El futuro de la IA será físico y robótico, no digital, según Balaji Srinivasan
El futuro de la IA será físico y robótico, no digital, según Balaji Srinivasan

El futuro de la IA será físico y robótico, no digital, según Balaji Srinivasan

Balaji Srinivasan, ex CTO de Coinbase y reconocido inversor de Silicon Valley sostiene que tras revolucionar la búsqueda en internet, el futuro de la IA está en dejar atrás los chats y abrirse camino en el mundo físico con robots capaces de realizar tareas cotidianas.

Tras expectativas de revolución total, el sector de la IA, según Balaji, empieza a atravesar lo que los analistas llaman el valle de la desilusión, una fase en la que los proyectos se enfrían, los inversores se repliegan y la realidad obliga a distinguir entre lo posible y lo imposible. Para Balaji, uno de los pensadores más influyentes en el ecosistema tecnológico, esta etapa no es una mala noticia. Asegura que se trata del mejor momento para invertir y construir.

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En una larga reflexión publicada en su cuenta de X, Srinivasan plantea que lo que viene no es la tan prometida IA general, esa mente de máquina capaz de pensar como un humano, sino algo mucho más concreto y al mismo tiempo más transformador: la «inteligencia física específica».

El futuro de la IA

El ex CTO de Coinbase considera que los modelos actuales de IA han alcanzado un techo. El mayor logro hasta ahora ha sido revolucionar la búsqueda en internet, apunta, aludiendo al golpe que los grandes modelos de lenguaje han asestado al dominio de Google. «Es un logro histórico, pero no es el dios de las máquinas». Para Balaji, la razón de este estancamiento es que la IA digital, basada en texto, solo repite, no piensa de verdad. Los modelos funcionan de medio a medio, dependen de la capacidad humana para dar buenas instrucciones y para verificar los resultados, lo que limita su potencial creativo.

El contraste, asegura, se encuentra en el mundo físico. La llamada IA física, en la forma de sistemas robóticos, sí puede ejecutar tareas de principio a fin. Un ejemplo son los coches autónomos, que hoy son capaces de llevar a una persona desde un punto A hasta un punto B sin intervención humana. Eso es inteligencia específica aplicada a un problema económico de gran valor, explica. A su juicio, la próxima década verá una explosión de estos sistemas: robots, drones de reparto, vehículos sin conductor y aparatos domésticos inteligentes capaces de comprender y responder a las personas.

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Srinivasan cree que China está especialmente bien posicionada para liderar esta ola gracias a su fortaleza en hardware y a la rápida proliferación de robots en entornos urbanos e industriales. Los robots chinos completarán tarea tras tarea, en múltiples formatos, más allá de coches o humanoides, asegura.

Invadido por contenidos generados por la propia IA

El argumento central de Balaji es que, mientras el mundo digital es fácilmente manipulable y cada vez más invadido por contenidos generados por la propia IA, lo que da como resultado texto falso, basura o agentes artificiales hablándose entre sí, el mundo físico es real, medible y compartido. Los robots, cuando exploran un entorno con sensores y mapas, generan un consenso objetivo de la realidad que no puede fabricarse artificialmente. Un robot Tesla y un robot Unitree percibirán los mismos objetos, señala. En cambio, los modelos entrenados con datos digitales solo absorben información plagada de inconsistencias.

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Para reforzar su idea cita el concepto de SLAM (ubicación y mapeo simultáneos), una técnica de robótica que permite a las máquinas situarse en un entorno físico y crear mapas en tiempo real. Si millones de robots recopilan y comparten estos datos, argumenta, el aprendizaje será exponencial y convergente, a diferencia de la deriva digital.

Sistemas robóticos que resuelvan tareas muy concretas

Srinivasan reconoce que futuros avances algorítmicos podrían cambiar este diagnóstico y abrir de nuevo la puerta a una inteligencia artificial general. Pero insiste en que hoy la oportunidad está en otra parte. Está en desarrollar sistemas robóticos que resuelvan tareas muy concretas y de alto valor económico, dice. En el ámbito industrial, eso significa fábricas repletas de robots cada vez más sofisticados. En el terreno doméstico y de consumo, imagina un futuro con «un jardín de cosas inteligentes» como coches, drones, perros robóticos, frigoríficos y dispositivos que entiendan al usuario y se comuniquen con él. Como un Alexa para todo, resume.

Srinivasan precisa que mientras el discurso público sobre la IA sigue atrapado entre la euforia y el miedo, el verdadero avance se producirá en áreas discretas pero tangibles. Como el transporte, la logística o el hogar. Y advierte que el momento actual, tras el pico de las expectativas, es precisamente cuando se construyen las grandes revoluciones tecnológicas.

Según Balajis, el futuro de la inteligencia artificial podría no estar en replicar la mente humana en una pantalla, sino en poblar nuestro entorno físico de máquinas inteligentes que nos ayuden en tareas cotidianas y productivas.

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