La flecha de ARCO no dio en la relación entre IA y blockchain
La flecha de ARCO no dio en la relación entre IA y blockchain

La flecha de ARCO no dio en la relación entre IA y blockchain

Durante esta semana se viene celebrando la Feria de arte ARCO en Madrid. Un evento que se convierte en una especie de veleta de por dónde corren y, sobre todo, van a correr los vientos de las artes plásticas. Esta edición de 2025 parece haber puesto menos relevancia en el peso de lo tecnológico en la producción artística, en la estrecha vinculación entre innovación artística e innovación tecnológica. Así, quizá queriendo huir de las presiones de las aceleraciones de nuestro tiempo, ARCO ha dejado en un lugar marginal innovaciones como la inteligencia artificial y blockchain.

Al ser una feria y, por lo tanto, tener sus bases en el mercado, no puede decirse que esté vertebrada por un único concepto. La lógica del mercado tiende a la descentralización; pero hay líneas que cobran especial relevancia en la feria, que adquieren la forma de dictado de las líneas de tendencia. De lo que vendrá. Que intentan decir algo como: “el arte va por aquí”, asumiendo, a su vez, que el arte es el olfato que la modernidad se ha dado para colonizar los futuros posibles.

ARCO, IA y blockchain

En esta ocasión, ARCO ha apostado más por poner el futuro en el regreso. Tal vez no tanto regreso al pasado, sino regreso a lo natural, que, no se olvide, no deja de ser un concepto. En todo caso, se ha dado especial protagonismo a la relación con el medio ambiente (Amazofuturismo), o a temas que siempre están ahí, como las relaciones con el poder, o, ya más en el presente, a problemas sociales, como la inmigración, especialmente a través de las cabezas de alabastro de Plensa, con las que todos querían fotografiarse.

Porque, esto sí, el principal actor del acontecimiento es el teléfono móvil fotografiando sin parar. Ya viene siéndolo desde los últimos años. Tiene lugar la experiencia de un gran festival de imágenes públicas que pasan a ser privatizadas en el archivo fotográfico del teléfono inteligente. De obras de arte cuyo aura, ese “aquí y ahora” benjamiano que las hace únicas, intenta ser robado por esas máquinas de fotografiar de bolsillo, reproduciéndose lo único hasta la infinitud. Walter Benjamin decía que así, con la reproducción hacia el infinito, se terminaba con el aura de la obra de arte.

Los móviles

No estoy tan seguro de esto, ya que, en los tiempos que corren, el fotografiar algo que está expuesto adquiere las características de un like, de un “me gusta” de las redes sociales online. Y, como bien saben los influencers, los “me gusta” se convierten en indicadores de relevancia social. No es el aura, pero se le parece. En nuestro tiempo y en contra de lo que decía Benjamin, el aura se consigue con la multiplicación de reproducciones. Si no es así, al menos, consumiendo arte a través de la lente telefónica, el aparato inteligente alimenta su inteligencia.

Intensa actividad de los teléfonos inteligentes del público asistente. Tanta, que es llamativa la casi total ausencia de obras de arte que recojan el fenómeno del uso de los teléfonos móviles. Es posible que los artistas del presente desechen la representación de los teléfonos móviles por considerarlo ya un significante del pasado. Al fin y al cabo, ya en al año 2007 Lubo Kristek presentaba una composición con teléfonos móviles desechados titulada Réquiem para teléfonos móviles.

Producir y vender arte en el próximo futuro

El arte está siempre por delante del público del arte, que usa con intensidad los teléfonos móviles cuando acude a un acontecimiento como ARCO. Quizá por esta reubicación por el arte en el pasado del teléfono móvil y, a la vez, su extendido uso cuando la gente se pone delante de la obra de arte, en la obra Dat-Astral Chart de la asturiana Noemi Iglesias, los teléfonos móviles se introducen en un juego entre la minería de datos y la astrología, que es otra manera de ver el futuro; pero con aire de pasado. En cualquier caso, Noemi Iglesias no está en ARCO.

Más llama la atención la ausencia de la relación entre inteligencia artificial (IA) y blockchain en ARCO. En una feria que pretende dictar las tendencias en el campo del arte, es como hacer el vacío en el mercado del arte a una de las, al menos, potenciales formas de producir y vender arte en el próximo futuro.

Es posible que tal ausencia se explique por el propio significado revolucionario de esa relación entre IA y blockchain. Una revolución que, como buena parte de las innovaciones nacidas alrededor de blockchain, desplaza a un lugar a los intermediarios. En especial, a los intermediarios tradicionales. En el mundo del arte, desplaza a un lugar marginal a las galerías de arte. Y ARCO, como casi todas las ferias de artes plásticas, se organiza a partir de las galerías de arte.

Intersección entre IA y blockchain

La intersección entre la inteligencia artificial (IA) y la tecnología blockchain está revolucionando el ámbito artístico, ofreciendo nuevas formas de creación, autenticación y distribución de obras. La IA permite a los artistas generar piezas innovadoras mediante algoritmos que analizan patrones y estilos, mientras que la blockchain garantiza la autenticidad y propiedad de estas creaciones digitales a través de tokens no fungibles (NFTs). Si importante es destacar el protagonismo que en esta relación adquiere la figura del NFT, más relevante aún es resaltar cómo a través de blockchain el artista mantiene el control sobre los intercambios en los que se ve inmersa su obra. Todo intercambio queda registrado.

Más allá del marco productivo-distributivo que inaugura la intersección entre IA y blockchain, hay composiciones artísticas que se han hecho sobre la misma. La británica y muy floreada Anna Ridler presentó en 2019 Bloemenveiling y Cryptobloom, esta segunda en el Espacio de Fundación Telefónica de México. La primera obra consiste en una subasta de tulipanes generados mediante IA en la blockchain, funcionando como una aplicación descentralizada.

Por su parte, la norteamericana Amy Karle ha llevado al formato NFT una serie de obras que intentan reflejar la posibilidad de trascender el estado físico con el estado digital después de la muerte. En The Skull Collection crea imágenes utilizando IA y técnicas generativas. Así, explora la intersección entre biología, tecnología e identidad humana.

Gala Mirissa

En España, si hay un nombre que destaque por encima de todos en el arte de unir IA y blockchain es el de Gala Mirissa, una artista que trabaja en la intersección de ambas tecnologías, explorando nuevas formas de expresión a través de NFTs y arte digital. Su obra ha sido reconocida en eventos internacionales como los WISe.ART Davos Awards 2025, donde recibió el premio Excellence WiseArt NFT por su animación digital «A Journey Through Van Gogh’s Eyes«, exhibida en la Torre Nasdaq en Times Square.

Su exploración artística también se extiende al ámbito literario con la publicación de PAINFUL, un libro que recopila su serie más personal, previamente minteada como NFT, donde plasma el sufrimiento del dolor neuropático y la fibromialgia a través de figuras femeninas que reflejan vulnerabilidad y resistencia. Con su trabajo, Gala Mirissa desafía los límites del arte digital, combinando IA, blockchain y una visión única de la feminidad y el dolor.

Nuestras vidas futuras

En general y para no entrar en una secuencia de nombres, los artistas que realizan sus composiciones sobre la relación entre IA y blockchain suelen estar muy comprometidos con las implicaciones de la tecnología en la humanidad. En la representación de la experiencia de un ser humano en nuestros días y, sobre todo, en el futuro. Recogiendo una secular función del arte, exploran nuestras vidas futuras. Ha de reconocerse que no es fácil, pues exige un replanteamiento de la articulación entre arte y tecnología, que tal vez no se haya dado desde el Renacimiento, donde los artistas tienen conocimientos de informática o trabajan codo con codo con físicos o desarrolladores.

Volviendo al reciente pasado, constatar que el aire que se respiraba en las naves 7 y 9 de IFEMA, donde ARCO tenía lugar, era de satisfacción. Especialmente entre galeristas y artistas. Se comentaba el aumento en la venta de obras. Algo así tenía que ver mucho con ese ambiente. En todo caso, siempre hay un aire de fiesta donde domina la satisfacción por la misma celebración. Satisfacción entre galeristas, artistas y público.

Ya el alcanzar la puerta de entrada a este gran mercado de arte, cuando acudes en vehículo propio y lo dejas en el aparcamiento del recinto, puede vivirse como un logro personal: bajo una intensa lluvia, tras saltar numerosos charcos con voluntad de piscina y larguísimos pasillos. Ruidos de infraestructuras y atmosféricos, superados por el calor de un público que, en gran número durante el fin de semana, también pone su arte en el arte. Un público que seguirá acudiendo a pesar de incomodidades y ausencias, pues siempre hay mucho que fotografiar.

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