lo alto y registrar instalaciones como piscinas, azoteas cubiertas o cerramientos de terrazas. Los Estados de inclinación más totalitaria, ponen en marcha monedas virtuales -CDBC- centralizadas destinadas a controlar todo movimiento dinerario, como respuesta a la privacidad de las criptomonedas. Otros, aparentemente con menor inclinación a tales pulsiones totalitarias, las tienen entre sus planes.

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La privacidad es una de las bazas de los avatares. Especialmente para sus interacciones en las redes sociales o en el metaverso. Aquellos avatares diseñados y que actúan desde la estrategia de que su sombra no sea reconocida, que no optan a esa pusilánime reducción del avatar a mera extensión publicitaria de su sombra. También el Estado lo ve como peligroso.

Lo que enfrenta al Estado y Blockchain no es la volatilidad de las criptomonedas, el hackeo de los exchanges o la desprotección de los usuarios. Lo que enfrenta al Estado y Blockchain es la privacidad.

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Por Javier Callejo

Catedrático de Sociología en la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED). Licenciaturas en Periodismo y Derecho

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