Teniendo como fondo su refriega cuerpo a cuerpo con Trump, Elon Musk se ha sumergido también en la industria de las encuestas y la sociología. Como casi siempre que entra en un nuevo campo, lo hace por la puerta grande y con el objetivo de cambiarlo todo. El pasado viernes su empresa xAI anunció una alianza con Polymarket, principal plataforma de mercados de predicción.
Elon Musk, sociología y encuestas
En síntesis, parece tratarse de predecir el futuro de fenómenos y situaciones sociales concretas -resultados de convocatorias electorales, referéndums, asistencia a manifestaciones, etc.- a partir de tres grandes apoyos: el flujo masivo de mensajes que recorre la red social X, el potencial analítico de la IA y la experiencia de Polymarket, para dirigir esa capacidad analítica de la IA y poner en marcha los mercados de apuestas. Es decir, las apuestas aparecen dirigidas a sustituir a las encuestas con cuestionario estandarizado -las mismas preguntas a todos los entrevistados- que tanto dan que hablar cuando fallan, si, sobre todo, el que falla es un centro o instituto financiado públicamente.
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El sondeo deja la encuesta para pasarse al mercado predictivo. Un mercado donde, claro está, los apostantes se juegan su dinero. En las encuestas, los entrevistados responden sin jugarse nada. En este sentido, otra gran diferencia es que, mientras los mercados predictivos tienen su base en comportamientos reales sobre algo que va a pasar, las apuestas sobre tal acontecimiento, las encuestas recogen declaraciones de lo que supuestamente van a hacer las personas entrevistadas con respecto al fenómeno que se quiere predecir. Es decir, son hechos contra palabras.
La sociología de las encuestas
Otro de los elementos diferenciales es que las encuestas preguntan por más circunstancias de la vida social y política del momento. Con las distribuciones de estas respuestas, se intenta realizar correlaciones con el comportamiento colectivo a predecir. Sin embargo, las apuestas se centran exclusivamente en el acontecimiento a predecir. En todo caso, la sociología de las encuestas, que no es toda la sociología, se encuentra ante un reto importante.
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Los defensores de la utilización del mercado de apuestas subrayan la precisión de sus resultados, al estar jugándose la gente su dinero. Teóricamente, no apostamos por lo que les parece mejor -ideológica o políticamente, pongamos- sino por lo que creen que va a pasar. Hay una especie de doble de los actores. Se supone que serán más precisos, dejando sus preferencias políticas o de otro tipo, porque quieren ganar dinero. Lo que importa es lo que creen o van a hacer los otros. No lo que va a hacer un mismo, más allá de la apuesta. Si tal es la concepción teórica, parece que la gente tiende a apostar por sus preferencias, de manera que se aúna lo que se quiere que pasar, con la creencia de lo que va a pasar. Se tiende a creer que la propia posición -idea, partido político, acontecimiento económico, etc.- es la que va a ganar.
Diferencias
Hay más diferencias. Y no son pequeños. Tal vez una de las mayores es que las encuestas se nutren a partir de las respuestas de individuos que son seleccionados de una manera aleatoria o, en función del tipo de diseño muestral, que puede asumirse como aleatoria en lo fundamental. Se intenta una representación de la sociedad, con su diversidad.
En el caso de los mercados de apuestas, hay inicialmente un sesgo a los que conocen estos mercados y, sobre todo, los que disponen de medios económicos para entrar en ellos. Es decir, disponen de dinero para apostar. Con el agravante de que cuanto más dinero se apueste, más se determina el resultado. Es como si, en la encuesta, se pagase por respondedor al cuestionario, de manera que, cuanto más se pagase, mayor número de cuestionarios se respondería.
La sociología nació con las ínfulas de querer predecir el futuro de las sociedades. Fue el francés Auguste Comte el que con tal objetivo la fundó. Después, ese objetivo principal ha quedado atrapado en un conjunto de muy diversos objetivos. No es que dejes la predicción a un lado, sino que quedó focalizada en los grandes estudios de tendencias, del medio y corto plazo, y las estimaciones de voto, de cara a las más próximas convocatorias electorales. Es principalmente aquí donde se jugaba su dimensión aplicada y práctica. Donde los investigadores, pertrechados de buen conocimiento de técnicas estadísticas e intuición empírica, hacían su cocina de la predicción. Unos acertaban y otros, no tanto; aunque saliendo en defensa de la industria demoscópica he de decir que han predominado más los primeros sobre los segundos, aun cuando estos suelen hacer mucho ruido.
Rvolución de la industria demoscópica
Con la extensión de la digitalización y el uso de la IA (inteligencia artificial), se vuelve a poner la predicción del medio plazo y situaciones relativamente localizadas en el centro. Líneas de investigación como el Modelado basado en agentes y los estudios de simulación han dado pasos acelerados en los últimos años. Pero también le ha salido la competencia -o colaboración, según se esté posicionado en el campo de la consultoría- de los mercados de apuestas en la industria de la predicción social.
Centrándonos en la entrada que Musk ha hecho en esta industria demoscópica de la predicción, hay que señalarlo como un potente competidor. Intentará transformar radicalmente esta industria. Pero también puede ser un acicate para los distintos actores de esta industria.
Tal vez, yendo más allá del mercado, Musk está preparando un salto cercano directo a la política. Aunque tan corta como cinco meses, ya tienes experiencia. Ahora es el momento de ir allanando el camino y hacerse con todos los instrumentos necesarios, incluidos los mercados de predicción, para ese salto. Al mismo tiempo, como ha hecho en otros campos, revoluciona la industria demoscópica.

