En qué se parecen la burbuja puntocom y la crisis de las altcoins
En qué se parecen la burbuja puntocom y la crisis de las altcoins

En qué se parecen el estallido de la burbuja puntocom y la actual crisis de las altcoins

La actual crisis de las altcoins y lo que sucedió en la burbuja puntocom se parecen en algunas cosas que vamos a intentar desgranar en este reportaje. Al igual que ocurrió durante el estallido de las tecnológicas, donde gigantes como la española Terra o la estadounidense Pets.com colapsaron pese a que internet terminó transformando el mundo, el ecosistema blockchain se enfrenta hoy a una fase de depuración masiva. Este análisis explora el paralelismo histórico entre ambos fenómenos y cómo la llegada de la regulación y los grandes actores institucionales está transformando la especulación minorista en la infraestructura financiera del futuro.

La burbuja puntocom de los 90

Durante años, cada semana nacían nuevas blockchains y nuevos tokens que prometían transformar las finanzas, reinventar internet, cambiar la identidad digital o incluso rediseñar la organización económica y política del planeta. Los exchanges listaban activos a una velocidad frenética y millones de inversores acudían a un mercado impulsado por una mezcla de utopía tecnológica, especulación y miedo a quedarse fuera de la próxima gran revolución.

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El fenómeno recuerda inevitablemente a lo ocurrido durante la burbuja puntocom de finales de los noventa, cuando miles de empresas relacionadas con internet surgían prácticamente de la noche a la mañana prometiendo transformar la economía mundial. Entonces, igual que ahora con blockchain, bastaba una historia futurista, una página web y la sensación de estar participando en una revolución histórica para atraer millones de dólares y alcanzar valoraciones gigantescas.

En aquella época aparecieron buscadores, portales web, tiendas online y compañías tecnológicas que parecían destinadas a dominar el futuro. Muchas desaparecieron pocos años después. Sin embargo, internet sí terminó transformando el planeta. Cambió la economía, los medios de comunicación, la publicidad, el comercio y la forma en que las personas se relacionan entre sí.

Fase de depuración del mercado

Y quizá ahí aparece el paralelismo con el momento actual del mercado cripto. Puede que la mayoría de proyectos blockchain no sobrevivan, igual que no sobrevivieron la mayoría de empresas puntocom. Pero eso no significa necesariamente que la tecnología vaya a fracasar. Puede significar que el mercado está entrando en una fase de depuración donde solo unas pocas infraestructuras terminarán consolidándose como pilares del futuro financiero digital.

Mientras la atención mediática y la liquidez se concentran cada vez más alrededor de Bitcoin, Ethereum o Solana, decenas de proyectos desaparecen silenciosamente del mapa. Algunos pierden volumen y comunidad, otros dejan de cotizar en grandes plataformas y muchos continúan funcionando técnicamente, pero se convierten en una especie de ciudades fantasma digitales: redes activas sobre el papel, aunque prácticamente ausentes de la conversación y del flujo real del mercado.

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La reciente decisión de Binance de eliminar de su plataforma tokens como Syscoin, lanzado en 2014, Enzyme —anteriormente conocido como Melon Protocol y surgido en 2016—, Harvest Finance, uno de los símbolos de la explosión DeFi de 2020, Automata, presentado en 2021 como infraestructura de privacidad para Web3, o Phoenix, vinculado a las nuevas narrativas de automatización e inteligencia artificial descentralizada, no es únicamente un ajuste técnico del mayor exchange del mundo.

Depurar excesos

Todos ellos fueron, en distintos momentos del ciclo cripto, proyectos considerados innovadores, prometedores o incluso capaces de representar parte del futuro de blockchain. Algunos proponían nuevas arquitecturas técnicas, otros intentaban reinventar las finanzas descentralizadas y otros buscaban construir infraestructuras para la privacidad, la tokenización o la automatización digital.

Pero su salida progresiva de los grandes mercados refleja algo mucho más profundo que un simple ajuste técnico. El ecosistema cripto empieza a depurar sus excesos, igual que ocurrió con internet tras el estallido de la burbuja puntocom. La liquidez, la atención y los usuarios comienzan a concentrarse alrededor de un número cada vez menor de redes, narrativas y plataformas dominantes, mientras cientos de proyectos quedan atrapados en una lenta desaparición silenciosa. Porque quizá las criptomonedas acaban de entrar en su propio año 2000, cuando internet parecía infinito.

A finales de los años noventa, Internet prometía cambiar el mundo y, por primera vez, parecía posible invertir directamente en ese futuro. La red comenzaba a expandirse a una velocidad desconocida y millones de personas sentían que estaban asistiendo al nacimiento de una nueva era económica, tecnológica y cultural.

Miles de startups nacieron prácticamente de la noche a la mañana. Aparecieron tiendas online, buscadores, portales web, plataformas de contenido, empresas de publicidad digital y proyectos que, en muchos casos, apenas tenían modelo de negocio definido, pero sí historias maravillosas sobre cómo transformarían el futuro. Los inversores compraban cualquier empresa que añadiera .com a su nombre.

Terra, el sueño español de internet

La lógica era que si internet iba a transformar el mundo, todo lo relacionado con internet debía valer miles de millones. Y, en cierto modo, tenían razón. Internet transformó la economía, los medios de comunicación, la publicidad, la manera de relacionarnos, el comercio y prácticamente todos los aspectos de la vida cotidiana. Pero lo que no sobrevivió fue la mayoría de empresas que prometían liderar aquella transformación.

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En España, ninguna empresa simboliza mejor aquella fiebre tecnológica que Terra. La compañía nació de la mano de Telefónica, que comprendió que internet iba a transformar por completo las telecomunicaciones, los medios de comunicación y la economía. En los finales de los noventa, la sensación era que quien controlara la entrada a internet terminaría controlando buena parte del futuro digital.

Telefónica fue reuniendo distintos proyectos digitales y portales online ya existentes, entre ellos Olé, uno de los primeros motores de búsqueda importantes en español. Y a partir de esa base comenzó a crear el gran portal de internet del mundo hispanohablante. Terra quería ser prácticamente todo al mismo tiempo: periódico digital, buscador, proveedor de correo electrónico, comunidad online, directorio web, portal financiero, plataforma de entretenimiento y puerta de entrada a internet para millones de usuarios.

Terra llegó a valer 37.000 millones de euros

En aquella época, antes de la explosión de Google, Facebook, YouTube o WhatsApp, la navegación por internet comenzaba muchas veces desde grandes portales como Terra. Para millones de personas, aquella página de inicio era prácticamente internet entero.

La compañía aspiraba a concentrar en un único lugar toda la vida digital del usuario. Vista con la perspectiva de hoy, Terra parecía una mezcla entre un periódico digital, Yahoo, MSN, una red social y un buscador. El característico diseño naranja de la compañía terminó convirtiéndose en uno de los grandes iconos visuales de la primera internet española y en símbolo de una época en la que parecía que España podía construir su propio gigante tecnológico global.

Cuando Terra salió a bolsa el 17 de noviembre de 1999, la empresa se convirtió inmediatamente en uno de los grandes símbolos de la fiebre tecnológica que recorría los mercados financieros de finales de los noventa. Según información recogida por Cinco Días, la demanda de acciones fue tan descomunal que tuvo que realizarse un sorteo entre pequeños inversores para adjudicar un máximo de 25 acciones por persona. Terra debutó a 11,81 euros y cerró ese mismo día en 37 euros, una subida del 184,61%.

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Miles de pequeños inversores españoles compraban acciones convencidos de que estaban entrando en el futuro. La cotización continuó disparándose durante los meses siguientes hasta alcanzar su máximo histórico el 14 de febrero de 2000, cuando las acciones llegaron a tocar los 157,6 euros. En apenas tres meses, la compañía se había revalorizado más de un 1.000% y llegó a alcanzar valoraciones cercanas a los 37.000 millones de euros.

La compra de Lycos: el momento culminante de la burbuja

Era una cifra descomunal para una empresa que todavía no tenía beneficios sólidos y cuyo modelo de negocio se construía mucho más sobre expectativas futuras que sobre resultados reales. Pero lo que realmente valoraba el mercado era la idea de que quien controlara la entrada a la red terminaría controlando buena parte de la economía del siglo XXI. Durante unos meses parecía que España estaba construyendo su propio Google o Yahoo europeo.

El momento más simbólico llegó en el año 2000, cuando Terra compró Lycos por unos 12.500 millones de dólares. Lycos era entonces uno de los grandes portales de internet del mundo y competía directamente con gigantes como Yahoo, MSN y los primeros grandes buscadores globales que comenzaban a dominar la red. La operación pretendía crear un gigante internacional capaz de dominar el mercado hispano y competir de tú a tú con Silicon Valley. Durante unos meses parecía posible que una compañía española pudiera convertirse en uno de los grandes actores globales de internet. Poco después llegó el colapso.

En Estados Unidos, uno de los grandes símbolos de la burbuja puntocom fue Pets.com. La empresa vendía comida y accesorios para mascotas por internet y representaba perfectamente el entusiasmo casi irracional que rodeaba a cualquier negocio relacionado con la red. La idea parecía revolucionaria y futurista. El problema era que la compañía perdía dinero de forma masiva mientras gastaba fortunas en marketing, publicidad y expansión.

Síntomas parecidos a los que vivió internet antes del estallido de las puntocom

Durante la burbuja puntocom, los desequilibrios financieros apenas parecían preocupar al mercado. Lo importante era crecer rápido, conquistar usuarios y transmitir la sensación de que internet iba a generar beneficios infinitos en el futuro. Las valoraciones subían impulsadas por expectativas gigantescas y por la idea de que cualquier empresa relacionada con la red terminaría dominando la economía mundial.

Pero cuando el dinero comenzó a desaparecer y el mercado dejó de premiar únicamente las promesas, llegó el colapso. Muchas compañías que parecían imparables se hundieron en cuestión de meses y algunas, como Pets.com, terminaron desapareciendo menos de un año después de salir a bolsa.

En la actualidad, el mercado cripto empieza a mostrar síntomas muy parecidos a los que vivió internet antes del estallido de la burbuja puntocom. Entre 2017 y 2022 nacieron miles de proyectos relacionados con ICOs, DeFi, NFTs, metaversos, memecoins, Layer 1, inteligencia artificial descentralizada y protocolos financieros experimentales.

El papel de los medios cripto

Durante años, prácticamente cualquier narrativa blockchain conseguía atraer inversión, comunidad y atención mediática. Parte de esa actualidad también se construía desde medios especializados estrechamente vinculados al propio ecosistema cripto. CoinDesk perteneció durante años a Digital Currency Group y fue adquirido en noviembre de 2023 por el exchange Bullish.

Decrypt nació ligado a Consensys, uno de las grandes compañías de software del ecosistema de Ethereum. The Block se vio envuelto en una polémica tras revelarse que su CEO había recibido préstamos millonarios de Alameda Research, la firma asociada a FTX, y posteriormente terminó siendo adquirido mayoritariamente por Foresight Ventures, un fondo especializado en activos digitales. La firma adquirió el 80% del diario por 60 millones de dólares.

Cointelegraph, uno de los medios cripto más influyentes del mundo, representa también esa compleja relación entre información y ecosistema blockchain. A diferencia de otros grandes medios del sector, la estructura accionarial y la propiedad real de la compañía nunca han sido especialmente transparentes y, en la práctica, no se sabe con claridad quién controla realmente el medio. El medio opera a través de distintas estructuras internacionales y sociedades poco visibles públicamente.

Una estructura profundamente interconectada

El sector funcionaba muchas veces como una economía donde exchanges, fondos, blockchains, influencers y medios especializados alimentaban conjuntamente la sensación de estar construyendo una revolución inevitable. El capital financiaba proyectos, los proyectos impulsaban comunidades, los exchanges listaban tokens y los medios especializados amplificaban constantemente nuevas narrativas sobre el futuro de internet, las finanzas y la descentralización.

Eso no significa necesariamente ausencia de periodismo crítico. De hecho, CoinDesk fue clave para destapar el entramado financiero de FTX y Alameda Research, lo que desencadenó uno de los mayores colapsos de la historia cripto. Pero aquel episodio también dejó al descubierto hasta qué punto el ecosistema funcionaba como una estructura profundamente interconectada, donde medios, fondos, exchanges y grandes compañías convivían dentro de relaciones complejas de competencia, inversión y construcción narrativa.

Cuando comenzaron a aparecer problemas reales de liquidez, balances inflados y estructuras financieras opacas, incluso parte de los medios más integrados en el ecosistema terminaron acelerando la ruptura de la narrativa que había sostenido el mercado durante años.

Ideas adelantadas a su tiempo

Muchos de aquellos proyectos eran técnicamente interesantes y algunos incluso proponían ideas adelantadas a su tiempo. Sin embargo, el mercado empieza ahora a endurecerse y la lógica especulativa que impulsó el crecimiento masivo de las altcoins comienza a cambiar. Los inversores ya no preguntan únicamente qué tecnología tiene un proyecto. Ahora preguntan por usuarios reales, actividad económica, liquidez, si cumple regulación o si podrá sobrevivir dentro de diez años. Y ahí es donde comienzan los deslistados de exchanges, los abandonos y las desapariciones silenciosas que recorren actualmente el ecosistema cripto.

Igualmente, algunas de las blockchains que durante años ocuparon grandes titulares en los medios especializados empiezan a mostrar claros síntomas de agotamiento. Proyectos como EOS, Tezos, Algorand, NEO o incluso Internet Computer llegaron a presentarse como infraestructuras capaces de competir con Ethereum o reinventar internet y las finanzas digitales.

La mayoría continúan técnicamente activas, mantienen fundaciones, desarrolladores y comunidades, pero han perdido la sensación de inevitables en el mercado. El capital, la liquidez y la atención se están desplazando ahora hacia ecosistemas mucho más concentrados, mientras numerosas blockchains quedan atrapadas en una especie de limbo digital, vivas sobre el papel, pero cada vez más alejadas del centro del mercado.

La llegada de actores institucionales

Al mismo tiempo, la industria cripto está entrando en una nueva fase marcada por la llegada masiva de actores institucionales. Grandes bancos, fondos de inversión y gestoras financieras empiezan a ocupar el espacio que durante años estuvo dominado por comunidades cripto, desarrolladores independientes y especulación minorista.

La entrada de gigantes como BlackRock, Fidelity Investments o Franklin Templeton a través de ETFs de Bitcoin y productos financieros tokenizados está transformando profundamente el mercado. Al mismo tiempo, bancos como JPMorgan Chase desarrollan infraestructuras blockchain propias y sistemas de pagos tokenizados, mientras entidades como Banco Santander, BBVA o Société Générale ofrecen productos cripto y avanzan en temas relacionados con custodia, tokenización y servicios ligados a activos digitales.

El auge de las stablecoins también acelera esa transformación institucional. Empresas como Circle y Tether manejan ya decenas de miles de millones de dólares, mientras bancos y gobiernos estudian cómo integrar monedas digitales dentro de la infraestructura financiera tradicional. Incluso gigantes de pagos como Visa y Mastercard trabajan activamente en redes basadas en stablecoins y pagos blockchain.

Las regulaciones

A todo ello se suma el avance regulatorio. Normativas como MiCA en Europa o la futura legislación estadounidense vinculada a CLARITY están empujando el mercado hacia un entorno mucho más regulado, profesionalizado e institucionalizado. Y eso cambia completamente las reglas del juego.

Ya no basta con tener una narrativa atractiva o una comunidad activa. Ahora importan la liquidez, la custodia, la transparencia, el cumplimiento normativo y la capacidad de integrarse dentro del sistema financiero global. Exactamente igual que ocurrió tras la explosión de las puntocom, cuando internet dejó de ser únicamente un espacio experimental y comenzó a convertirse en infraestructura económica crítica para el planeta.

En toda esta transformación, resulta llamativo que muchas de esas muertes digitales ni siquiera generan grandes titulares. Simplemente ocurren. Un token deja de cotizar, un Discord se vacía, los desarrolladores abandonan GitHub, la liquidez desaparece y el mercado continúa avanzando como si no hubiera pasado nada. Muchas blockchains siguen técnicamente activas, pero culturalmente han dejado de existir para gran parte del ecosistema.

Alrededor de Bitcoin, Ethereum y Solana

Mientras tanto, el capital, los desarrolladores y los usuarios se concentran cada vez más alrededor de Bitcoin, Ethereum, Solana y unas pocas infraestructuras dominantes. Exactamente igual que ocurrió tras la explosión de las puntocom, que internet sobrevivió, pero concentrado en unas pocas plataformas gigantes.

Y, sin embargo, mientras muchas blockchains históricas pierden relevancia, las memecoins continúan absorbiendo una enorme parte de la atención y de la especulación del mercado. Actualmente, el sector de las memecoin mueve alrededor de 35.000 millones de dólares en capitalización. Solo Dogecoin concentra cerca de 18.600 millones de dólares, mientras Shiba Inu ronda los 3.500 millones y proyectos como Pepe, Bonk, Floki o dogwifhat continúan moviendo cientos de millones.

A día de hoy, mueven un volumen superior a los 8.000 millones de dólares diarios, una cifra gigantesca para activos cuyo valor depende muchas veces más de la viralidad y de la cultura de internet que de una utilidad tecnológica concreta. Las memecoins son el último refugio de la liquidez especulativa pura de la vieja era cripto, un contraste irónico con la sobria institucionalización que traen BlackRock o JPMorgan.

La paradoja de las burbujas tecnológicas

No obstante, la historia ha demostrado que las grandes burbujas tecnológicas suelen exagerar el valor inmediato de una innovación, pero no el cambio histórico que termina provocando. La burbuja puntocom exageró las valoraciones, las expectativas y la velocidad con la que las empresas digitales transformarían la economía. Pero internet terminó cambiando el mundo de una forma incluso más profunda de lo que muchos imaginaban entonces.

Quizá blockchain esté entrando ahora en esa misma fase de depuración. Puede que la mayoría de tokens desaparezcan, que muchas blockchains se conviertar en irrelevantes y que cientos de proyectos terminen olvidados en el inmenso cementerio digital del mercado cripto. Pero eso no significa necesariamente que la tecnología haya fracasado. Quizá signifique que blockchain está dejando de ser experimento o un laboratorio financiero para empezar a convertirse en infraestructura global.

La tokenización, las stablecoins, los pagos programables, la identidad digital o las finanzas onchain siguen avanzando silenciosamente mientras gran parte de la especulación desaparece. Igual que ocurrió tras el estallido de las puntocom, cuando cientos de empresas colapsaron mientras internet continuaba expandiéndose por toda la economía mundial.

Y mientras esa transformación ocurre, el mercado cripto empieza a parecerse cada vez más al Nasdaq del año 2000, un lugar donde miles de sueños tecnológicos compiten por sobrevivir sabiendo que probablemente solo unos pocos terminarán convirtiéndose en las infraestructuras dominantes del futuro.

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