Su fase más escasa
Mientras los bancos centrales luchan por contener la inflación y mantener el control sobre monedas que pueden emitirse sin límite, Bitcoin acaba de entrar en su fase más escasa. Tras haberse minado ya 20 de los 21 millones previstos, el último millón de bitcoins se liberará lentamente hasta alrededor del año 2140. Es decir, casi nadie de los que estamos leyendo esto hoy verá salir de la mina el último satoshi. Estamos minando para nuestros tataranietos.
En un escenario así, guardar bitcoin dejará de parecer solo una estrategia de inversión. Con una oferta cada vez más limitada, desprenderse de una fracción de bitcoin podría sentirse, con el tiempo, como perder una pequeña pieza de un puzle que nunca volverá a completarse.
También cambiará la forma en la que hablamos de la moneda. El tiempo de aspirar a tener un bitcoin completo podría ir quedando atrás. A medida que el activo se vuelve más escaso y valioso, la unidad real de uso tenderá a ser el satoshi, su fracción más pequeña. Poseer uno de los 21 millones de bitcoins completos podría convertirse en algo reservado a grandes instituciones, fondos o incluso Estados. El usuario común se conformará con acumular satoshis.
Bitcoin no necesita depósitos
Haber alcanzado los 20 millones de monedas sin un solo fallo en el sistema, sin haber modificado las reglas del consenso a mitad del partido y sin haber necesitado rescates, demuestra que el código es infinitamente más fiable que cualquier política monetaria humana. Al cierre de esta edición, el precio de bitcoin se sitúa alrededor de 70.318 dólares, con una capitalización cercana a los 1,4 billones de dólares.
Bitcoin ha demostrado ser la infraestructura financiera más predecible y sólida que la humanidad haya construido jamás. Mientras a los bancos les aterra que el dinero escape de sus depósitos, a Bitcoin le da igual, porque no necesita depósitos. Es el único activo en el mundo que no se puede imprimir para salvar a un banco o a un gobierno.

