Esta carta nace de la constatación de que la estrategia de Europa en blockchain ha fracasado y que no lo ha hecho por falta de organismos, ni de recursos. Ha fracasado por abandono.
El 1 de febrero de 2018, la Comisión Europea lanzó el Observatorio y Foro Blockchain de la UE. En 2019, organizó el nacimiento de INATBA desde sus propias sedes, con comisarios, directores generales y organismos internacionales. A día de hoy, el Observatorio Blockchain no está en transición, ni en revisión. Está vacío. Inactivo. Congelado. Con una web que parece un archivo muerto y una actividad que se detuvo sin explicación. No lidera nada. No analiza nada. Ni orienta a nadie. Y, sin embargo, nunca ha sido cerrado oficialmente, como si nadie quisiera asumir la responsabilidad de reconocer su fracaso.
Inatba, iniciativa de la Comisión Europea
INATBA ha seguido el mismo camino. Lo que nació en marzo de 2019 como una iniciativa organizada por la Comisión Europea, con el objetivo de estructurar la gobernanza de blockchain y el diálogo regulatorio, ha sido dejado a su suerte. Hoy es una asociación privada más, sin los actores fundadores y sin la Comisión Europea en ningún lugar visible. Ustedes la crearon. Ustedes la legitimaron. Y después, simplemente se fueron.
El mensaje es devastador. El dinero público no es de nadie, los proyectos no tienen dueño y las promesas institucionales no obligan a nada. Esa percepción es la que alimenta la desafección política y la pérdida de confianza en el proyecto europeo. Blockchain no es el problema. El problema es cómo se gobierna la innovación en Europa.
Desde fuera, la sensación es que el dinero público se ha gastado sin dueño. Se han financiado proyectos, contratos, informes y estructuras que no producen valor ni conocimiento ni industria. No hay un balance público comprensible, porque tampoco hay responsables visibles, ni evaluaciones, ni rendición de cuentas.
Perdemos confianza en Europa
Las empresas y autónomos no podemos permitirnos este tipo de comportamiento. Si un proyecto no funciona, asumimos las consecuencias. En las instituciones europeas, los proyectos no fracasan, se diluyen, perdiéndose algo más importante que el dinero. Perdemos confianza en Europa. Blockchain es solo el ejemplo. Europa ha confundido durante años regular con liderar. Ha creído que crear marcos normativos sustituye a construir industria, infraestructura y poder tecnológico real.
Cuando blockchain empezó a tocar cuestiones como dinero, intermediación financiera, soberanía, la ambición europea se evaporó. Quedó la regulación y desapareció el proyecto. Como ciudadana, la decepción no proviene de que Europa no haya ganado la carrera cripto/blockchain. Proviene de haber prometido un camino y haberlo abandonado sin explicaciones. Los euros supuestamente invertidos en dar un empujón a blockchain dilapidados.
Quién responde
Esta forma de actuar genera cansancio, desafección y hartazgo. Genera la sensación de que creer en las palabras institucionales no sirve de nada. Europa no puede seguir creando expectativas para luego dejarlas morir. No puede gastar recursos públicos sin asumir públicamente los resultados. No puede pedir confianza mientras actúa como si esa confianza fuera infinita.
Esta carta no pide más iniciativas. Pide saber para qué sirvió realmente la estrategia europea de blockchain, ¿qué se consiguió?, ¿por qué se abandonó? ¿quién responde?. Porque mientras las instituciones pueden pasar página, los ciudadanos no. Nosotros seguimos aquí, sosteniendo proyectos, pagando costes y viendo cómo el discurso europeo se vacía de contenido. Europa decepciona no cuando se equivoca, sino cuando no se hace cargo de sus propios errores. Y hoy, en blockchain, no se ha hecho cargo.
Atentamente,
Una ciudadana europea que creyó en lo que decía Europa sobre blockchain
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