Con la industria de la IA, crece la industria de las posiciones críticas con respecto a la IA, especialmente en el ámbito universitario. Así, se multiplican aceleradamente textos con objetivo académico que se autodefinen como críticos de la IA, investigaciones subvencionadas con dinero público que tienen por objetivo abordar las distintas víctimas de la IA, redes de reflexión sobre la ética en la IA o para una IA más justa y un largo etcétera.
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Críticas a la IA
Sin duda, encomiable esfuerzo colectivo. Ahora bien, si utilizamos la metáfora de la carrera entre avances del desarrollo de la IA y sus críticos, parece la carrera de la liebre y la tortuga. Pero tal vez lo peor es que el panorama crítico apenas viene cargado con aportación de soluciones, de alguna vía de escape o de alternativa. Casi todo son lamentos. Por supuesto, en su horizonte no aparece la posibilidad de uso de tecnologías que, como Blockchain, pueden completar las indudables ventajas de la IA, resolviendo alguno de los problemas que crea.
Salvo que la liebre se confie, la proyección práctica del numerosísimo coro de voces críticas con respecto a la IA sólo servirá para eso, para alimentar la industria de la crítica; pero no para dar soluciones alternativas. Una industria con sus diversas facciones para obtener poder en el campo, con recíprocas acusaciones de no ser suficientemente crítico, pues parece que el que es más crítico es el que gana.
Lavadora ética
Así se instala el: “ yo soy más crítico que todos los demás ”. Y, por supuesto, las agrias acusación de: “servir a los oscuros intereses de las grandes corporaciones que proponen los desarrollos de la IA”. Es más, se llega a afirmaciones como que la industria de la IA organiza debates sobre las dimensiones éticas de la IA para ganar tiempo. Como si la industria de la IA estuviese creando una subindustria de la crítica a la IA, a la que se denomina la lavadora ética, como hace el filósofo Thomas Metzinger, que no tiene reparos en calificar de filósofos de la lavadora ética a quienes consideran colaboracionistas de la industria de la IA. Como si la industria de la IA, que corre a vertiginosa velocidad, necesitase ganar tiempo. Está en otra dimensión del tiempo.
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Detengámonos en los principales argumentos de la crítica a la IA, soportados en análisis rigurosos. No se trata de imaginarios derivados de la ciencia ficción, aunque ocasionalmente los rozan, sino que se instalan en la ciencia, las humanidades o la filosofía. Argumentos en los que un concepto se erige entre todos: consecuencias. Se establece así un amplio catálogo de potenciales consecuencias, tanto queridas, como no queridas, de la aplicación de la IA, de la que, de una manera que tiende a ser muy genérica y abstracta, se reconocen sus beneficios. Es un: la IA tiene grandes beneficios; pero ¡cuidado!
Reproducir la ideología capitalista dominante
Desde una perspectiva más totalizante y utilizando viejos términos, se acusa a la IA de reproducir la ideología capitalista dominante. Se parte del prejuicio de que el capitalismo es negativo en sí mismo. Posición crítica que tiende a subrayar que con la IA seremos menos críticos. Consecuencia: habrá un capitalismo que se considerará más feroz y menos crítico. Como se dice, naturalizaremos la ideología capitalista.
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En semejante nivel de abstracción que el argumento anterior, se encuentran las críticas que establecen que la IA es el resultado de una forma de conocer, la occidental. Al imponerse la IA y sus algoritmos, lo que se impondrá es la forma de conocimiento y cultura occidental a todo el mundo. Aquí la consecuencia es que la IA se convierte en el nuevo ariete de la colonización occidental.
Relevante es la línea que dibuja a la IA como una amenaza para la democracia a partir de su intromisión en la esfera pública, a través de la comunicación mediada. Se acusa directamente a una esfera pública dominada por una comunicación algorítmica producida por la IA. Una comunicación que va contra la pluralidad y la exposición de diversas opiniones. La IA elige lo que ofrece como información a los usuarios, sin exponer los contrastes o los debates. También, sin pagar el trabajo creativo o de producción de información de la mayor parte de quienes se esfuerzan por generar esa información de la que se nutre la IA para quebrar la democracia.
Distopía robótica
Bajando un nivel en la concreción, se acusa a la IA de funcionar con sesgos racistas, sexistas o clasistas. Sesgos que reproducen la desigualdad y tienen por consecuencia aumentar la exclusión de ciertos grupos sociales. Se acuña el término exclusión algorítmica. Las consecuencias pueden ser graves en algunas de las aplicaciones de la IA. En especial, aquellas que tienen que ver con la seguridad y el control de poblaciones, la concesión de ayudas o de préstamos, relaciones comerciales y la selección de recursos humanos.
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La distopía robótica es otra corriente de críticas a la IA, que, sin ser ciencia ficción, parece compartir imaginario con ésta. Aquí hay dos líneas. La de robots que “toman decisiones” escapándose al control humano, muy próxima a las narraciones de esa ciencia ficción. Una línea menos entretenida: la de robots y aplicaciones de la IA que, por su gran eficiencia, expulsan a una gran cantidad de trabajadores de sus puestos de trabajo.
La consecuencia de la automatización de muchos procesos gracias a la IA es que, quienes llevaban a cabo tales procesos, se quedan sin empleo o incluso sin profesión. Desempleo como consecuencia de la vuelta de tuerca tecnológica en la racionalización de los procesos.
La información
Los colectivos que en mayor medida se encuentran bajo la amenaza directa de que la IA los mande a casa, son aquellos cuya materia sobre la que trabajan es la información, desde médicos a profesores, desde funcionarios a periodistas, desde publicistas a conductores de transporte público, pasando por una gran variedad de profesiones, que verán devaluado su estatus, y empleos en el sector servicios. Por cierto, toda profesión que se precie de tal tiene su ética, de la que, por el momento, carecen los robots y las aplicaciones de IA, por mucha moderación, que es otra cosa, que le metan al algoritmo.
Para alcanzar convenientemente la categoría de críticos, conceptualmente estos análisis se arman desde sistemas teóricos ya consensuadamente reconocidos como críticos. Así, planean nombres muy conocidos del universo crítico en humanidades y ciencias sociales, como: Marx, Horkheimer, Foucault, Derrida, Haraway, Butler, etc. En el universo académico, no se alcanza la categoría de crítico porque se haya visto algo mal, sino porque se sube a los hombros de quienes ya tienen ampliamente reconocido el estatus de crítico.
Soluciones tecnológicas y criticas a la IA
Si los solucionistas de la IA plantean soluciones, incluso donde no hay problemas, los críticos tienden a eludir la propuesta de alternativas de acción a los graves problemas que apuntan. La principal solución que se plantea para prevenir consecuencias tan funestas es la regulación. Una especie de barrera salvadora. Bueno, más bien la vieja llamada al gran hermano Estado protector. Un Estado que paradójicamente está llamado a ser el principal usuario de la IA, ya sea para inyectar mayor eficiencia a su funcionamiento, ya sea para aumentar su capacidad de control, ya sea de conductas desviadas, ya sea control fiscal.
La segunda solución que tiende a barajarse por los críticos es la educación. Educar a los desarrolladores en ética, profundizando en principios como justicia, responsabilidad y transparencia; y alfabetizar a los usuarios en esta tecnología, advirtiendo de los peligros. Con la educación a los primeros, se conseguiría una especie de autorregulación. Con la educación a los segundos, a los usuarios, que estos fueron tan críticos como los que elaboran las críticas que piden más educación.
Lejos del horizonte de la perspectiva crítica con respecto a la IA se encuentran soluciones tecnológicas. Ya sea acudiendo a la propia IA, lo cual parece hoy día imposible, incluso sin ser excesivamente crítico con esta tecnología. Ya sea acudiendo a otras tecnologías, como Blockchain, que puede aportar dimensiones como responsabilidad y transparencia a lo que se hace con IA.
La IA no es perfecta
Por supuesto, la IA no es perfecta. Seguramente, nunca será perfecto, lo que facilita ese espacio crítico. Y nunca será perfecto porque lo que beneficia a ciertos grupos y determinadas categorías sociales, perjudica a otros grupos y otras categorías. Aunque se escucharan todas las voces de los críticos y se llevarán a cabo sus recomendaciones de reparación de la IA, cuando raramente las hacen, tampoco sería perfecto. Estamos en una sociedad compleja, multisegmentada, estructurada sobre muy distintos intereses, ocasionalmente enfrentados. También con respecto a la IA. Beneficia a unos, se convierte en un peligro para otros.
En cualquier caso, el enfoque crítico, tan desconfiado, puede considerarse necesario. Al menos, compensar las excesivas expectativas de los defensores de la IA, que llegan a situarse en un solucionismo tecnológico en la que la IA es la llave hacia un mundo sin problemas. El enfoque crítico nos avisa. También nos alarma. A veces, sus avisos parecen amenazas apocalípticas por el tono que adquieren. Un tono que se agudiza para ganar un buen sitio en la industria de la crítica. Al fin y al cabo, la industria de la IA es una gran industria, donde caben desde los desarrolladores y promotores en busca de económico contante y sonante, así como las voces que buscan un lugar en el escenario de la crítica.

