Sam Altman, CEO de la popular OpenAI (ChatGPT), anda proponiendo reformas planetarias defensivas para salvarnos, entre otras cosas, de la posibilidad de la extinción del ser humano por parte de la IA.
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Son varios decenios los que llevamos acumulando avisos de los cambios económicos, políticos y sociales que vendrán de la extensión de la inteligencia artificial (IA). No es algo nuevo, aunque es cierto que en el último lustro se ha intensificado el debate entre los partidarios de acelerar la investigación en IA, para su rápida aplicación, y, por otro lado, los que reclaman detener tal investigación, generando un período de reflexión colectiva. Ahora bien, lo que es realmente nuevo es el protagonismo tomado por reformistas sociales cuyas trayectorias profesionales y empresariales están vinculada al propio desarrollo de la IA. El caso más paradigmático es de Altman.
Sam Altman
El reformista social es el que defiende un cambio de las bases de la sociedad, en busca de una mayor justicia social. Aun cuando la consolidación de la figura del reformista social tiene su marco histórico en la Modernidad, con una fuerte vinculación entre progreso y obtención de esa mayor justicia social, puede decirse que atraviesa el conjunto de las sociedades históricas.
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De hecho, podrían buscarse sus raíces en la mayor parte de los fundadores de las grandes religiones. Pero seguramente nos vienen más a la mente personajes como los abolicionistas, las sufragistas, Gandhi, Luther King, Mandela o, más recientemente, la Premio Nobel de la Paz Malala Yousafzai. Pues bien, el reformismo social de Altman no alza su voz sobre grandes movimientos de masas o sacrificadas acciones, como huelgas de hambre o sufrimiento de años de cárcel, represión o exclusión de la vida civil. La voz de Altman se erige desde la racionalidad tecnológica. Es como si se hubiera dado una especie de vuelta a la tortilla y la razón tecnológica fundase ahora la razón social.
Justicia social
Altman es también CEO de Tools for Humanity, una compañía tecnológica que se presenta a sí misma buscando un sistema económico más justo. Desde esta entidad es desde donde Altman propone una gran reforma planetaria, consistente en la provisión de un ingreso básico universal. El argumento, tan básico como el ingreso que propone, es que la IA será la que trabajará. Por lo tanto, si los ingresos que la gente necesita para la supervivencia siguen dependiendo del empleo, enormes sectores de la población se verán imposibilitados de acceder a tales ingresos, ya que no tendrán empleo al que dedicarse.
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Por cierto, no es la única amenaza que viene de la IA. Pero es la que se asemeja más a la lógica de los anteriores reformistas sociales, en la medida que tiene por principio establecer un mínimo de justicia social. Todo humano tendría derecho a ese ingreso mínimo. Todo humano al que Worldcoin, el proyecto cripto de Altman, reconozca en su humanidad, tendría derecho a ese ingreso mínimo.
Reformas planetarias a la defensiva
Hay otras propuestas del CEO de OpenAI que, sin embargo, entrañan una lógica de reforma social de un carácter distinto a las históricamente conocidas. Se trata de reformas planetarias a la defensiva. El mismo Sam Altman, en una entrevista reciente, de la que se ha hecho eco Cointelegraph habla de la posibilidad de la extinción del ser humano por parte de la IA. Eso sí, su querida GPT-4 no es una amenaza para nadie. Son las “otras IA”, las que están por venir. De aquí que su propuesta se extienda al ámbito de la regulación y la política. Se trata de una especie de agencia internacional que controle y compruebe los más poderosos sistemas de IA para garantizar la seguridad de los mismos.

