¿Por qué el resto de bancos del mundo podrían seguir la estela de JPMorgan y optar por tokens de depósito en lugar de con stablecoins? Apenas dos días después del histórico lanzamiento de JPM Coin, llamado ahora JPMD, el token de depósito en USD de JPMorgan en la blockchain pública Base de Coinbase, la pregunta que se hace el sector financiero es si servirá de detonante para que otros gigantes bancarios tokenicen sus depósitos.
Tokens de depósito
La respuesta se inclina más hacia el sí que hacia el no. En primer lugar, los bancos podrían optar por tokens de depósito regulados en lugar de stablecoins privadas, por su sintonía con el sistema financiero tradicional y carecer de los riesgos inherentes de las stablecoins. Esta preferencia se basa en un cóctel que integra: avances regulatorios, madurez tecnológica y competitividad. Estas tres cuestiones hacen mucho más viable replicar el modelo en el resto del mundo.
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El paso dado por JPMorgan significa el inicio de una tendencia que otros bancos grandes como Citigroup, HSBC o Deutsche Bank podrían copiar muy pronto, tokenizando sus depósitos en blockchain. En la actualidad, esto es posible porque gobiernos como el de EEUU ha relajado las regulaciones desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca. Por ejemplo, en Estados Unidos, la Fed ahora protege los tokens como los de JP Morgan con el FDIC, algo que no sucede con las stablecoins.
Riesgos de liquidez
A diferencia de los tokens de depósito, las stablecoins, emitidas en su mayor parte por entidades no bancarias, carecen de respaldo directo en depósitos asegurados y se enfrentan a riesgos de liquidez. Sin embargo, tal y como sostiene JPMorgan, los tokens de depósito mantienen la misma liquidez bancaria tradicional, uno a uno respaldada por fondos en el balance del banco, evitando así la volatilidad que han padecido algunas stablecoins en crisis pasadas. Como es el caso de USDC con la quiebra de Silicon Valley Bank, lo que le llevó a perder su paridad frente al dólar durante varias horas.
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Los tokens de depósito son como una extensión natural del sistema existente, ya que cada token equivale a un depósito comercial real en el banco emisor, con protecciones regulatorias como la del FDIC que protege hasta los 250.000 dólares por cuenta, lo que genera confianza institucional. En el caso de las sablecoins no se da esta circunstancia. La tokenización de depósitos de clientes permite pagos de próxima generación sin salir del ecosistema bancario, integrando blockchain para transacciones 24/7 mientras, con la certeza de cumplimiento. En contraste, las stablecoins pueden introducir vulnerabilidades como falta de privacidad bancaria estandarizada y exposición a quiebras no aseguradas, lo que las hace menos atractivas para bancos que priorizan la robustez sobre la innovación disruptiva.
$10 billones para 2030
Por otra parte, desde el punto de vista técnico, el salto de JPMorgan a una red pública como Base, demuestra que las preocupaciones de seguridad y escalabilidad son manejables. Base ofrece transacciones casi instantáneas y de bajo coste, menos de un centavo por operación. Además, sin fees variables o las congestiones que afectan a las stablecoins en redes públicas.
Con un mercado de activos tokenizados que podría alcanzar los $10 billones para 2030, según datos de Boston Consulting Group, ignorar dichas cifras podría ser un suicidio para los bancos, ya que se se quedarían fuera de un negocio gigante. Si apuestan por stablecoins en lugar de por tokens de depósito regulados, deben tener en cuenta que carecen del mismo respaldo legal que los tokens de depósito.

